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El mito de la invencibilidad en Colombia

Abril 7, 2008

Las Farc, en su peor momento en dos décadas; el Eln es un cascarón vacío.
No es un exceso de optimismo afirmar que nos estamos acercando al final de conflicto armado. A la desmovilización colectiva de las Auc se añade el debilitamiento creciente del Eln y de las Farc.

El Eln ya es un cascarón vacío. No dispone de ninguna legitimidad política y hace mucho tiempo dejó de representar una amenaza militar. Sus escasos militantes -que difícilmente pasan de mil hombres en armas- se encuentran dispersos en un territorio inmenso y complejo con una incapacidad absoluta de concentrar fuerzas para asestar golpes de alguna significación estratégica. Sus actuales dirigentes, incapaces de superar las divisiones internas y ciegos ante el momento político favorable para su integración a la vida civil y política, pueden terminar siendo jefes de nadie.

Las Farc viven su peor momento en dos décadas. Tras la séptima Conferencia celebrada en 1982 en la cual le añadieron a su sigla tradicional un significativo ep (Ejército del Pueblo), el crecimiento de las Farc fue impresionante. Mediante la estrategia del desdoblamiento de frentes, fueron copando espacios inmensos en el territorio nacional. Gracias a los recursos del secuestro y el narcotráfico mejoraron sus sistemas de comunicación, su armamento y, ante todo, su capacidad de reclutamiento. En pocos años pasaron de ocho mil a 18 mil combatientes y gracias a sus cambios operacionales les propinaron golpes demoledores a las Fuerzas Armadas.

En la zona de distensión se vivía un clima triunfalista. No solamente habían obligado a las élites a entregarles un territorio del tamaño de Suiza como espacio de encuentro y negociación, sino que las Fuerzas Armadas se hallaban en una desmoralización aguda.

Hace algunos meses, un reconocido empresario que participó en las mesas de diálogo en San Vicente del Caguán me comentó que en ese clima de euforia triunfalista, había una voz pesimista: el ‘Mono Jojoy’. Este consideraba que el Plan Colombia iba a cambiar dramáticamente la situación militar en detrimento de las Farc. Y, una noche le confesó que iban, inevitablemente, a perder la guerra.

Dicho y hecho. El Plan Colombia, cuyo diseño nació de la mente brillante del ministro de Defensa de Andrés Pastrana, Rodrigo Lloreda, y la política de seguridad democrática en las dos administraciones siguientes cambiaron el destino del conflicto. Hoy, las Farc cuentan con menos de ocho mil combatientes, dispersos, incomunicados y viviendo una enorme desmoralización interna. Ante todo, debido a caída de dos miembros del secretario y de decenas y decenas de mandos medios. Se les quebró el “mito de la invencibilidad”.

Algo similar a lo que le ocurriera al Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso tras la captura de su líder, Abimael Guzmán Reynoso. El llamado ‘Presidente Gonzalo’ cayó en manos de la Dirección Nacional contra el Terrorismo (Dincote), dirigida por el entonces coronel de la Policía Nacional, Ketín Vidal, el 12 de septiembre de1992. La caída de Guzmán al lado de su compañera sentimental, Elena Iparraguirre, y otros líderes de SL, como Laura Zambrano, constituyó un baldado de agua fría para la organización terrorista peruana. Esta jamás se repuso. Según los archivos que le hallaron a Guzmán, SL contaba con 23.430 miembros en 1990. Tres años más tarde, solo restaban algunos cientos de combatientes. Sendero Luminoso colapsó.

Se podría argumentar que una cosa era SL, organización maoísta fundada en el culto a la personalidad hacia Guzmán y otra cosa son las Farc, cuyo mando superior tiene mecanismos burocráticos para sustituir a los ausentes, como ocurrió con Jacobo Arenas. Es, sin duda, un argumento fuerte. Pero el lento desangre de las Farc, que en los últimos seis años ha perdido más del 50 por ciento de su fuerza militar y la casi totalidad de sus milicias urbanas, muestra un proceso de desmoronamiento similar.

¿Llegó el momento de reabrir las puertas para un proceso de paz? El día ya no está muy lejano.

* El Tiempo (07 de Abril de 2008)

Un comentario

  1. Negociar no es asunto de imponer por la fuerza lo que no se discute en la mesa de acuerdos…el conflicto desgasta a los actores y a los espectadores-copartícipes del guión..La cosa es, que se pretende llegar fuerte, con grandes conquistas a ceder un poco…Basta de conflicto, basta de desangre, párenle ya a esta mascarada, dejen que nuestros hijos vivan otro cariz de la vida, que no sea ya un guerra insulsa a medio declarar, permitamosles ver la vida con un aire de optimismo.



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