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Ayudar al pobre es ayudarse a uno mismo

marzo 8, 2012

Por imperativo moral. Por interés. Por estrategia. Ayudar a los países necesitados combina con frecuencia la responsabilidad ética con intereses más espurios como la política (o el egoísmo): el primer ministro británico, David Cameron, ha defendido con ardor mantener la ayuda oficial al desarrollo alegando que, si se da la espalda a determinados países, estos devolverán el desdén en forma de inmigrantes o terroristas. Un mensaje muy gráfico sobre la conveniencia —o la necesidad— de cooperar.

En un momento de recortes en la ayuda oficial al desarrollo (AOD, la que prestan los Estados), la política de cooperación española afronta su primera prueba de fuego en ocho venturosos años, en los que ha llegado a ser uno de los principales donantes de la Unión Europea y el séptimo del mundo. Gracias a esta contribución, España se ha sentado en el G-20, ha aspirado a presidir la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura) y ha figurado entre los principales donantes del Fondo Mundial contra el Sida de la ONU.

Pero en época de crisis, ¿conviene primar la calidad? ¿Modificar objetivos o perseverar en los lazos históricos, como Francia e Inglaterra con sus excolonias o España con América Latina? La polémica desatada por las declaraciones de Bill Gates -que dedica 33.000 millones de dólares a la ayuda al desarrollo- sobre la inconveniencia de ayudar a países de renta media como Perú ha sembrado la duda sobre la oportunidad de algunas políticas. Porque la cooperación es también una de las patas de la política exterior de un país.

Definido por la crisis el contexto, cabe preguntarse si la ayuda debe ser vista más como inversión que como gasto. “Para una potencia media como España, la cooperación es una palanca de influencia a la que no puede renunciar, porque en un mundo interdependiente resolver los problemas ajenos también es resolver los propios. Cooperar es una actitud ética que también puede ser muy rentable: cómo posicionar a las empresas españolas en el sector de las renovables en América Latina y África, por ejemplo. Políticamente, estamos en el G-20 en gran medida por el esfuerzo de los últimos ocho años”, opina Gonzalo Fanjul, especialista en cooperación y coordinador del blog 3.500 millones en ELPAÍS.com.

Los recortes implican también una redefinición de objetivos, es decir, un eventual rediseño de la propia política exterior. “Si el Gobierno decide abandonar África, sería una inmoralidad, pero dentro de África debe combinar sus intereses con la obligación moral, con la responsabilidad. ¿Por qué ir a la República Centroafricana si los intereses estratégicos están en Senegal, por la emigración?”, plantea.

“Estamos en la ONU, el G-20… por haber sido buen donante”, dice un consultor

Ayudar solo o mayoritariamente a países amigos es otra de las críticas que se hacen a la cooperación al desarrollo, para algunos la más superflua de las políticas públicas en época de crisis. Francia e Inglaterra mantienen con sus excolonias una relación de dependencia —calificada por muchos de neocolonialismo— que llega al extremo de la reciente regañina de Londres a Nueva Delhi por la compra de aviones de combate Rafale (franceses), pese a haber incrementado su ayuda al gigante asiático. India, una de las potencias emergentes, con un crecimiento en torno al 9% y la mayor clase media del mundo, podría ser, a efectos de la cooperación, lo que Perú a España, por volver a la polémica de Gates: países de renta media, en teoría autosuficientes. “Pero en India hay unos niveles bestiales de desigualdad, un 40% de los niños sufren malnutrición. En el caso de Reino Unido e India hay un interés económico evidente”, explica Fanjul. “Como punto de partida, los países que deben ser objetivo de la cooperación son aquellos con los niveles más bajos de desarrollo humano, pero eso no significa abandonar a otros intermedios”.

El Gobierno ha anunciado que destinará 1.000 millones menos

Por ejemplo Perú, que Gates (y con él, el 32% de los españoles, según una encuesta de UNICEF y la Fundación Bill y Melinda Gates) propone aparcar. “Es una afirmación frívola; si uno va hoy a Lima quedará boquiabierto ante el cambio de los últimos años, pero a costa del cinturón de asentamientos que rodea la ciudad, casas sin agua potable ni condiciones de habitabilidad, ni escuelas”, opina María Teresa de Febrer, responsable de Sensibilización de la ONG Prosalus y coautora de Guía de incidencia para el derecho a la alimentación, financiada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y que la FAO utilizará como herramienta de trabajo. “La cooperación no es gratuita. El derecho a la alimentación, el agua o la salud es un derecho reconocido internacionalmente por la ONU al que el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales ha dado fuerza jurídica; es decir, hay una obligación legal por parte de los Estados de cumplirlo. Si los Estados no llegan, la cooperación internacional debe tomar cartas en el asunto. Porque los pobres no son pobres porque sí, sino porque hay una dejación de funciones de los Estados”.

