Archivo de 24/07/08

h1

España con problemas económicos

Julio 24, 2008

La desaceleración es una amenaza contra el empleo en España. El desempleo ya llega a un 10%. Rodríguez Zapatero ha tenido un arranque difícil de su segundo cuatrienio.

“Los españoles podemos darnos con un canto en los dientes si no somos nosotros los que terminamos pasando hambre”.
Con estas palabras, que expresan el creciente pavor que se siente en España por la galopante crisis económica, el columnista José María Carrascal desdeñó, en la célebre sección “La Tercera” del ABC de Madrid, las elocuentes y dramáticas declaraciones del presidente José Luis Rodríguez Zapatero, quien se pronunció con fuerza sobre la situación de hambre en África, e hizo un emotivo y severo llamado a los países desarrollados para que contribuyan a su erradicación.

La frase de Carrascal es reflejo del estado de ánimo que hoy se respira en España: mientras la crisis económica empieza a hacer sentir sus efectos, y todos los pronósticos indican que empeorará, el Presidente del Gobierno tiene su mente puesta en otros asuntos, y se niega a reconocer la gravedad de la situación.

A muchos les resulta difícil entender de qué manera un gobierno que se muestra confundido y vacilante ante los drásticos problemas de su propio país, puede prometer que España será líder global en la lucha contra el hambre. Como “ignorancia enciclopédica” y “demagogia mitinera” califica el ya citado columnista esta actitud.

Razones para preocuparse

No se equivocan quienes creen que en España deben sonar las alarmas, y que el primer efecto de estas debe ser el de despertar al presidente Zapatero. Hace un par de semanas, cuando el Fondo Monetario Internacional anunció la revisión de sus proyecciones económicas para los años 2008 y 2009, España llevó la peor parte.

Para el organismo multilateral, España alcanzará en 2008 una exigua cifra de crecimiento del 1,8 por ciento. Pero las cosas empeorarán en 2009, cuando el crecimiento alcanzará si acaso un valor porcentual de 1,2. Esto último significa una reducción de 0,5 por ciento con respecto a los pronósticos que el FMI había divulgado en abril de este año: la más grande reducción en todo el ejercicio de actualización de proyecciones recién concluido.

Estas noticias, de por sí malas, resultan amargas si se miran en su contexto. Aunque el FMI sigue sosteniendo que la situación de la economía mundial es difícil, que la desaceleración en el crecimiento continuará, que las preocupaciones inflacionarias no se desvanecerán, y que es improbable que los precios de los alimentos y el petróleo cedan significativamente, también es cierto que la revisión de las proyecciones implicó una mejoría más o menos general, que resulta al menos reconfortante. Pero de tal mejoría no participa España.

En efecto, mientras disminuía sus pronósticos para España, el FMI los elevó para Estados Unidos, para la Eurozona, para Francia, Alemania e Italia, y en menor medida para el Reino Unido y las economías emergentes. La estimación para el crecimiento global también aumentó.

Y las malas noticias no dan tregua, pues el crecimiento económico no es la única variable que presenta deterioro. La tasa de desempleo, que hace un año y medio se situaba cerca del 8 por ciento, ya prácticamente ha tocado el 10 por ciento, y exhibe una pronunciada pendiente de ascenso. Además, los indicadores de incumplimiento en el crédito bancario vienen ascendiendo: en el mes de mayo se reportó un aumento de un 13 por ciento en el volumen de créditos dudosos. La tasa total de morosidad se duplicó en un año. Peor aun, el ascenso de esta tasa ya no se debe únicamente a la crisis hipotecaria, sino que responde también a una creciente incapacidad de pago en el sector empresarial.

Como puede apreciarse, una mirada completa a este panorama bastaría para quitarle el sueño al gobernante más parsimonioso.

Arriba el optimismo

Sin embargo, no parece ser eso lo que ha sucedido en el caso del presidente Zapatero. En contra de lo que indican las cifras, y en contravía del sentimiento que prevalece entre la población, el Presidente del Gobierno español se ha negado de manera repetida a admitir que hay una situación económica grave.

