Los ‘indignados’ a la calle, también en Suiza

De España a Grecia, de Israel a Los Estados Unidos, centenas de miles de personas han salido a la calle en los últimos meses para denunciar unidos la sujeción de la política a la economía y reivindicar una democracia real.


swissinfo.ch conversa con el antropólogo Fabrizio Sabelli, experto del desarrollo social y económico, está al lado de los indignados en Roma.

Quieren una casa, un trabajo, un futuro. Una democracia auténtica, un cambio global. De Asia a Europa y justo en el Wall Street, los indignados dice “basta” a la corrupción y al clientelismo, a una política sometida por la elite financiera que rige el mundo. Su denuncia la hacen ocupando las calles pacífica, pero prolongadamente.

El 15 de octubre, su grito de reclamo se alzó en 400 plazas de diversos países, con la bandera de los desafíos sociales a librar. Sin color político, ni líder, sino una única voz: “Es hora de unirnos. Es hora de que se nos escuche. El futuro está en nuestras manos”.

En Suiza los indignados invitan a ocupar las plazas de Ginebra, Basilea y Zúrich, para protestar contra el gran poder –demasiado- del sector financiero. El antropólogo italiano Fabrizio Sabelli, quien fue docente durante años del Instituto Universitario de Estudios del Desarrollo (IUED) de Ginebra y de las Universidades de Neuchâtel y Lugano, también en Suiza.

swissinfo.ch: Indignados y enojados, centenares de miles de jóvenes ocupan las plazas del mundo entero. ¿Qué se esconde tras este malestar?
Fabrizio Sabelli: Más allá de las especificidades locales, lo que anima a estos jóvenes –o por decirlo de mejor joven, estos jóvenes de espíritu- es un deseo simple y estético: aquel de una mejor justicia social. Hace ya unos años que está demanda está en el aire, pero sobre todo en los últimos meses se ha desarrollado una toma de consciencia colectiva y la indignación se ha traducido en palabras.

En 2008, cuando ocurrió la primera crisis financiera, se pensaba que el orden económico mundial podría ser invertido. En realidad poco o nada cambió. Así, las situaciones de injusticia y de explotación social se han multiplicado. La indignación aumentó así a la par del descubrimiento de la necesidad de una economía real y la gravedad de los problemas concretos de la gente como el desempleo y la falta de alojamiento, esa carencia de sitios para vivir dignamente.

En Europa y en EE.UU. la rabia explotó cuando los jóvenes se dieron cuenta de los miles de millones de euros que fueron dirigidos para salvar los bancos en crisis, dinero del presupuestos estatal, o dicho de otro modo: dinero de los contribuyentes. Y al mismo tiempo las ayudas financieras de los servicios sociales dirigidas al ciudadano de a pie en dificultad, se han visto drásticamente reducidas.

swissinfo.ch: Los jóvenes reivindican más poder para el pueblo y menos para la economía. ¿Estamos frente a una forma moderna de lucha de clases?
F.S.: No hablaría en este caso de lucha de clase, sino de contradicciones internas inherentes al capitalismo, para usar una terminología marxista. El capitalismo está muriendo por su propia incoherencia, porque no logra resolver los problemas que ha creado.

Creo que estos modos de indignación pueden efectivamente acelerar el proceso de decadencia del capitalismo, pero no tienen la fuerza de poner en cuestión todo el sistema económico actual. El sistema se está autodestruyendo simplemente porque se ha convertido en un inmenso casino, donde en una gran sala planetaria la gente se dedica a las apuestas, en lugar de a producir.

swissinfo.ch: No solo el sistema económico está señalado con el dedo, sino también el político. Los manifestantes hablan de corrupción, clientelismo e incapacidad para responder a las necesidades reales del pueblo. ¿Un mal a punto de devorar las democracias occidentales?
F.S.: El aparato político no responde más al mandato ciudadano otorgado con a través del voto democrático, sino que se ha vuelto autónomo para procurar sus intereses propios, aquellos de los grupos en el poder. Es lo que ha ocurrido en EE.UU con los lobbies políticos en el Congreso, o en Italia donde el control de los medios y de la publicidad ha logrado que Berlusconi pudiera acceder al poder con más de 25% de votos. Absurdo en un país democrático.

