Archivos de la categoría ‘OIEA = Organismo Internacional de Energía Atómica’

h1

Ataque israelí a Irán no es tan sencillo como parece

febrero 22, 2012

Pese a la especulación mediática sobre un ataque israelí contra las instalaciones nucleares de Irán en la próxima primavera boreal, hay un considerable escepticismo sobre el éxito de semejante campaña.

El dicho “perro que ladra no muerde” podría aplicarse a Israel. Este país no puede esperar otro golpe como el de 1981, cuando un ataque aéreo le permitió destruir el reactor Osirak en Al-Tuwaythah, al sur de Bagdad. 

Irán está advertido de la capacidad de Israel y de la precisión de las municiones con que cuenta, de fabricación estadounidense. El programa nuclear iraní se encuentra disperso entre 12 y 20 sitios diferentes en un extenso territorio, en instalaciones construidas para resistir ataques y protegidas por modernos sistemas rusos de defensa antiaérea. 

Se cree que el elemento más crítico del programa iraní se encuentra en Natanz, en el centro-oeste de ese país. El corazón de esa estructura es el área centrifugadora, situada en una sólida construcción subterránea. 

Incluso si Israel limita sus objetivos, debería bombardear otros lugares además de Natanz. Por ejemplo, la nueva planta de enriquecimiento de combustible nuclear de Fordow, cerca de la ciudad noroccidental de Qom, adonde los iraníes han llevado 3,5 por ciento del uranio enriquecido de Natanz, construida dentro de la ladera de una montaña y muy fortificada. 

Hay también una planta de conversión de uranio en Isfahan, ciudad del centro-oeste, una central de agua pesada que se está construyendo en la occidental ciudad de Arak y fábricas de centrifugadoras en las afueras de Teherán. 

En línea recta, Natanz está a 1.609 kilómetros de Israel. Puesto que los dos países no comparten fronteras, los cazas o misiles israelíes deben sobrevolar espacio aéreo extranjero, y quizás hostil, antes de llegar a su objetivo. 

El método menos riesgoso de atacar Natanz es con misiles balísticos de medio alcance, como los Jericó II o III. Pero, para recorrer esa distancia, los misiles deben cargarse con ojivas de peso limitado y es dudoso que estas tengan el poder de penetrar lo suficientemente hondo bajo tierra para lograr el grado de destrucción que se busca. 

Un operativo de la fuerza aérea, con cazabombarderos estadounidenses, es la opción más probable. Los israelíes cuentan con 25 aviones F-15I y con unos 100 jets F-16I. 

Los F-15I pueden transportar hasta cuatro toneladas de combustible, que les permiten volar unos 4.450 kilómetros. Y si repostan en el aire, el alcance es mayor. Estos cazas pueden llevar una amplia variedad de armamento, como misiles, explosivos teledirigidos y bombas de caída libre. En total, transporta unas 10 toneladas de municiones. 

El F-16I tiene una autonomía de vuelo que permitiría a las fuerzas israelíes atacar algunos objetivos dentro de Irán sin necesidad de repostar combustible. 

Si la opción es aérea, la pregunta es cómo llegarán los cazas desde sus bases en Israel a objetivos situados muy adentro del territorio iraní. 

Podrían volar sobre Arabia Saudita o Iraq, e incluso sobre Jordania. Cualquiera de esas rutas tiene una extensión de 1.931 kilómetros. 

Sobrevolar territorio de Arabia Saudita requiere partir desde el sur de Israel, ingresar al espacio aéreo saudita desde el golfo de Aqaba o desde Jordania, volar 1.287 kilómetros hasta el Golfo y luego otros 483 kilómetros en cielos iraníes. 

Los aviones serían detectados por los sauditas. No está claro si sus fuerzas podrían, o querrían, detenerlos. Si es real el temor de la casa real al desarrollo nuclear iraní, quizás hagan la vista gorda. 

Si la ruta elegida fuera Iraq, las aeronaves deben salir desde el sur, atravesar entre 483 y 644 kilómetros del espacio aéreo saudita, o una parte del de Jordania, e ingresar cuanto antes a cielos iraquíes, volar 805 kilómetros hasta el Golfo y luego hacia el objetivo. 

Ingresar a Irán desde Iraq sería complejo políticamente. Si bien las tropas estadounidenses ya no están en suelo iraquí, atravesar su espacio aéreo no es posible sin el conocimiento y, sobre todo, sin el permiso de Estados Unidos. 