¿Y qué pasa con Perú, el Perú pretendidamente autosuficiente de Gates? “No se puede obviar el papel del Estado peruano a la hora de borrar esa desigualdad. Perú ha podido llegar a un nivel de vida importante gracias en parte a la cooperación. Es una afirmación tan simplista como cuando se compara el derecho a la alimentación en África con el hambre en España: aquí hay cauces para acceder a ayudas, allí no. La cuestión no debe ser elegir entre países desarrollados o en vías de desarrollo, sino adoptar una política coherente y global”.

Dinero y política

  • En el Gobierno del Partido Popular, la anterior secretaría de Estado de Cooperación se integra en la de Iberoamérica.
  • El Consejo de Ministros aprobó en diciembre un recorte de 1.016 millones para el Ministerio de Exteriores y Cooperación.
  • La ayuda oficial al desarrollo (AOD) de España supuso en 2011 el 0,4% del PIB (unos 4.200 millones); las previsiones para 2012 la rebajan hasta el 0,25%.
  • España reanudará su contribución al Foro Mundial contra el Sida de la ONU, la iniciativa global de vacunas y el programa global para la seguridad alimentaria, suspendida desde 2011.
  • El 16% de los españoles cree que América Latina debe recibir la mayor parte de la ayuda española, según un sondeo de Unicef y la Fundación Gates.

La coherencia de las políticas de cooperación internacionales depara hoy datos tan reveladores como la reciente creación de un ministerio del ramo (sin cartera) en una Italia hundida en la crisis, o la enardecida defensa del presupuesto de su departamento, que incluye la ayuda exterior (51.500 millones de dólares en total para 2013), que la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, hizo el martes ante el Senado de su país. Frente a estos países, o a los nórdicos, que superan —algunos por ley— el 0,7% del PIB dedicado a la ayuda al desarrollo, el caso español es la nota discordante: la AOD sufrirá un recorte de mil millones de euros, según el ministro José Manuel García-Margallo en comparecencia ante la Comisión de Exteriores del Congreso el pasado 23 de febrero. Ningún portavoz del ministerio respondió a la solicitud de EL PAÍS de una entrevista.

García-Margallo ha adelantado que el Gobierno centrará sus esfuerzos en los organismos multilaterales (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, UNICEF, Onusida y Onuhábitat), pero muchos expertos critican el recorte precisamente porque supone una pérdida de presencia en el mundo. “Somos una potencia de tipo medio con presencia en la ONU, el G-20, el G-8, laOrganización Mundial del Comercio (OMC), la OCDE… En la reunión del G-8 en Italia nos invitaron a presidir una mesa sobre seguridad alimentaria precisamente porque éramos el primer donante”, explica Fernando Mudarra, consultor de cooperación internacional que ha trabajado durante 15 años para la AECID. “A todos los países esa presencia les genera información para sus tejidos empresariales e institucionales, y nosotros la vamos a perder. Si bajamos el perfil de la cooperación, estos últimos años no habrán servido para nada. Tenemos suficiente capital de cooperación y tenemos ya ganada la presencia en las instituciones [multilaterales], nos bastaría con mantenerlo”.

La posición que deje España en el mundo, apuntan los expertos, pronto será ocupada por otros (potencias emergentes; la propia China, que acaba de dotarse de un libro blanco de la cooperación y a la vez está entrando como elefante en cacharrería en África mediante la compra de tierras de cultivo…). “Italia no va a poner ni un euro, pero tiene un ministro de Cooperación. Con los recortes, y la desaparición de la secretaría de Estado de Cooperación, si España envía ahora a un subsecretario a los foros [internacionales], le recibirá un subsecretario…”.

“Es frívolo que Gates diga que olvidemos a Perú”, opina la ONG Prosalus

Mudarra ve otros dos perjuicios en los anunciados recortes. El primero, “perder la oportunidad de participar en todo ese negocio que gira alrededor de la cooperación: iniciativas de investigación, think-tanks, informes; personal colocado en instituciones internacionales…”; también, además de la cantidad, está en cuestión la calidad: “Es terrible no saber qué hacer con el dinero que queda. No es solo una cuestión económica, ser predecible y confiable es mucho más importante que actuar a impulsos, tanto para la cooperación como para la presencia internacional”.