A principios del presente año, a medida que se acumulaban más y más noticias negativas sobre la economía española, crecían los reclamos para que el Gobierno reconociese públicamente la gravedad de la situación. Al igual que Pangloss, el célebre personaje de la novela Cándido de Voltaire, quien tras sufrir numerosas tragedias, heridas, terremotos y desastres, seguía aferrado a su creencia de que este es “el mejor de los mundos posibles”, el presidente Zapatero insistía en el optimismo, y rechazaba todos los reclamos para que a tan grave estado de cosas se le llamara por su nombre.

En efecto, el Presidente evitaba de todas las maneras posibles el uso de la palabra “crisis”. Pero las advertencias seguían llegando desde todas las esquinas del análisis y la opinión, incluso las foráneas. The Economist, en un análisis sobre la situación española, anotó que “Para nada ayuda el que el Gobierno siga negando que se enfrenta a una crisis” (julio 5). Pareció extraño a los analistas de la revista inglesa el que la cuestión, en vez de tratarse como un asunto económico, se abordase como problema lexicográfico.

Todo esto llevó a un intenso debate en el Congreso de los Diputados, en el cual Mariano Rajoy, líder del opositor Partido Popular, ofreció el apoyo de su partido, siempre y cuando el Gobierno admitiese la gravedad de la crisis. Finalmente, en una entrevista en Antena 3, Zapatero pronunció por primera vez la esquiva palabra. Cosa que, por sí sola, no ha tranquilizado a la opinión. Días después, el 18 de julio, El País insistía en su editorial que “el Gobierno evita un diagnóstico realista”. También se ha acusado a Zapatero por insinuar que, aunque haya una grave situación, nadie sufrirá por ella, solo porque su gobierno es socialista.

Y tal molestia no es injustificada, pues, por válidas que sean ciertas medidas de protección social en tiempos de crisis, su aplicación por sí misma no ayuda a conjurar las causas que la han generado, ni exime a los gobiernos de poner en orden las cuentas y corregir los desequilibrios. No en vano, el Partido Popular, tras superar dificultades internas, ha empezado a ascender en las encuestas, e incluso a superar al PSOE en algunas de ellas.

Por Andrés Mejía Vergnaud
Director del Instituto Libertad y Progreso

h1

Izquierda radical o “populista” no marcha bien en Latinoamérica

Julio 24, 2008

La izquierda radical o “populista” no marcha bien en Latinoamérica. Eso es lo que se puede extraer de la última encuesta del Iberobarómetro, conocido por CAMBIO. El estudio concluye, por ejemplo, que los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Evo Morales, de Bolivia, gozan de muy poca simpatía entre los latinoamericanos, quienes les estarían cobrando sus posturas extremas. Ambos mandatarios, al igual que el nicaragüense Daniel Ortega, presentan caídas muy agudas en los niveles de aceptación en sus respectivos países.

En contraste, líderes de la llamada “izquierda democrática”, como Brasil y Chile, sobresalen en los niveles de aceptación en la región. Mientras Álvaro Uribe, quien tiene una aceptación interna que supera el 82 por ciento, convirtiéndose en el presidente más popular de los últimos años, aún sigue sin poder expandir su buena imagen al resto de los países latinoamericanos.

El estudio, realizado por el Consorcio Iberoamericano de Investigaciones de Mercados y Asesoramiento (CIMA), entrevistó a 12.401 personas en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Estados Unidos (latinos), El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Portugal, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y Uruguay.

El Iberobarómetro, además, marca algunas tendencias interesantes en otras áreas. Por ejemplo, Latinoamérica es la región del mundo en donde el porcentaje de quienes consideran que están gobernados por la voluntad del pueblo (41 por ciento), supera a otras, como Europa occidental y África, donde el 38 y 34 por ciento, respectivamente, piensan de esa manera. También se resalta que los latinoamericanos tienen una percepción favorable acerca de los procesos electorales. Hace dos años solo el 34 por ciento pensaba que las elecciones eran justas y limpias, mientras que en 2007 la proporción subió a un 46 por ciento. Así mismo, es alto el porcentaje -un 80 por ciento- de latinoamericanos que cree en la democracia como sistema de gobierno.

Sin embargo, y a pesar de lo anterior, tanto el Congreso como los partidos políticos, pilares de ese sistema, no salen bien librados. Solo el 24 por ciento de los ciudadanos confía en el Congreso de su país y el 14 por ciento tiene seguridad en los partidos políticos.

