EGIPTO REVOLUCION FEMENINA FV: 4’34

EGIPTO REVOLUCION FEMENINA FV: 4’34

De España a Grecia, de Israel a Los Estados Unidos, centenas de miles de personas han salido a la calle en los últimos meses para denunciar unidos la sujeción de la política a la economía y reivindicar una democracia real.

swissinfo.ch conversa con el antropólogo Fabrizio Sabelli, experto del desarrollo social y económico, está al lado de los indignados en Roma.
Quieren una casa, un trabajo, un futuro. Una democracia auténtica, un cambio global. De Asia a Europa y justo en el Wall Street, los indignados dice “basta” a la corrupción y al clientelismo, a una política sometida por la elite financiera que rige el mundo. Su denuncia la hacen ocupando las calles pacífica, pero prolongadamente.
El 15 de octubre, su grito de reclamo se alzó en 400 plazas de diversos países, con la bandera de los desafíos sociales a librar. Sin color político, ni líder, sino una única voz: “Es hora de unirnos. Es hora de que se nos escuche. El futuro está en nuestras manos”.
En Suiza los indignados invitan a ocupar las plazas de Ginebra, Basilea y Zúrich, para protestar contra el gran poder –demasiado- del sector financiero. El antropólogo italiano Fabrizio Sabelli, quien fue docente durante años del Instituto Universitario de Estudios del Desarrollo (IUED) de Ginebra y de las Universidades de Neuchâtel y Lugano, también en Suiza.
swissinfo.ch: Indignados y enojados, centenares de miles de jóvenes ocupan las plazas del mundo entero. ¿Qué se esconde tras este malestar?
Fabrizio Sabelli: Más allá de las especificidades locales, lo que anima a estos jóvenes –o por decirlo de mejor joven, estos jóvenes de espíritu- es un deseo simple y estético: aquel de una mejor justicia social. Hace ya unos años que está demanda está en el aire, pero sobre todo en los últimos meses se ha desarrollado una toma de consciencia colectiva y la indignación se ha traducido en palabras.
En 2008, cuando ocurrió la primera crisis financiera, se pensaba que el orden económico mundial podría ser invertido. En realidad poco o nada cambió. Así, las situaciones de injusticia y de explotación social se han multiplicado. La indignación aumentó así a la par del descubrimiento de la necesidad de una economía real y la gravedad de los problemas concretos de la gente como el desempleo y la falta de alojamiento, esa carencia de sitios para vivir dignamente.
En Europa y en EE.UU. la rabia explotó cuando los jóvenes se dieron cuenta de los miles de millones de euros que fueron dirigidos para salvar los bancos en crisis, dinero del presupuestos estatal, o dicho de otro modo: dinero de los contribuyentes. Y al mismo tiempo las ayudas financieras de los servicios sociales dirigidas al ciudadano de a pie en dificultad, se han visto drásticamente reducidas.
swissinfo.ch: Los jóvenes reivindican más poder para el pueblo y menos para la economía. ¿Estamos frente a una forma moderna de lucha de clases?
F.S.: No hablaría en este caso de lucha de clase, sino de contradicciones internas inherentes al capitalismo, para usar una terminología marxista. El capitalismo está muriendo por su propia incoherencia, porque no logra resolver los problemas que ha creado.
Creo que estos modos de indignación pueden efectivamente acelerar el proceso de decadencia del capitalismo, pero no tienen la fuerza de poner en cuestión todo el sistema económico actual. El sistema se está autodestruyendo simplemente porque se ha convertido en un inmenso casino, donde en una gran sala planetaria la gente se dedica a las apuestas, en lugar de a producir.
swissinfo.ch: No solo el sistema económico está señalado con el dedo, sino también el político. Los manifestantes hablan de corrupción, clientelismo e incapacidad para responder a las necesidades reales del pueblo. ¿Un mal a punto de devorar las democracias occidentales?
F.S.: El aparato político no responde más al mandato ciudadano otorgado con a través del voto democrático, sino que se ha vuelto autónomo para procurar sus intereses propios, aquellos de los grupos en el poder. Es lo que ha ocurrido en EE.UU con los lobbies políticos en el Congreso, o en Italia donde el control de los medios y de la publicidad ha logrado que Berlusconi pudiera acceder al poder con más de 25% de votos. Absurdo en un país democrático.