“Lima ha cambiado a costa de un cinturón con casas sin agua potable”

España ha tenido en los últimos años un presupuesto de cooperación en torno a los 4.000 millones de euros, “un 0,43% del PIB”, dice Mudarra; con los recortes previstos, la ayuda bajará a los 3.000 millones. “La contribución española al fondo europeo de desarrollo (entre 800 y 1.000 millones) no va a poder recortarse, así que se deducirá de otras transferencias multilaterales”, continúa el consultor. De cualquiera de las 130 contribuciones a organismos internacionales que España llegó a sufragar en los años dorados de la cooperación, como el Fondo del Agua, una ambiciosa iniciativa de agua y saneamiento para América Latina, alrededor de 60 programas aprobados que están echando a andar. “Cómo vamos a dejar pasar la oportunidad de estar presentes, que se nos reconozca como autoridad en el tema… Me preocupan los bandazos: esto no es una cosa de ONG, es una cuestión institucional, por eso no es una política sustituible”.

Para Verónica Hernández, portavoz de Intermón Oxfam, los recortes en AOD suponen “pérdida de legitimidad social para el Gobierno, en un asunto que concitaba tanto consenso social; incluso en un momento de crisis como este, hemos batido el récord de ayudas de particulares para Haití y el Cuerno de África”. Más allá del clamor social, Hernández coincide con el resto de expertos consultados en las consecuencias internacionales que puede tener para España un repliegue exterior: “Los países que se disputan la primacía internacional luchan por liderar la cooperación al desarrollo, es una apuesta estratégica. España va a perder un sitio en la vanguardia. Hemos estado trabajando para presidir la FAO; España desea estar en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2015, pero un país no puede pretender estar solo un poquito en la ONU, si quiere ser creíble debe hacer muy bien los deberes”

Un analista observa: “Hay solidaridad, pero a la calle se sale por el paro”

La cooperación internacional es una política de Estado desde el pacto suscrito en 2007 “que suscita unanimidad de las fuerzas políticas”, recuerda la portavoz de Intermón. Frente a otros países del entorno, “España, que ya recortó la ayuda en 2010, va contra corriente en política interior (compromiso social) y en el exterior, donde la política de cooperación contribuye a forjar la marca España”, remacha Hernández. Tanto ha calado el mensaje que propuestas como la tasa Tobin, defendida sin descanso por ONG durante los últimos años, ha traspasado los límites de la sociedad civil para ser aupada a los centros de decisión económicos, noqueados por la crisis.

El sector cree que la ayuda privada debe ser complemento de la oficial

La cooperación es la política pública que más se ha recortado por la crisis, “en torno a un 40% entre la Administración central y las autonómicas y locales desde mayo de 2010”, apunta Hernández. Dedicar pues el 0,7% del PIB al desarrollo queda en el limbo del tijeretazo. “Iremos a otra fecha, pero pediremos un plan, suscrito por todos los partidos”.

“Hemos vendido que llegaríamos al 0,7%, pero ahora faltamos a la palabra dada. Y fuera el que pierde es el Estado, no el Gobierno”, sostiene José Ángel Sotillo, profesor de Relaciones Internacionales y director del máster en Cooperación Internacional de la Universidad Complutense de Madrid. La visión a medio y largo plazo característica de la cooperación —los frutos de la ayuda al desarrollo, pública y de ONG, tardan en madurar— puede ser sustituida por un programa a 3 o 4 años vista “que no ha medido bien en qué se recorta ni el impacto, pues eso equivale a tener muertos en muchos lugares, al deterioro de enfermedades endémicas, a que el sida vuelva a hacer más y peores estragos”. El interés geoestratégico está fuera de dudas para Sotillo. “En el mundo hay amenazas a la seguridad, y herramientas militares, diplomáticas o de ayuda al desarrollo para hacerles frente. David Cameron es muy claro al respecto”, recuerda. Claro que no todo puede atribuirse a los recortes. Sotillo alude a la denominada “fatiga de los donantes”, “al hecho de no haber sido capaces de explicar los logros… También ha habido oscilaciones en la cooperación, y ha desaparecido la demanda de parte de la ciudadanía para exigirle al Gobierno que mantenga ese compromiso; sigue existiendo el sentimiento de solidaridad, pero ahora la gente sale a la calle a protestar por el paro o la reforma del mercado laboral, no por el 0,7%”.