Las decisiones no se prenden más en función a un programa político, sino dependen de mecanismo de poder mucho más similares a aquellos de la mafia. Los grupos de presión determinan las decisiones, en sustitución de la ciudadanía, protegiendo los intereses de los más fuertes. Y esta sujeción de la política a la economía y al lobby del poder ha desilusionado a los jóvenes.

swissinfo.ch: Los indignados no tienen ni líder ni bandera política. ¿Lograrán así transformar sus pretensiones en acciones políticas? Y si es el caso, ¿en qué forma?
F.S.: Para muchos analistas justo esa ausencia de un líder o una identificación con una agrupación tradicional representa un punto débil de este movimiento de protesta. Por el contrario, yo estoy convencido que allí radica su fuerza y originalidad. En este momento es necesario denunciar el sistema y sus contradicciones, impulsar al pueblo a una toma de conciencia colectiva y a las instituciones políticas a una renovación. Después vendrá el tiempo de programas, burocracia, jefes…

El movimiento está aún desarticulado, pero al mismo tiempo es coherente. Se trata más bien de una presión popular en vez de una organización popular. No es una guerra entre los viejos partidos y los nuevos movimientos, aunque queda claro que en el futuro será necesario encontrar un líder capaz de guiar a estos jóvenes, pero aún hay tiempo para ello.

swissinfo.ch: Este 15 de octubre por primera vez los indignados aparecen en Suiza. ¿Cuál puede ser el espacio que este movimiento tome en este país?
F.S.: Hay que aceptar que a diferencia de otros países, Suiza sigue siendo aún una pequeña isla feliz. Pero justo por ello los movimientos de protesta podrían tener un fuerte impacto y sacudir esta calma aparente. Y evidentemente, en Suiza la causa de las protestas son menos fuertes puesto que hay más justicia social y más riqueza.

Por tanto, a lo largo de los últimos años está creciendo un cierto descontento por las presiones que el sistema bancario continúa ejerciendo sobre la política. Y en ese marco, Suiza se enlaza a este movimiento de los indignados, sobre todo a aquel de los EE.UU. En Suiza también la política está en manos de las finanzas y los que la representan deciden la atribución de la riqueza y, por ende, decide indirectamente sobre el bienestar o el sufrimiento de la gente en general.

Por Stefania Summermatter, swissinfo.ch /Traducción: Patricia Islas (13 de octubre de 2011)

Nota adicional:

INDIGNADOS EN EL MUNDO
15 de mayo de 2011: Al menos 20.000 personas “sin techo, sin trabajo, sin retiro y sin miedo” manifestaron su indignación en varias ciudades españolas. En Madrid, al caer el sol, los indignados ocuparon la plaza de la Puerta del Sol hasta el 22 de mayo, día de elecciones regionales.

Así nació el movimiento 15-M, o de los indignados, del libro ‘Indígnese’ del militante político francés Stéphan Hessel.
En las semanas subsecuentes cientos de miles de jóvenes se unieron para realizar protestas callejeras en Berlín, Bruselas, Londres, París, Atenas y Tel-Aviv.
A finales de septiembre, el movimiento cruzó el Atlántico y tocó a Los Estados Unidos. En Nueva York, un grupo de jóvenes ocupó el Zuccoti Park (rebautizado bajo el nombre de Libery Plaza), a pocos pasos de Wall Streett. Su moto: ‘Seamos el 99%’. Los indignados pronto se multiplicaron en las principales ciudades de ese país.

Los indignados no se reconocen en ningún movimiento político tradicional. Sus reivindicaciones son apoyadas por diversos partidos de izquierda, intelectuales, políticos y economistas, entr ellos, el Nobel Joseph Stiglitz, ex jefe del Banco Mundial, y Paul Krugman.

Este 15 de octubre, los indignados de todo el mundo saldrán a las calles para exigir un cambio global y una democracia auténtica. En Suiza, los llamados a manifestarse se han realizado en Zúrich, Ginebra y Basilea.

FABRIZIO SABELLI
Nació en Roma, es jurista, antropólogo, escritor y animador cultural. Es experto en desarrollo social y económico, antropología de la comunicación y sociología laboral.Vivió algunos años en Ginebra y ha publicado diversos libros, entre ellos: ‘A la espera de trabajo’ (2000) y ‘Créditos sin fronteras’ (1994, con George Susan)..

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Ricos dicen que quieren pagar, pero no los dejan

Ante la grave crisis de la deuda soberna de los países más industrializados, varias de las personas más poderosas del mundo urgieron a los gobiernos a aumentar los impuestos sobre la riqueza.