Las decisiones no se prenden más en función a un programa político, sino dependen de mecanismo de poder mucho más similares a aquellos de la mafia. Los grupos de presión determinan las decisiones, en sustitución de la ciudadanía, protegiendo los intereses de los más fuertes. Y esta sujeción de la política a la economía y al lobby del poder ha desilusionado a los jóvenes.
swissinfo.ch: Los indignados no tienen ni líder ni bandera política. ¿Lograrán así transformar sus pretensiones en acciones políticas? Y si es el caso, ¿en qué forma?
F.S.: Para muchos analistas justo esa ausencia de un líder o una identificación con una agrupación tradicional representa un punto débil de este movimiento de protesta. Por el contrario, yo estoy convencido que allí radica su fuerza y originalidad. En este momento es necesario denunciar el sistema y sus contradicciones, impulsar al pueblo a una toma de conciencia colectiva y a las instituciones políticas a una renovación. Después vendrá el tiempo de programas, burocracia, jefes…
El movimiento está aún desarticulado, pero al mismo tiempo es coherente. Se trata más bien de una presión popular en vez de una organización popular. No es una guerra entre los viejos partidos y los nuevos movimientos, aunque queda claro que en el futuro será necesario encontrar un líder capaz de guiar a estos jóvenes, pero aún hay tiempo para ello.
swissinfo.ch: Este 15 de octubre por primera vez los indignados aparecen en Suiza. ¿Cuál puede ser el espacio que este movimiento tome en este país?
F.S.: Hay que aceptar que a diferencia de otros países, Suiza sigue siendo aún una pequeña isla feliz. Pero justo por ello los movimientos de protesta podrían tener un fuerte impacto y sacudir esta calma aparente. Y evidentemente, en Suiza la causa de las protestas son menos fuertes puesto que hay más justicia social y más riqueza.
Por tanto, a lo largo de los últimos años está creciendo un cierto descontento por las presiones que el sistema bancario continúa ejerciendo sobre la política. Y en ese marco, Suiza se enlaza a este movimiento de los indignados, sobre todo a aquel de los EE.UU. En Suiza también la política está en manos de las finanzas y los que la representan deciden la atribución de la riqueza y, por ende, decide indirectamente sobre el bienestar o el sufrimiento de la gente en general.
Por Stefania Summermatter, swissinfo.ch /Traducción: Patricia Islas (13 de octubre de 2011)
Nota adicional:
INDIGNADOS EN EL MUNDO
15 de mayo de 2011: Al menos 20.000 personas “sin techo, sin trabajo, sin retiro y sin miedo” manifestaron su indignación en varias ciudades españolas. En Madrid, al caer el sol, los indignados ocuparon la plaza de la Puerta del Sol hasta el 22 de mayo, día de elecciones regionales.
Así nació el movimiento 15-M, o de los indignados, del libro ‘Indígnese’ del militante político francés Stéphan Hessel.
En las semanas subsecuentes cientos de miles de jóvenes se unieron para realizar protestas callejeras en Berlín, Bruselas, Londres, París, Atenas y Tel-Aviv.
A finales de septiembre, el movimiento cruzó el Atlántico y tocó a Los Estados Unidos. En Nueva York, un grupo de jóvenes ocupó el Zuccoti Park (rebautizado bajo el nombre de Libery Plaza), a pocos pasos de Wall Streett. Su moto: ‘Seamos el 99%’. Los indignados pronto se multiplicaron en las principales ciudades de ese país.
Los indignados no se reconocen en ningún movimiento político tradicional. Sus reivindicaciones son apoyadas por diversos partidos de izquierda, intelectuales, políticos y economistas, entr ellos, el Nobel Joseph Stiglitz, ex jefe del Banco Mundial, y Paul Krugman.
Este 15 de octubre, los indignados de todo el mundo saldrán a las calles para exigir un cambio global y una democracia auténtica. En Suiza, los llamados a manifestarse se han realizado en Zúrich, Ginebra y Basilea.
FABRIZIO SABELLI
Nació en Roma, es jurista, antropólogo, escritor y animador cultural. Es experto en desarrollo social y económico, antropología de la comunicación y sociología laboral.Vivió algunos años en Ginebra y ha publicado diversos libros, entre ellos: ‘A la espera de trabajo’ (2000) y ‘Créditos sin fronteras’ (1994, con George Susan)..