El enésimo elemento para el debate es el papel de la filantropía, que tutea, como Gates, a los Gobiernos, pero que, por sus propias características, es contingente; ítem más, ¿no es también la filantropía una manera nada encubierta de privatizar la ayuda que los Estados deben prestar? “La ayuda privada, como la de Gates, un día se puede acabar. Esto no es un asunto caritativo, hay que verlo como un derecho, el derecho al desarrollo. La ayuda privada debe ser un complemento a la oficial. Los Estados son los auténticos responsables, tienen una obligación; lo contrario sería asistencialismo”.

 

3 de Marzo del 2012

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¿Cómo compran los multimillonarios sus casas?

febrero 20, 2012

El mercado inmobiliario podrá estar golpeado por la crisis en muchas partes del mundo, y algunas ciudades de América Latina no son la excepción, pero los multimillonarios continúan gastándose sumas desorbitantes en nuevas propiedades.

La última transacción, que acaparó titulares esta semana, es la de un penthouse con vistas panorámicas del Central Park en Nueva York, vendido por US$88 millones a un magnate ruso que hizo su fortuna vendiendo fertilizantes.

El pentahouse frente al Central Park que adquirió un millonario rusoEste penthouse frente al Central Park en Nueva York podría haber batido el récord del metro cuadrado más caro.

Se especula que Dmitry Ryvolovlev compró el palaciego piso a su hija de 22 años, la estudiante universitaria Ekaterina Ryvolovleva.

El apartamento, de 627 metros cuadrados, sobre Central Park West, constituye la venta de una propiedad individual más cara en la historia de Nueva York.

Su precio total equivale a unos US$13.000 por metro cuadrado, lo que podría constituir un nuevo récord mundial. La marca previa la tenía una propiedad en Hong Kong, en el ultraexclusivo Peak, en el número 10 de Pollock’s Path, que se vendió hace unos seis meses por US$102,7 millones, un precio que equivalía a US$12.188 el metro cuadrado.

En América Latina, los metros cuadrados más caros corresponden a propiedades de lujo en Río de Janeiro, Sao Paulo, Buenos Aires, Ciudad de México y Bogotá, coinciden los analistas.

Quienes están dispuestos a desembolsar cuantiosas sumas en la región estarán interesados en saber que, mientras que en algunas zonas del barrio Palermo en la capital argentina el metro cuadrado puede llegar a costar US$4.000, en Lima el precio en las zonas prémium fluctúa alrededor de los US$3.000, según informes recientes de la prensa de ambos países.


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La casa de Candy Spelling que adquirieron los EcclestoneVarias de las propiedades privadas más caras no son habitadas por sus dueños.

El mercado inmobiliario de las propiedades de alto valor quedó algo acallado tras la crisis del 2008, mientras los supermillonarios del mundo hacían recuento de sus inversiones o compraban tiempo para conseguirse alguna gran oferta.

Pero los profesionales que se dedican a seguir las fortunas de los ultrarricos señalan que este nicho se ha recuperado con fuerza y rebota casi que con “venganza”. Dicen que incluso ha llegado a estar casi totalmente despegado de las fluctuaciones del mercado inmobiliario convencional… o también podría decirse, de la realidad.

“Una vez que llegas al extremo del ultralujo en el mercado inmobiliario, empiezas a operar en un mercado distinto. No necesariamente se mueve de acuerdo a las variables del resto del mercado”, dice el experto en propiedades de la revista Forbes Morgan Brennan.

Los especialistas en este sector creen que la propiedad privada más cara del mundo se ubica en Mumbai, India.

El deslumbrante edificio Antilla, de 27 pisos, con tres helipuertos, seis pisos de estacionamiento y una serie de jardines flotantes, costó unos US$1.000 millones al hombre más rico del país, Mukesh Ambani.

Pero permanece vacío, ya que de acuerdo a informes de la prensa local, la familia Ambani teme que pasar la noche allí les traiga mala suerte. Al parecer no fue construido de acuerdo a las reglas del vastu shastra, una antigua doctrina hindú que establece principios de arquitectura.

Un mercado “fuerte”

Antilla TowerSe cree que la torre Antilla es la casa privada más cara del mundo.