El financista estadounidense Warren Buffet, considerado el tercer hombre más rico del mundo, criticó la política fiscal de Estados Unidos por proteger a los ricos.

Siguiendo su ejemplo, numerosos millonarios europeos mostraron su voluntad de pagar más impuestos para fortalecer las finanzas estatales.

“Se necesita la justa contribución de los ricos” para resolver el problema de la deuda soberana de Europa, señaló Maurice Lévy, presidente de la Asociación Nacional de Empresas Privadas, en una columna publicada por el periódico francés Le Monde.

“Me parece normal que, nosotros que tuvimos la suerte de hacer dinero, desempeñemos nuestro papel de ciudadanos y contribuyamos al esfuerzo nacional”, escribió Lévy, en el lugar 238 de la lista de personas más ricas de Francia. “En mi opinión se necesita la contribución de los más ricos”, afirmó.

Otras 16 personas muy ricas compartieron su voluntad de hacer “una contribución excepcional” en forma de impuestos para resolver la crisis de endeudamiento.

Lévy y sus pares revivieron el debate sobre política fiscal y justicia social en Francia, iniciado en 2007 cuando el presidente Nicolas Sarkozy introdujo un tope impositivo y redujo considerablemente los impuestos sobre la riqueza.

La medida derivó en un aumento del déficit fiscal, de 2,7 por ciento del producto interno bruto pasó a 7,1 por ciento en la actualidad. La deuda saltó del equivalente de 1.751 billones de dólares, en 2007, a 24.5 billones de dólares este año.

El sistema fiscal francés tiene cientos de excepciones que permiten que los ricos reduzcan más su carga fiscal. Más de la mitad de las 5.800 personas más ricas pagaron menos de 25 por ciento de impuestos en 2010, según el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos.

Mientras, la carga impositiva de 50 por ciento de los hogares de las clases media y baja puede representar hasta 45 por ciento de sus ingresos.

La política fiscal contribuyó a una fuerte concentración de la riqueza, 10 por ciento de la población francesa posee más de 60 por ciento de la riqueza del país.

El gobierno francés anunció el 24 de este mes la creación temporal de un impuesto adicional sobre los ingresos para tres por ciento de los hogares con una renta anual superior al equivalente a 723.000 dólares. El gravamen se mantendrá mientras el déficit supere tres por ciento del producto interno bruto.

También anunció un severo plan de austeridad para reducir el gasto del Estado en 14.467 millones de dólares al año, a partir de 2012.

Pero las medidas fueron criticadas por considerarlas “cosméticas” y “contraproducentes”.

El impuesto temporal sobre la riqueza recaudará menos de 289 millones de dólares, dijo a IPS el economista Guillaume Duval. “No es nada comparado con los beneficios impositivos que el gobierno otorgó el año pasado a las personas más ricas al reducirles la carga impositiva”, arguyó.

Las medidas de austeridad no harán más que ahogar el ya débil crecimiento económico, alertó Duval.

En Alemania, los reclamos para aumentar los impuestos a la riqueza se remontan a fines de 2005. Un grupo de 21 personas con mucho dinero escribió una carta abierta a la canciller (jefa de gobierno), Angela Merkel, pidiendo el aumento de los gravámenes sobre los activos, lo que entonces representaría unos 54.900 millones de dólares netos.

“Los ricos de Alemania están dispuestos a pagar más impuestos” y contribuir a la justicia social, señaló entonces el armador Peter Kraemer, uno de los signatarios de la carta abierta. El llamado, que fue ignorado hasta ahora, fue repetido el mes pasado, solo que esta vez por algunos miembros del gobernante partido Unión Demócrata Cristiana (UDC), de Merkel.

El especialista Norbert Barthle, de la UDC, señaló que las “personas ricas deberían pagar impuestos más altos” para resolver la crisis de endeudamiento. La deuda soberana de Alemania asciende a más de 2.89 billones de dólares.

El aumento de gravámenes a las personas más ricas ayudará a resolver la crisis de endeudamiento, pero también a restablecer la justicia social, opinó Giacomo Corneo, profesor de finanzas públicas de la Universidad Libre de Berlín.

“Desde hace 20 años somos testigos de la concentración de la riqueza en Alemania y otros países industrializados”, dijo Corneo a IPS. “Los 5.000 hogares más ricos de Alemania aumentaron su riqueza en 50 por ciento, en cambio, el ingreso real promedio se estancó”, añadió.