Toda sociedad se aferra a un mito y vive por él. El nuestro es el del crecimiento económico. Las últimas cinco décadas la persecución del crecimiento ha sido el más importante de los objetivos políticos en el mundo. La economía global tiene cinco veces el tamaño de hace medio siglo. Si continúa creciendo al mismo ritmo, será 80 veces en el año 2100.
Este extraordinario salto de la actividad económica global no tiene precedentes en la historia. Y es algo que no puede estar más en desacuerdo con la base de recursos finitos y frágil equilibrio ecológico del que depende para su supervivencia. Y ya ha venido acompañado de una degradación estimada de un 60% de los ecosistemas del mundo.
La mayor parte del tiempo, evitamos la realidad de estos números. El crecimiento debe continuar, insistimos. “¡Acumulad!, ¡acumulad!, es lo que dicen Moisés y todos los profetas”, como dijo Karl Marx.
Y no sólo por el bien de los países más pobres, donde (lo sabe el cielo) es desesperadamente urgente una calidad de vida mejor, sino en el opulento Occidente, donde el consumismo rampante amenaza el tejido de nuestra sociedad.
Las razones por esta ceguera colectiva son fáciles de encontrar. El capitalismo occidental se basa de forma estructural en el crecimiento para su estabilidad. Cuando la expansión se tambalea, como ha pasado recientemente, los políticos entran en pánico.
Los negocios batallan por sobrevivir. La gente pierde sus trabajos y en ocasiones sus viviendas. La espiral de la recesión es una amenaza. Cuestionar el crecimiento se toma como un acto de lunáticos, idealistas y revolucionarios.
Ahora, cuestionarlo es un deber. El mito del crecimiento infinito ha fracasado, ha fracasado para 2.000 millones de personas que viven con menos de US$2 al día. Ha fracasado para el frágil sistema ecológico de cuya supervivencia depende. Ha fracasado, espectacularmente, en sus propios términos, para proveer estabilidad económica y asegurar la vida de las personas. La prosperidad para unos pocos, basada en la destrucción medioambiental y la persistente injusticia social, no es fundamento para una sociedad civilizada.
Crisis es oportunidad
Pero la crisis económica se nos presenta como una oportunidad única para invertir en el cambio, barrer las creencias en el beneficio a corto plazo que fueron una plaga durante décadas. Y para el compromiso, por ejemplo, en una reforma radical de las disfuncionales instituciones de los mercados de capitales.
La especulación sin trabas en materias primas y derivados financieros llevaron al mundo financiero al filo del colapso hace tres años. Es necesario que sea remplazado por un mas duradero y lento sentido de las finanzas: inversión sólida en activos productivos, en tecnologías limpias de bajas emisiones de carbono, en salud y educación, en viviendas de calidad y en sistema de transporte eficientes, en espacios públicos abiertos. Es decir, inversión en el futuro de las comunidades.
El empresariado también debe ser revisado. Obtener beneficios a expensas de los contribuyentes es inmoral. La mano invisible del mercado debe ser domesticada y puesta al servicio del pueblo. Los ejecutivos más previsores de las empresas más visionarias ya entienden estas demandas. La empresa social está comenzando a prosperar en la economía post-crisis.
Arreglar la economía es sólo parte de la batalla. También tenemos que confrontar la lógica del consumismo. Los días de gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para impresionar a personas que no nos importan deben terminar. Vivir bien es buena nutrición, un hogar decente, buenos servicios públicos, comunidad estable y un empleo satisfactorio.
La prosperidad, en todos los sentidos de la palabra, trasciende las preocupaciones materiales, reside en el amor de nuestras familias, el apoyo de nuestros amigos y la fuerza de nuestras comunidades, en nuestra capacidad para participar en la vida en sociedad, en tener un propósito para darle sentido a la vida. El desafío para nuestra sociedad es crear las condiciones para que hacer esto posible.
* Autor: Tim Jackson (Universidad de Surrey) Especial para la BBC
Última actualización: Jueves, 29 de septiembre de 2011

Si respondes las 10 preguntas a continuación. Entonces, ganarás 700 billones de dolares en USA ó setecientos mil millones de dólares, en el resto del mundo.