Otras propiedades que frecuentemente se mencionan en la lista de las casas más caras del mundo son la mansión de 63 acres del industrial Ira Rennert en Hamptons, Nueva York, que se calcula que vale unos US$180 millones y la Maison de L’Amitié de Donald Trump en Palm Beach, Florida, estimada en unos US$125 millones.

De las compraventas acordadas el año pasado, las más resonadas fueron la del billonario ruso Yuri Milner, quien adquirió el Loire Chateau de Palo Alto, de unos 2.370 metros cuadrados en Silicon Valley.

El antiguo hogar del magnate mediático Aaron Spelling, que fue en su época la casa más cara en Estados Unidos, también se vendió en 2011 luego de estar tres años a la venta. La compradora, Petra Ecclestone, hija de 22 años del magnate de la Fórmula Uno, Bernie, consiguió regatear un “buen” precio, bajando la oferta original de US$150 millones a US$85 millones.

Como Milner, Ecclestone no piensa utilizarla como residencia principal.

Jeff Hyland, el agente inmobiliario de Beverly Hills que ayudó a cerrar el trato entre la viuda de Spelling, Candy, y los Ecclestone, opina que este sector del mercado inmobiliario está aguantando.

“Es bastante fuerte, porque el inventario es tan reducido. Casas como la de Candy Spelling hay sólo unas pocas en el mercado, y se necesita que ocurra algo como una muerte o un divorcio para que aparezcan”, dice.

“Hay muchos compradores, tenemos muchos rusos, árabes, y ahora chinos que vienen”, agrega.

Los grandes negocios

Las transacciones a este nivel son fáciles de cerrar. El trato de los Ecclestone demoró apenas 48 horas, ya que nunca sucede que el préstamo sea rechazado en el último minuto.

One Hyde Park en LondresOne Hyde Park es uno de los lugares más caros del mundo.

 

“Casi todo lo que vendemos en Beverly Hills es de US$10 millones para arriba, y siempre es en efectivo”, dice Hyland, de Hilton & Hyland Real Estate, parte de la red inmobiliaria Christie’s International.

Los vendedores no tienen por qué preocuparse por la gente que hace perder el tiempo o los turistas, ya que todos los potenciales compradores son “vetados” por el agente.

“Si no sabemos quiénes son, si nunca escuchamos su nombre, entonces es poco probable que sean candidatos”, explica Hyland.

“Si no los encontramos en Google, entonces pedimos una carta del banco que muestre que tienen un valor neto acumulado superior al precio de venta en fondos disponibles. Si eso no está, entonces no pueden ver la propiedad”, sentencia.

Pero para los negociios verdaderamente grandes, cada vez hay que mirar más hacia Europa.

El hombre más rico de Ucrania, Rinat Akhmetov, desembolsó US$215,6 millones el año pasado para adquirir dos propiedades en el piso 7 y 8 del exclusivo edificio One Hyde Park en el centro de Londres.

Bajo el radar

En septiembre de 2010, los hermanos Nick y Christina Candy, los ingleses que desarrollaron el proyecto One Hyde Park, vendieron una apartamento en Mónaco a un invesor de Medio Oriente por US$314 millones.

El multimillonario ruso, dueño del club de fútbol Chelsea, Roman Abramovich, es uno de los fanáticos de la Costa Azul, que como Suiza, ha experimentado un boom en el mercado de las propiedades de alto valor.

Se cree que adquirió su Villa La Leopolda, una mansión de 10 acres, del magnate de las telecomunicaciones Bill Gates a US$450 millones, la que sería otra de las propiedades privadas más caras del mundo.

Pero la verdad es que nunca se sabrá a ciencia cierta. “Muchas de las mayores compraventas tienen lugar lejos de los ojos inquisidores de los medios, y esas casas ni siquiera están en las listas de los agentes inmobiliarios”, explica el corresponsal de la BBC Brian Wheeler.

Morgan Brennan dice: “Muchas de las transacciones en este sector del mercado se realizan a través de terceros, así que incluso si llegan a incluirse en los registros públicos es muy difícil saber a quién pertencen las casas. Muchas de las ventas de estas propiedades pasan por debajo del radar”, explica.

“Si yo fuera un individuo de alto perfil y alto valor neto en el banco, probablemente haría eso mismo”, señala.

 

 

* Redacción BBC Mundo, Domingo, 19 de febrero de 2012

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Un salario mínimo para una vida decente

febrero 3, 2012

En Suiza, muchas personas viven en situación de pobreza, a pesar de tener un trabajo de tiempo completo. Con una iniciativa popular, los sindicatos pretenden introducir un salario mínimo generalizado.