Las crecientes diferencias en los ingresos erosionan el tejido social, remarcó Corneo.

“En los años 50 y 70, los impuestos a los salarios representaron 50 por ciento de los ingresos impositivos”, señaló. “La otra mitad procedía de los gravámenes a la riqueza. En la actualidad, los trabajadores aportan 90 por ciento, en tanto las cargas fiscales de los ricos bajaron a menos de 10 por ciento”, añadió.

La política de recorte fiscal llevada adelante por los gobiernos europeos desde principios de los años 90 no tuvo efectos positivos sobre el crecimiento ni sobre la evasión impositiva, explicó. Además, también tendrían que gravar las ganancias de los bancos para pagar los gigantescos rescates financiados por los estados tras el estallido de la crisis financiera mundial hace tres años, añadió.

Pero en Alemania no le presta atención a nada de eso. El gobierno conservador de Merkel evalúa realizar más recortes fiscales para 2013.

 

* Análisis de Julio Godoy, PARÍS-Francia, Setiembre 2011(IPS)

“El mito del crecimiento económico infinito es un fracaso”

Toda sociedad se aferra a un mito y vive por él. El nuestro es el del crecimiento económico. Las últimas cinco décadas la persecución del crecimiento ha sido el más importante de los objetivos políticos en el mundo. La economía global tiene cinco veces el tamaño de hace medio siglo. Si continúa creciendo al mismo ritmo, será 80 veces en el año 2100.

Este extraordinario salto de la actividad económica global no tiene precedentes en la historia. Y es algo que no puede estar más en desacuerdo con la base de recursos finitos y frágil equilibrio ecológico del que depende para su supervivencia. Y ya ha venido acompañado de una degradación estimada de un 60% de los ecosistemas del mundo.

La mayor parte del tiempo, evitamos la realidad de estos números. El crecimiento debe continuar, insistimos. “¡Acumulad!, ¡acumulad!, es lo que dicen Moisés y todos los profetas”, como dijo Karl Marx.

Y no sólo por el bien de los países más pobres, donde (lo sabe el cielo) es desesperadamente urgente una calidad de vida mejor, sino en el opulento Occidente, donde el consumismo rampante amenaza el tejido de nuestra sociedad.

Las razones por esta ceguera colectiva son fáciles de encontrar. El capitalismo occidental se basa de forma estructural en el crecimiento para su estabilidad. Cuando la expansión se tambalea, como ha pasado recientemente, los políticos entran en pánico.

Los negocios batallan por sobrevivir. La gente pierde sus trabajos y en ocasiones sus viviendas. La espiral de la recesión es una amenaza. Cuestionar el crecimiento se toma como un acto de lunáticos, idealistas y revolucionarios.

Ahora, cuestionarlo es un deber. El mito del crecimiento infinito ha fracasado, ha fracasado para 2.000 millones de personas que viven con menos de US$2 al día. Ha fracasado para el frágil sistema ecológico de cuya supervivencia depende. Ha fracasado, espectacularmente, en sus propios términos, para proveer estabilidad económica y asegurar la vida de las personas. La prosperidad para unos pocos, basada en la destrucción medioambiental y la persistente injusticia social, no es fundamento para una sociedad civilizada.

Crisis es oportunidad
Pero la crisis económica se nos presenta como una oportunidad única para invertir en el cambio, barrer las creencias en el beneficio a corto plazo que fueron una plaga durante décadas. Y para el compromiso, por ejemplo, en una reforma radical de las disfuncionales instituciones de los mercados de capitales.

La especulación sin trabas en materias primas y derivados financieros llevaron al mundo financiero al filo del colapso hace tres años. Es necesario que sea remplazado por un mas duradero y lento sentido de las finanzas: inversión sólida en activos productivos, en tecnologías limpias de bajas emisiones de carbono, en salud y educación, en viviendas de calidad y en sistema de transporte eficientes, en espacios públicos abiertos. Es decir, inversión en el futuro de las comunidades.

El empresariado también debe ser revisado. Obtener beneficios a expensas de los contribuyentes es inmoral. La mano invisible del mercado debe ser domesticada y puesta al servicio del pueblo. Los ejecutivos más previsores de las empresas más visionarias ya entienden estas demandas. La empresa social está comenzando a prosperar en la economía post-crisis.