El punto clave es si los cazabombarderos israelíes pueden llevar a cabo su misión sin repostar combustible. 

El radio de combate –la distancia que un avión puede volar de ida y vuelta– es difícil de calcular y depende del peso de las armas, los tanques externos de combustible y el tipo de misión, entre otros factores. 


La estimación más afinada del radio de combate de los F-15I y F-16I, equipados con tanques de combustibles conformables –empotrados en el perfil de la aeronave–, dos tanques externos en las alas y una carga de armamento decente, es de unos 1.609 kilómetros. 

Cualquiera de las dos rutas mencionadas arriba es unos 322 kilómetros más larga. Para cubrir ese trayecto, los cazas podrían equiparse con otro tanque externo de combustible, pero debería aligerar su carga de armas. Con la precisión que tiene el arsenal israelí, esto no sería un problema. 

Sin embargo, si el avión es detectado e interceptado, los pilotos tendrán de deshacerse de los tanques para poder repeler el ataque. Y arrojar el combustible les impedirá llegar al objetivo. 

Repostar en el aire es una complicación para los israelíes. En los últimos años compraron cinco aviones de transporte C-130 y entre cuatro y siete aviones cisterna Boeing 707. Pero cualquiera de estos tendría que asistir a los cazas en espacio aéreo hostil. El 707 es una enorme aeronave desarmada, muy vulnerable a la defensa antiaérea. 

En teoría, Israel podría hacer todo esto. Pero corriendo un gran riesgo de fracasar. Si decide atacar Natanz, deberá infligir daño suficiente en la primera ocasión, y probablemente no pueda efectuar bombardeos posteriores a otras instalaciones. 

La pregunta última es, desde luego, qué pasará cuando los cazas hayan retornado. ¿Irán no sería capaz de reparar el daño y acelerar su programa nuclear? ¿O Israel da por sentado que Washington tomará de su mano la posta e iniciará una guerra de larga duración contra Teherán? 

* Análisis de David Isenberg, WASHINGTON, 17 febrero 2012, (IPS)

* David Isenberg es académico adjunto del Cato Institute y colaborador del Straus Military Reform Project del Centro para la Información de Defensa de Estados Unidos.

h1

La crisis por el programa nuclear de Irán se hace interminable

febrero 7, 2012

Los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), abandonaron Irán el pasado miércoles 1 de febrero tras trabajar tres días sobre el terreno.

Su visita, en contra de lo esperado, no abrirá de inmediato el camino para renovar las negociacones internacionales sobre el programa nuclear iraní. El informe sobre el mismo, publicado por las agencias de Irán, es más que escueto.

No se vislumbra un final

La oficina de OIEA en Viena declaró que las negociaciones con la parte iraní habían transcurrido bien y que una nueva delegación de esta organización internacional volverá en breve a Teherán. Después aparecerán comunicados sobre la posibilidad de renovar el proceso de conversaciones internacionales entre Irán y el grupo de seis intermediarios (Rusia, China, EEUU, Francia, Gran Bretaña y Alemania). Ya circulan rumores de que las negociaciones tendrán lugar en Estambul.

Pero tod esto no cambiará nada, ya se han celebrado anteriormente negociaciones sin dar ningún resultado definitivo, el Consejo de Seguridad de la ONU ya había aplicado sanciones contra Irán, los medios ya habían advertido sobre los eventuales ataques contra ese país del Oriente Medio por parte de EEUU o de Israel…

Si existen las crisis que duran una eternidad y continuarán sin resolver, éste es el caso de la crisis en torno al programa nuclear de Irán. Aunque la historia conoce muchos ejemplos semejantes, como la crisis análoga de Corea del Norte.

Es casi imposible predecir cómo terminará la crisis iraní, si habrá paz o guerra. En cambio, sí se pueden señalar ciertas particularidades de la situación actual que tienen que ver más con el contexto global que con el propio Irán.

Teherán y las presidenciales estadounidenses

Empecemos con lo evidente: la transformación de Irán en una potencia nuclear, la más fuerte en Oriente Próximo como consecuencia directa de la reciente aventura estadounidense en Irak, no es una noticia que necesite Barack Obama en el año de las presidenciales.

Sus adversarios no tardarán en criticarle por no haberlo evitado. Pero tampoco es una buena

idea iniciar una operación militar contra Irán, y no sólo porque Barack Obama sea Premio Nobel de la Paz. Más bien porque se ha reducido el presupuesto militar y el número de efectivos de las Fuerzas Armadas. Si recordamos la reciente operación de la OTAN en Libia, su principal característica fue que Estados Unidos se esforzó para que la guerra la hicieran otros. ¿Quiénes podrían ser en el caso de Irán?