Entre los sectores con los salarios más bajos están la restauración y la hostelería, el comercio al menudeo y los servicios de limpieza.

Entre los sectores con los salarios más bajos están la restauración y la hostelería, el comercio al menudeo y los servicios de limpieza. (Keystone)

La propuesta genera la oposición de empleadores, aunque medidas similares se extienden en Europa.

En pocas décadas, las diferencias salariales se han agravado  extremadamente también en Suiza: si hace treinta años, un empresario ganaba a lo sumo hasta 30 veces más que sus empleados, hoy en día los salarios de algunos de los directores generales son hasta 1.000 veces mayores que los de los trabajadores con ingresos más bajos.

¿Tendencia inevitable, debida a la mayor competencia entre las plazas financieras internacionales o la pura codicia de la ganancia? El debate se desarrolla desde hace bastante tiempo. Por supuesto, se percibe una creciente insatisfacción respecto al tema de los salarios y los bonos millonarios, mientras que decenas de miles de personas viven por debajo del umbral de pobreza, aunque desempeñen empleos de tiempo completo.

No es de extrañar entonces que, en unos pocos años, hayan tenido éxito tres iniciativas populares para combatir la desigualdad salarial. Mientras los dos primeros textos proponían limitar los sueldos de los directivos, la iniciativa “Por la protección del salario justo”, presentada este lunes por la Unión Sindical de Suiza (USS), tiene como objetivo aumentar los ingresos más bajos. En todo el país debería aplicar un salario mínimo de 22 francos por hora o unos 4.000 francos al mes.

Arma eficaz

“Con esta iniciativa queremos asegurarnos de que todo el mundo tenga un salario decente en Suiza. Hoy en día casi el 10% de los que trabajan a tiempo completo reciben un salario de menos de 4.000 francos, que no es suficiente para cubrir siquiera sus necesidades básicas, y muchas veces tienen que recurrir a la asistencia social”, indica Daniel Lampart, economista jefe de la USS.

“Nuestras propuestas están destinadas a llenar un vacío importante: más de la mitad de los empleados no están protegidos por un convenio colectivo de trabajo. Y lo mismo pasa con sus salarios”, explica Lampart.

El salario mínimo, dice el dirigente sindical, es un arma eficaz para combatir el dumping salarial. Y, además, reducir el desempleo: actualmente muchos trabajadores se ven obligados a buscar un segundo empleo para poder sobrevivir.

Pésima solución

Contra el salario mínimo, sin embargo, las asociaciones de empleadores tienen la intención de luchar con fuerza. “Un salario mínimo generalizado es una mala solución, ya que hay diferentes condiciones y necesidades en los diversos sectores económicos. Además, hay también diferencias importantes con respecto al nivel de los salarios y el costo de la vida en diversas regiones del país”, argumenta Ruth Derrer Balladore, de la Unión Patronal de Suiza (UPS).

Para los empleadores, un salario mínimo puede ser fijado en los acuerdos de negociación colectiva, pero no debe convertirse en una obligación legal. “También porque el salario mínimo plantea un riesgo de exclusión del mundo laboral de las personas con una capacidad de trabajo limitada”, subraya Ruth Derrer Balladore.

¿Pero los salarios no deben permitir que todos tengan una vida digna? “Hay que saber lo que se entiende por vida digna”, dice la representante de la UPS. “En algunas regiones puede ser suficiente ganar incluso menos de 4.000 francos para tener una vida digna, mientras que en Zúrich no son suficientes, a veces, ni siquiera 5.000 francos. Los sindicatos también se basan en el modelo de las familias trabajadoras en el que solamente labora una persona mientras que con frecuencia hay dos sueldos”.

Tendencia europea

La posición de la patronal choca sin embargo con una tendencia actual en las últimas décadas en la mayor parte de Europa. “Solo en Alemania, Austria, Suiza y los países escandinavos no hay todavía un salario mínimo nacional. Pero en los países escandinavos, los convenios colectivos garantizan un salario mínimo para casi todos los trabajadores, mientras que en Alemania y Suiza tan solo uno de cada dos”, dice Thorsten Schulten, investigador del Instituto de Ciencias Económicas y Sociales (WSI) de Dusseldorf, Alemania.