Arreglar la economía es sólo parte de la batalla. También tenemos que confrontar la lógica del consumismo. Los días de gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para impresionar a personas que no nos importan deben terminar. Vivir bien es buena nutrición, un hogar decente, buenos servicios públicos, comunidad estable y un empleo satisfactorio.

La prosperidad, en todos los sentidos de la palabra, trasciende las preocupaciones materiales, reside en el amor de nuestras familias, el apoyo de nuestros amigos y la fuerza de nuestras comunidades, en nuestra capacidad para participar en la vida en sociedad, en tener un propósito para darle sentido a la vida. El desafío para nuestra sociedad es crear las condiciones para que hacer esto posible.

* Autor: Tim Jackson (Universidad de Surrey) Especial para la BBC
Última actualización: Jueves, 29 de septiembre de 2011

Vivimos una época ruidosa y con pobre calidad en la escucha

“Vivimos una época llena de ruido donde la tecnología ha generado cambios profundos en la percepción sonora, deficiente o no, pero con una menor calidad en la escucha, lo cual puede convertirse en un problema”, indicó Álvaro Hegewisch [1], director de la Fonoteca Nacional.

“En este momento tenemos un exceso en el número de fuentes sonoras en las que el nivel de decibeles (dB) al que exponemos nuestros oídos no es la idónea, así que deberíamos poner más atención a esto para evitar generaciones de adultos con problemas auditivos”, aseveró el funcionario en entrevista, luego de anunciar el programa de La Semana del Sonido que se llevo a cabo por primera vez en México del 30 de agosto al 5 de septiembre.

Y explicó que en la actualidad “existe una gran posibilidad en el acceso a una infinidad de contenidos sonoros, sin embargo, a su vez la riqueza de frecuencias es menor a la que se solía escuchar en el pasado”.

Por primera vez en México se realizará La Semana del Sonido, encuentro que reunirá más de 30 actividades orientadas a reflexionar y acercar al público al sonido desde diferentes perspectivas. Se abordará el sonido como forma cultural y como estrategia educativa para el fomento de una cultura de la escucha entre la población de nuestro país.

Diez conferencias en torno a la cultura de la escucha, los sonidos de la naturaleza, el sonido como estrategia de guerra, los archivos sonoros, la higiene auditiva y la creación de una base de datos de sonidos en línea forman parte del programa de la semana.

También se realizarán 14 talleres de exploración sonora, ecoacústica, una campaña contra el ruido, cinco conciertos dedicados a niños con deficiencias auditivas, una caminata sonora simultánea, desde Viveros de Coyoacán, el Espacio Escultórico de la Ciudad Universitaria y el Centro Histórico, y una expedición sonora en la Reserva Ecológica de Xochimilco, entre otras actividades.

A lo largo de estos siete días se abordarán los sonidos de los animales mexicanos en peligro de extinción, como el pájaro Tho, la foca Guadalupe, el colibrí de cola hendida y el mono araña; además de los oficios que nos identifican como mexicanos y que se encuentran en la misma situación, como sucede con el organillero, el afilador, el zapatero y la mecanógrafa.

Estas actividades se llevarán a cabo de forma simultánea en el Distrito Federal y siete entidades más de la república como Guadalajara, Hidalgo, Morelos, Oaxaca, Tabasco, Tamaulipas y Veracruz, informó el funcionario.

“Será un espacio de diálogo, reflexión, difusión y sensibilización sobre el sonido en los distintos aspectos de la vida, desde la cultura, educación, ecología y de salud, donde se podrán apreciar los animales y sonidos en peligro de extinción”, añadió.


Datos a considerar:

* Bangkok, Beijing, Bombay, España, México DF, Buenos Aires, Nueva Delhi, Londres y Nueva York están entre las ciudades con mayor contaminación acústica.

* 16 horas de reposo necesita el oído para compensar dos horas de exposición a 100 decibeles (dB).

* Una motocicleta emite 90 dB, el sonido de un grupo de rock a un metro de la bocina 110 dB y la escucha de música con audífonos a sonido estrepitoso 130 dB.

* Estar expuesto con regularidad a sonidos que pasan los 110 dB podría generar la pérdida del oído.

 

 

[1]: Álvaro Hegewisch, director de la Fonoteca Nacional en México (texto).

Fuente: http://www.wawis.com.mx