Diversas páginas electrónicas se han convertido en un tipo de confesionario para ‘ciberpecadores’; críticos dicen que es ‘explotación del morbo’
“Dios, perdóname por haber abortado a esos dos bebés”, redactó alguien desde la privacidad de una computadora. “Sostuve relaciones sexuales con mi hermana hace mucho tiempo”, se lee en otro texto sin autor. “Creo que me suicidaré hoy”, advierte uno más.
Violaciones, robos, desórdenes alimenticios, infidelidad, tendencias suicidas, asesinatos o adicciones son parte de los pecados que miles de personas revelan ahora en páginas de la internet; sitios que se han convertido para muchos en los confesionarios de siglo XXI.
“Cuando niña fui abusada física y emocionalmente. He probado todo tipo de drogas, la prostitución. Me diagnosticaron cáncer cervical, dijeron que me quedaban cinco años de vida”, declara otra persona que utilizó esta versión sui géneris del sacramento de la reconciliación.
Sitios como www.mysecret.tv, www.ivescrewedup.com o www.forgivenet.com son reflejo de cómo los avances tecnológicos empiezan a fusionarse con credos religiosos tan antiguos como lo es la Iglesia Católica.
Si bien el Vaticano considera que la absolución de los pecados se puede dar sólo a través de la comunicación directa con un sacerdote, cada día son más los que adoptan este nueva búsqueda del perdón divino.
“Nadie lo sabe, pero me he cortado durante ocho meses con vidrio mis muñecas, tobillos, rodillas, muslos, dedos y estómago”, declaró el 3 de septiembre de 2006 alguien que evadió a un ministro religioso y prefirió escribirlo en un monitor.
La idea de la ciberconfesión, por así llamarla, surgió hace un par de años en una iglesia protestante de este país, con el propósito de limpiar las culpas de millones de “pecadores” que deambulan por la red todos los días.
“Si tú confiesas tus pecados, realmente puedes hacer una gran confesión a Dios, ahí donde estás, en tu computadora. No puedo prometerte nada cuando te confiesas por medio de la computadora, pero puedo prometerte que Dios estará enfrente para darte su perdón”, explica Bobby Gruenewald, vocero de lifechurch.tv, creadores de mysecret.tv.
Los secretos ocultos que nadie se atreve a revelar, las experiencias pasadas o eventos que dejan una nube de vergüenza encuentran en la red de redes un lugar para purificarse y continuar con la vida, indica la página sobre su mística.
Para los católicos no existe la posibilidad de expiar las malas obras a través de la internet, recalcó Jonás Soto, conductor del programa Café con fe, que se transmite por Guadalupe Radio. “No se puede hacer por teléfono y no se puede hacer por carta”.
“Al ver estos web sites, uno ve esa gran necesidad que tiene el hombre de confesarse, de hablar de sus culpas. La gran diferencia es que la gente que hace sus confesiones por la internet no recibe un perdón”, indicó Soto.
La doctrina católica establece que Jesús, el hijo de Dios, dejó únicamente en los sacerdotes el poder de liberar o atar los pecados; de ahí que la curia considere incongruente borrar las faltas por medio de una computadora.
“Es más efectivo cuando sabes que una persona en nombre de Dios te está diciendo: ‘Yo te absuelvo de todos tus pecados y te absuelvo en el nombre del Padre, del Hijo…”. Después de eso, te vas con una tranquilidad plena”, dice el padre Jorge Peñaloza, un ministro con casi 50 años de vida sacerdotal.
Expertos en asuntos religiosos, como Paul Lichterman, señalan que estas páginas electrónicas son reflejo de un “exhibicionismo colectivo” que se está viviendo en medios de Estados Unidos y de la negativa a comprometerse con algún credo en particular.
“Mysecret.tv parece una unión de la religión y la cultura americana, de la ‘exposición’ que vemos sin parar en la televisión. Es para confesar a todo el mundo [tal vez como los visitantes del programa Oprah] o tal vez más como lo que hacen los líderes políticos que nos dicen que han pecado y quisieran conseguir perdón” , menciona Lichterman, profesor de la Universidad del Sur de California (USC).
Desde el punto de vista psicológico, Samuel Martínez, terapeuta especializado en consejería y pastor del Centro Cristiano de Fe, en Azusa, manifiesta que las bondades de estos confesionarios electrónicos radican en que, quienes los utilizan, pueden experimentar un desahogo emocional.
“Cuando confieso de una manera anónima, es más fácil, porque no tienen que enfrentarse a una persona, y cuando confesamos a otros siempre hay el riesgo de que, aunque sea un sacerdote o un ministro, me van a rechazar o me van a poner abajo”.
La característica de estas páginas es que —en la mayoría de los casos— no existen restricciones para leer lo que se ha escrito en ellas.
Para Jonás Soto, el locutor de Guadalupe Radio, esta situación no es más que la “explotación del morbo”, mientras que el terapeuta Martínez lo considera como el “lado oscuro” de la condición humana por enterarse de los asuntos negativos de los demás.
Pero si lo importante es el arrepentimiento a conciencia de cada creyente, dice la Iglesia Metodista Unificada de Montebello, no existe razón para satanizar estas páginas.
“Para mí [la confesión] no tiene que ser verbalmente, también puede ser escrita en una carta. Usted le puede pedir perdón no solamente a Dios, sino a otra persona, a través de un correo electrónico”, indicó Reynaldo Guevara, líder de esa congregación.
Sin embargo, doña Norma Limón, residente de Pico Rivera, dice que en cuestiones de fe prefiere las creencias que le inculcaron sus padres. “[Después de la confesión] me siento en paz conmigo misma”, afirma.
Mientras que María Mancillas, una mujer en silla de ruedas, dice que lo mejor es reconocer las faltas a Dios “en vivo y en directo”.
“Me confieso con el padre y le digo cómo me siento y uno queda tranquila”.
* Isaías Alvarado (La opinion; 06 de abril del 2008)