La introducción del salario mínimo se ve favorecida, entre otras cosas, por el advenimiento de la libre circulación de personas. Muchos países han querido proteger a la mano de obra nacional contra los riesgos del dumping salarial. Incluso estos meses también Alemania se plantea introducir el salario mínimo. Quien apoyó la misma propuesta fue la canciller Angela Merkel, del partido democratacristiano Unión Demócrata Cristiana (CDU en alemán).

“El proyecto de Angela Merkel se topó con la resistencia, sobre todo, dentro de su propio partido. Pero ahora parece claro que nos estamos moviendo hacia un salario mínimo, aunque de una forma un poco más light: están previstas, por ejemplo, diferencias entre las regiones orientales y las occidentales”, señala el especialista en política salarial.

Interrogaciones sobre el empleo

Thorsten Schulten considera en general positiva la experiencia hasta la fecha en países donde el salario mínimo ya existe desde hace mucho tiempo, como Francia. “Creo que, sin un salario mínimo, en Francia las desigualdades sociales y la pobreza serían mucho mayores de lo que son ahora. Pero hay varias interrogantes acerca de los efectos del salario mínimo sobre el empleo: algunas empresas prefieren limitar su personal para no asumir los costes del salario mínimo y los seguros sociales vinculados”.

“Tanto en Francia como en Gran Bretaña y los Estados Unidos, la relación entre salarios mínimos y empleo ha sido objeto de numerosos estudios, que han llegado a resultados contradictorios. Yo diría que, actualmente, la mayoría de los economistas internacionales no consideran que esto cause efectos negativos sobre el empleo, a condición de que el salario mínimo se fije en un nivel adecuado, es decir, no demasiado alto”.
Armando Mombelli, swissinfo.ch
(Traducción: Iván Turmo Ferrer)

INICIATIVA POR UN SALARIO MÍNIMO

La iniciativa “Por la protección del salario justo”, depositada este lunes por la Unión Sindical de Suiza (USS) propone introducir un salario mínimo de 22 francos por hora, lo que equivale a 4.000 francos al mes.

La Confederación y los cantones deberán hacer que en los contratos colectivos de trabajo sean fijados los salarios mínimos correspondientes al lugar de trabajo, a la professión y al sector económico.

Según la Oficina Federal de Estadística, en Suiza hay alrededor de 120.000 “trabajadores pobres”, es decir, personas que viven en situación de pobreza, a pesar de tener un empleo de tiempo completo.

Hasta ahora, solo el cantón de Neuchâtel ha decidido introducir un salario mínimo. La propuesta fue aceptada por el electorado en noviembre.


INICIATIVA CONTRA LOS SALARIOS DESORBITADOS

En los próximos años, el pueblo suizo también tendrá que votar otras dos iniciativas populares que tienen como objetivo reducir la desigualdad salarial.

Entregada en 2008 por el actual senador independiente, Thomas Minder, la iniciativa ”Contra los salarios desorbitados” pide votar sobre las prestaciones económicas de carácter general recibidas por los miembros de la gerencia y del consejo de administración de las sociedades anónimas.

El objetivo de esta iniciativa es asegurar una gestión sostenible de las empresas y la economía y proteger los intereses de los accionistas contra los “salarios desorbitados” percibidos por algunos directivos.


ENLACES

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Una sociedad dividida por la religión

febrero 3, 2012

La francesa Odette Klysinska, seguidora de la fe católica, agarra con fuerza su testamento, sentada en el salón de su casa en un acomodado barrio de Beirut, escandalizada de que el documento no sea legalmente válido en este país, que considera suyo.

Klysinska, casada con un druso, una minoría religiosa de Líbano, sufre el “estatus de la ley personal”, que prohíbe a católicos, sunitas y chiitas legar sus posesiones o propiedades a su descendencia de diferente confesión. 

“¿Cómo se puede prohibir a una madre ayudar a sus propios hijos después de morir? Es inconcebible”, dijo a IPS incrédula. 

La ley personal de Líbano, que incluye matrimonio, herencia y divorcio, se rige por 10 códigos religiosos diferentes aplicados a 17 grupos religiosos, varios de ellos sujetos a una única jurisdicción. 

La norma es consecuencia del Imperio Otomano y del régimen colonial, según la abogada libanesa Amal Takieddine, y dio pie a las sangrientas guerras vividas por Líbano. 

El Imperio Otomano de la década de 1830 dio a los judíos, armenios, cristianos ortodoxos y a los musulmanes sunitas la autoridad exclusiva sobre la ley de familia, explicó. 