En el estudio son las instituciones civiles las que cuentan con mayor prestigio, destacándose la Iglesia y la educación, con el 64 y 61 por ciento, seguidos de los noticieros con 55 por ciento y la prensa con 48 por ciento. Llama también la atención el hecho de que en lo que tiene que ver con los actores e instituciones internacionales que pueden ayudar en situación de crisis a sostener la gobernabilidad, los latinoamericanos se sienten más cerca a China y Europa que a EE.UU. La Unión Europea logra una aprobación del 48 por ciento y China un 41 por ciento, mientras que la imagen de Estados Unidos solo es aprobada por el 34 por ciento.

Las instituciones internacionales que sobresalen son Naciones Unidas, respaldadas por el 57 por ciento; Mercosur, con el 44 por ciento, y la OEA, con un 40 por ciento de aceptación. (ver gráfico)

Terrorismo, desempleo y corrupción

En cuanto a los problemas graves de la región, el terrorismo ocupa lugares importantes especialmente en Colombia y España con un 27 y un 30 por ciento, respectivamente, estando por encima de la inseguridad, el desempleo y la corrupción, que se califican como los más preocupantes en el resto de los países medidos. Y aunque en todos se han implementado programas para combatirlos, es solo en Panamá, Colombia y Argentina en donde sus nacionales aprueban en más de un 50 por ciento las gestiones de sus presidentes al respecto. Después de España y El Salvador, que presentan porcentajes de entre 30 y 50 por ciento, los demás están por debajo del 30 por ciento.

El tema de la economía y el desempleo sigue siendo una de las inquietudes de los latinoamericanos. Se resaltan El Salvador, en el que el 55 por ciento de ciudadanos lo califican como el más grave, y el de los hispanos en Estados Unidos, en donde el 50 por ciento lo ve alarmante.

En 17 de los 21 países estudiados, la gestión de los presidentes frente a este tema no alcanza en ninguno más del 30 por ciento. Tal vez por eso la medición del estado de ánimo de los latinoamericanos, que se relaciona directamente con la situación económica, ha bajado tres puntos desde al año pasado. En 2007, el 74 por ciento de los ciudadanos consideraba que la situación se quedaría igual o mejoraría. Este año la cifra es de 71 por ciento y se debe, según el informe, a la desaceleración en Estados Unidos por el alza del petróleo, los créditos hipotecarios y el temor a la crisis financiera.

En cuanto a la corrupción, según el estudio, el manejo de los presidentes ha mejorado, destacándose el caso de Panamá, en donde el 81 por ciento de sus ciudadanos está satisfecho con el desempeño de su presidente. Lo sigue Argentina con el 62 por ciento, Colombia con el 57 por ciento y Uruguay con el 52 por ciento. Sin embargo, aún falta más por hacer, ya que en los otros 15 países (incluyendo Puerto Rico, así como los hispanos en Estados Unidos), más del 50 por ciento de la población considera que el manejo que su gobernante le da al problema es malo o muy malo.

Calificación presidencial

En lo que tiene que ver con la calificación de los presidentes se destaca el caso de Hugo Chávez, quien según las cifras del barómetro ha perdido mucho respaldo en los últimos meses. En la actualidad, solo el 26 por ciento de los latinoamericanos lo ve con buenos ojos, casi los mismos niveles que tiene Bush, quien ocupa el penúltimo lugar entre todos los mandatarios evaluados. (ver gráfico)

Como era previsible, es en Colombia, Estados Unidos y México donde tiene menos admiradores, con tan solo el 15 por ciento en cada uno de estos países. Lo curioso es que ni siquiera levanta cabeza en países dirigidos por gobiernos de la llamada “izquierda radical o populista”, pues en Bolivia, Ecuador y Nicaragua no supera ni el 35 por ciento, mientras que en los gobernantes “moderados”, como Brasil y Chile, están por debajo del 30 por ciento.

Internamente a Chávez tampoco le va bien, pues de acuerdo con el barómetro, entre abril de 2005 y mayo de 2008, la aprobación de su gestión entre los venezolanos cayó 10 puntos, del 57 al 47 por ciento. Chávez obtiene sus peores registros en temas como el desempleo, la lucha contra el terrorismo y la corrupción, donde cuatro de cada cinco venezolanos desaprueban su gestión.