Este monto que puedes ganar está asegurado por los incorruptibles, honestos y solidarios ejecutivos de las más grandes financieras del mundo que están en USA. Además de los queridos agentes de bolsa y generosos “científicos financieros” de la Bolsa de valores en Wall Street.
Veamos las preguntas:
1. ¿Cuál es la superpotencia económica-militar más querida del mundo?
2. ¿Cuál es el país más cristiano y bendecido por Dios, que trata de forma “amorosa y justa” a sus inmigrantes, sobretodo a los hispanos?
3. ¿Cuál es el país que compra y consume más droga en el mundo; pero considera que los únicos culpables son los países pobres de Latinoamérica?
4. ¿Por qué ganan tan poco los ejecutivos y banqueros en USA? (Se pueden morir de hambre)
5. ¿Por qué son durísimos en juzgar a los pequeños estafadores en USA; sin embargo a los billonarios los perdonan y hasta les prestan dinero?
6. ¿Por qué acusan a los países hispanos de ser los más corruptos –lo cual por cierto es algo que se debe corregir. Pero, el total de la corrupción hispana no llega al 1% de lo que estafan en USA, ni influye al resto del mundo como si lo hace USA?
7. ¿Por qué muchas personas del pueblo consideran que ser millonario es sinónimo de éxito y felicidad en esta vida; y desean imitarlos. Incluso, aceptan ser despreciados, abusados y humillados por esos millonarios?
8. ¿Por qué el mundo se deja engañar o perdonan mentiras enormes como “los mísiles nucleares en Irak”, para permitir la invasión y destrozo humano y material de dicho país?
9. ¿Por qué las personas honestas y trabajadoras, de clase media y pobres, tienen miedo de protestar en USA?
10. ¿Para que sirven los libros y cursos de finanzas si al final, las bolsas de valores de alcance mundial, son manejadas por millonarios y poderosos del mundo que hacen lo que se les dá la gana?
Hasta siempre.
CARLOS Tigre sin Tiempo (CTsT)

Debido al incumplimiento de un bono en dinero (Bonus army), ofrecido por el gobierno USA a sus veteranos de guerra, que combatieron en la primera guerra mundial (WWI).
Por dicha razón se realizó una histórica marcha de protesta y reclamo de parte de miles de ex-soldados de guerra norteamericanos.
Las marchas se dirigieron a Washington en los años de 1932. En esos años USA vivía en una terrible situación económica y el desempleo era del orden del 25%
Para permanecer en Washington tuvieron que hacer viviendas precarias donde permanecer (como pueden ver en las fotos), hasta que fueron desalojados por la fuerza. Vean las fotos abajo:
Periodistas y escritores de esa época –como John Dos passos- cuando visitaban a los veteranos. Era triste observar y expresar como vivían y dormían en el suelo, sobre viejos periódicos o cajas de cartón, entre otros objetos descartables que utilizaban en sus precarias viviendas.
El presidente Hoover, junto con el general MacArthur, decidieron desalojar el campamento de los veteranos y que regresen a sus estados o ciudades de origen. Asimismo no les pagaron el bono o dinero prometido, ni los ayudaron a conseguir algún trabajo digno.
Previos enfrentamientos, con la policía, habían cobrado algunos muertos y heridos, por parte de los veteranos de guerra. Algunos habían desistido y regresado a sus casas, con sus familias.
El general MacArthur ordenó desocupar por la fuerza a los 8000 veteranos que todavía permanecían reclamando sus derechos.
El acto de desalojo fue muy violento y fue narrado en directo por radios. La lucha fue desigual. El General MacArthur para reforzar a los policias usó a fuerzas especiales del ejercito norteamericano (1932), además de 200 oficiales de caballería con sable en mano, 5 tanques y 300 infantes armados con trajes blindados. Por el otro lado los veteranos de guerra no tenían armas, salvo palos y piedras.
Al final con saldo sangriento, donde se ocultaron fotos y cifras, los veteranos de guerra fueron desalojados y sus precarias viviendas destruidas y quemadas.
Posteriormente el general MacArthur fue condenado por gran parte del pueblo USA que estuvo al tanto de esta situación y en más de alguna reunión pública él y el presidente Hoover, fueron abucheados.
Hasta siempre.
CTsT
NOTA: La mayoría de datos fueron obtenidos de la Revista Smithsonian, febrero 2003