En los primeros años del siglo XX, las potencias europeas ampliaron la cantidad de sectas reconocidas en Líbano a 17, dejando a unos pocos líderes religiosos las libertades civiles. 

Klysinska no es la única que sufre esta situación. Una gran cantidad de personas de diversas confesiones y orígenes padecen la rígida legislación divisiva. 

Hassan, quien no quiso dar su nombre completo, es de origen sunita, pero debió hacerse chiita para que su hija de 20 años pudiera heredar todos sus bienes. 

La comunidad sunita prohíbe los testamentos y solo permite que la mujer reciba una fracción específica de la herencia familiar, el resto queda en manos de los hijos varones. 

La joven drusa Nibal Khodr debió hacer frente a una difícil situación cuando su esposo murió en un accidente de motocicleta y no pudo ser la única guarda y custodia de su hijo. 

Ahora, cada decisión económica que toma en representación de su hijo menor de edad requiere de la aprobación, por escrito, de un clero druso local o de un jeque. 

“El sistema de la ley personal es arcaico y trata a la gente como infrahumana. Por suerte tengo otra nacionalidad que me otorga cierta protección”, indicó Klysinska. 

Según Tony Daoud, director de CHAML (Jóvenes ciudadanos libaneses no violentos y no sectarios), la mayoría de las leyes de este país niegan a las madres la custodia exclusiva de sus hijos tras la muerte del cónyuge. Además, sus derechos limitados pueden ser fácilmente revocados con argumentos como “dudosa reputación” o si se vuelven a casar. 

Las leyes personales libanesas también ahogan las libertades básicas, como el derecho a decidir cómo disponer de los restos de un ser querido. 

Las comunidades ortodoxas y musulmanas no permiten la cremación, aun si fue explicitado por el difunto en un testamento escrito. La práctica, en cambio, es aceptada por la Iglesia Católica y los protestantes. 

“Esta situación generó desigualdad entre la gente y favorece la confusión”, remarcó Takieddine. 

La legislación impide a Klysinska incluir en su testamento a su hija drusa, pero los hombres de esta comunidad pueden legar su herencia a quien más les plazca. 

Cuando no hay testamento, los asuntos relativos a la herencia se remiten a ley islámica, según la cual los descendientes varones tienen derecho al doble de la parte correspondiente a las mujeres de la familia. 

Las iglesias cristianas, en cambio, tratan a hombres y mujeres por igual en lo que respecta a las leyes de la herencia matrimonial. 

“Ante la falta de una ley clara para todos, la gente recurre a vacíos legales en la legislación existente, como convertirse a otra religión o vender en vida los bienes a sus hijos”, añadió Takieddine. 

En un intento por reformar el sistema, CHAML contribuyó con un proyecto de ley sobre matrimonio civil, adopción y herencia, que fue enviado al parlamento en 2011 y que está a estudio de una comisión legislativa. 

No es de sorprender la fuerte oposición de organizaciones religiosas, como el chiita Hezbolá (Partido de Dios) y el sunita Hez al-Tahrir, a la propuesta, que, según ellas, “contradice la sagrada shariá” (ley islámica). 

Pero “una ley civil sobre el estatus personal es uno de los principales pilares de un estado civil y unificado”, arguyó Takieddine. 

La multiplicidad de leyes al respecto creó una sociedad en la que las personas se identifican más con comunidades religiosas que con el propio Estado dándoles a ellas un mayor control sobre las libertades civiles. 

“Todo sentimiento de parentesco y lealtad en la sociedad se concentra en los grupos religiosos”, remarcó Takieddine. La sanción de una ley civil puede rectificar este problema, así como promover el tan necesitado diálogo y unidad entre las comunidades, que todavía se recuperan de una guerra civil de 15 años, que se extendió de 1975 a 1990. 

Una legislación civil contribuirá a liberar a los jóvenes del control sectario en un país dividido por la religión, lo que podría llevar a una relajación de las muy divisivas afiliaciones confesionales y del poder político sin restricción de las comunidades religiosas. 

“Muchas de las guerras de Líbano tienen un profundo origen en la ley personal del país, que nutre un sentimiento de temor entre los miembros de varias comunidades. El matrimonio civil y la unificación de una ley civil se traducirán en una sociedad más estable que goce de libertad de elección”, indicó Daoud.

 

* Texto por Mona Alami, BEIRUT, enero 2012 (IPS)

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