A Evo Morales, socio político de Chávez, tampoco le va muy bien. En el sondeo, el 31 por ciento de los hispanoamericanos lo ve con buenos ojos y en ningún país se acerca al 50 por ciento. En Venezuela, por ejemplo, tan solo obtuvo el 37 por ciento de aprobación.

Pero lo más grave para Morales son sus números internos, ya que entre marzo de 2006 y mayo de 2008 la aprobación de su gestión se desplomó casi 30 puntos al pasar del 61 al 35 por ciento, siendo sus puntos más débiles el manejo de la economía y el desempleo. Es evidente, además, que la pelea con las regiones por los referendos de autonomía y la reforma constitucional que propuso, han menguado su popularidad, pues la caída más grande se ve entre junio de 2007 y mayo de 2008, cuando perdió 14 puntos porcentuales.

La encuesta no presenta muchas estadísticas sobre la gestión de Daniel Ortega en Nicaragua y Rafael Correa en Ecuador, quizá porque ambos llevaban un poco más de un año en el poder al momento de realizar las mediciones. Pero, al menos en el caso de Ortega, el Iberobarómetro muestra que únicamente un 29 por ciento de sus conciudadanos ve con buenos ojos su gestión. En cuanto a Correa la encuesta lo ubica en el quinto lugar, entre los 20 líderes evaluados, con un 56 por ciento, pero cuando llegó a la Presidencia, en diciembre de 2006, sus números superaban el 60 por ciento.

Pero así como es marcada la antipatía en la región contra los “radicales”, es acentuada la popularidad de la izquierda democrática que representan Luis Inacio “Lula” da Silva en Brasil y Michel Bachellet en Chile. ‘Lula’ ocupa el primer lugar entre las preferencias con casi el 54 por ciento, y en 10 países de los 20 en los que se preguntó (Colombia, Portugal, México, Venezuela, España, Chile, Bolivia, Ecuador, Argentina y Uruguay) su margen supera el 50 por ciento. Internamente, también aparece bien posicionado con el 51 por ciento de aprobación, su mejor marca desde agosto de 2003, cuando apenas registraba el 35 por ciento. De hecho, la tendencia de ‘Lula’ en los últimos cinco años ha sido de ascenso.

El caso de Bachellet es un poco diferente. Tiene, relativamente, buena imagen entre los latinoamericanos (45,9 por ciento) pero anda de capa caída en su país. Del 71 por ciento de aprobación en 2006 ha caído al 26 por ciento.

Uribe y Bush

Curiosamente Álvaro Uribe no tiene en el exterior el mismo respaldo que recibe por parte de los colombianos. En efecto, mucho menos de la mitad de los encuestados ¿el 41,8 por ciento¿ simpatiza con el mandatario y solo en un país, Paraguay, su aceptación supera la media tabla. Ni siquiera en E.U. supera el 50 por ciento, pues alcanza el 49,4.

También es claro, según la encuesta, dónde Uribe tiene sus mayores detractores. En Argentina y Ecuador solo uno de cada cuatro ciudadanos lo respalda, mientras en Brasil y Nicaragua está por debajo del 33 por ciento. La excepción ¿muy notoria¿ es Venezuela, donde el 47,7 por ciento lo tiene en buena estima y va en contraste con los números que Chávez registra en Colombia, donde solo el 15 por ciento lo apoya.

El Barómetro también confirma que Uribe continúa en romance con los colombianos, pues un 78 por ciento aprueba su gestión (la encuesta fue realizada antes de la Operación Jaque). El desempleo es el área que más le critican a Uribe, una constante desde enero de 2003, cuando el barómetro hizo la primera medición. (ver gráfico)

En lo que tiene que ver con George Bush, su popularidad en Latinoamérica siguió por el piso. De hecho, de los evaluados fue el peor calificado con el 23,9 por ciento de simpatías. Su fuerte, y en eso no hay muchas sorpresas, estuvo en Colombia, donde el 56 por ciento se mostró favorable.

Entre los hispanos de EE.UU. el 46,2 por ciento dijo simpatizar con su persona pero, a la hora de evaluar su gestión, los estadounidenses le dieron las peores marcas: únicamente un 13 por ciento dijo aprobarla, y de los 11 indicadores presentados solo en educación tuvo números por encima del 50 por ciento. De resto, y en temas como el desempleo, la economía, la corrupción y las relaciones internacionales, no pudo superar ni el 20 por ciento.

* CAMBIO (Julio 23 del 2008)