El pasado martes, 31 de enero, en el Congreso de EEUU varios representantes de servicios de inteligencia presentaron sus informes anuales. Entre ellos, el director de Inteligencia de Estados Unidos, James Clapper, y el de la CIA, David Petraeus.

En cuanto a la situación en Irán, los informes denotan un curioso equilibrio. Queda “posiblemente” un año para que la república islámica cree la carga nuclear y un par de años para que diseñe las armas nucleares. Esto representa una “línea roja” para EEUU e Israel. Al mismo tiempo, se deja claro que ahora mismo no están previstas operaciones importantes, como sería una guerra.

Esto tampoco es ninguna novedad, si no fuera por la inesperada mención del intento de atentado contra el embajador saudita. Sucedió en octubre del año pasado, provocando muchas reacciones escépticas: EEUU acusó del complot para asesinar al diplomático a los servicios secretos iraníes, pero durante la operación se cometieron tantos fallos que es difícil creerlo.

Luego hubo un silencio sorprendente, como si no hubiera pasado nada, y ahora el caso del atentado fallido contra Adel al Jubeir ha vuelto a sonar con fuerza. Y parece una invitación a Arabia Saudí a participar en la crisis en torno a Irán.

Es curioso tenemos en cuenta que en realidad en la guerra en Libia y en las revoluciones de Egipto y Túnez tuvieron un papel relevante las monarquías del Golfo Pérsico, y en particular Arabia Saudí. En Libia utilizaron a la OTAN para perseguir sus propios intereses en la región, mientras que la OTAN las utilizó a ellas.

Está claro que Estados Unidos está interesado en que las monarquías árabes se encarguen de luchar contra Irán y apoyen al único país de la región que está dispuesto a hacerlo, Israel. Los árabes ven con disgusto a Irán desde hace doce siglos y es posible que esta hostilidad les empuje a aliarse con los israelitas. Esta sería una completa victoria para Obama.

Primero Siria

Lo que está ocurriendo en Siria, el principal aliado de Irán en Oriente Próximo, hace pensar en esta eventual guerra saudita-israelí, pero utilizando ‘testaferros’: Bashar Al Asad y su oposición. Se conoce de sobra quién y cómo suministra armas a la oposición siria. No es Estados Unidos, sino las monarquías del Golfo. Se podría suponer con cierta certeza que nadie se va a meter con Irán hasta que se aclare el futuro de Siria. Es posible que la República Islámica ceda ante las provocaciones y apoye al régimen de Bashar Asad, exponiéndose así al peligro.

Hay muchos cabos sueltos y es aquí donde resulta decisivo el papel de Rusia, China y otros países del grupo BRICS, detrás de los cuales hay decenas de países que observan lo que está sucediendo en Siria y en Oriente Próximo con un creciente descontento. Mientras en Nueva York se estaba celebrando una reunión del Consejo de Seguridad de la OTAN dedicada a la resolución sobre Siria, Moscú y sus socios volvían a declarar que no creerán un precedente jurídico para legalizar el derrocamiento de un régimen indeseable para la extraña alianza entre el mundo árabe y Occidente.

Al mismo tiempo se está desarrollando otra trama, que en realidad también se circunscribe a la nueva distribución de fuerzas en la región. Se trata del petróleo iraní que Europa dejará de comprar a partir del 1 de junio por el embargo contra la República Islámica. Quién comprará este petróleo y así permitirá a Irán seguir ganando dinero, haciendo que la sanción, como muchas de las ya impuestas, pierda sentido?

Por el momento, el petróleo iraní lo importan China, Japón y Corea del Sur, que no están dispuestos a respaldar el embargo europeo. Pero las potencias asiáticas temen quedarse sin el crudo en el caso de una guerra, por lo tanto están estudiando otras alternativas.

Incluso cobran importancia los países de tránsito para el petróleo iraní hacia el este, como Turkmenistán. Es llamativo que una delegación de Israel acabe de visitar el país mencionado.

En resumen, se puede suponer que la interminable crisis en la región continuará y moldeará cómo será el mundo tras la anunciada “retirada” de EEUU del “Gran Oriente Próximo”.

 

 

* Dmitri Kósirev, RIA Novosti (Febrero 2012)

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE RIA NOVOSTI

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.