Juventud cubana de cara a la vejez

La cubana Mabel Suárez, de 22 años, no puede concentrarse en vivir su juventud. Ayudó a cuidar a su bisabuela durante dos años y sabe que, quiéralo o no, le tocará hacerse cargo de los últimos años de sus abuelos y de sus padres.

Vivir la juventud “lo pudo hacer mi mamá. Ellos eran dos hermanos y tenían una familia más o menos grande y relativamente joven. Ahora han pasado los años, yo soy hija única y buena parte de la familia vive fuera de Cuba. Cuando enfermó mi bisabuela, no me quedó más remedio que ayudar”, dice esta estudiante universitaria a IPS. 

“Quería mucho a mi bisabuela, pero hubiera preferido no tener que pasar por eso. Fue una locura. Salía de las clases casi corriendo para que mi mamá se pudiera ir a trabajar. Estuve más de un año de la universidad para la casa, sin pensar en ir ni a una fiesta”. 

La responsabilidad del cuidado de los más ancianos empieza a recaer en los jóvenes de Cuba. Hasta qué punto es una de las incógnitas que develará el Censo de Población y Viviendas, que se desarrolla desde el 15 hasta el 24 de este mes. 

Suárez no solo pasará la vida en franca minoría para enfrentar el envejecimiento de sus seres queridos. Cuando a ella misma le toque envejecer podría haber muy pocos en su entorno en condiciones de cuidarla. 

Cuando ella cumpla 35 años, en 2025, alrededor de 26 por ciento de los habitantes de este país tendrán 60 años o más, y la edad promedio se habrá elevado a 44. 

Cuba es uno de los países de la región con un envejecimiento más avanzado y acelerado, según el Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía

Quizás este contexto explique por qué un estudio realizado entre estudiantes de la Universidad de La Habana detectó sentimientos de rechazo hacia la vejez, que la mayoría de las personas entrevistadas identificaron con la decadencia y la soledad. 

Además de incertidumbre, la muestra halló “tristeza, miedo y temor a la soledad, a no ser atendidos y cuidados por la familia”, asegura un resumen de la investigación publicada en 2011 por el boletín electrónico de la Cátedra de Antropología Luis Montané de la Facultad de Biología. 

Según el estudio “La representación social de un grupo de estudiantes universitarios acerca de la vejez”, los encuestados temían la ausencia de reconocimiento social una vez llegados a viejos. En consonancia, consideraron que las personas de la tercera edad deben ser más comprendidas, respetadas y valoradas por la sociedad cubana, pues viven “una etapa de experiencia y sabiduría”. 

Ante la desvalorización social de la vejez en Cuba y en el resto del mundo, “el gran reto para la antropología cubana podría ser entonces su capacidad de desarrollar estudios (…) que contribuyan a que las personas, en su tránsito por la vejez, se sientan útiles y participen en las diversas tareas de la comunidad donde residen”, propuso el boletín científico. 

“Hay que pensar que en una década no solo habrá más personas mayores. Mi generación, que hoy está llegando a los 50, entró casi de forma masiva a las universidades. Es una generación muy preparada que tratará de alargar su vida útil y enfrentará el envejecimiento de forma diferente a nuestros padres”, dice a IPS el ingeniero de sonido Rodolfo García, que trabaja por cuenta propia desde hace un año. 

En un escenario con no pocas contradicciones sociales, un proyecto del Centro de Promoción y Educación para la Salud de la central provincia de Cienfuegos cuenta con apoyo del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) para fomentar nuevos modelos de relaciones intergeneracionales. 

Se trata de promover las relaciones basadas en “el respeto y la comunicación”, además de “aprovechar las vivencias y los saberes de las personas mayores sin imposiciones, en espacios donde se puedan compartir, y aportar a cada uno de los participantes utilidades en función de garantizar su propia salud”, explica a IPS la médica Graciela Martín, directora de la institución. 

Según un documento del proyecto, que se ejecuta en varios municipios cienfuegueros, “el adulto mayor se sabe necesario y fuerte en referencias, aun en sociedades donde lo viejo no es valorado”. 

“El desarrollo contribuye a la supervivencia del anciano, pero no siempre ha puesto a su disposición las posibilidades de satisfacción que sus capacidades y necesidades exigen”, añade el texto. Se necesita superar el esquema que iguala la vejez con un “problema inevitable y soportable hasta que la muerte le pone fin”. 

La estrategia apuesta por la creación de bases informativas para preparar a la población y a instituciones estatales, educar a la gente joven y de edad mediana para envejecer con calidad de vida, activar programas de atención a la tercera edad y desarrollar una cultura del envejecimiento como elemento dinámico de la sociedad. 

“Al crear una cultura de salud, estamos formando un bagaje amplio de conocimientos y razonamientos que las personas asumen como punto de partida de sus saberes. Cuando las personas enfrentan la vida desde esa perspectiva”, pueden discernir entre lo positivo y lo negativo, aun a edades avanzadas, asegura Martín. 

En esencia, añade, se trata de contribuir a “una actitud positiva ante la vida”.

 

* Por Patricia Grogg, La Habana , CUBA,  (IPS, Set.2012)

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