Ejemplo a no seguir

Han sido equivocadas muchas reacciones de gobiernos latinoamericanos frente a la muerte de Chávez.

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(Foto donde aparece Pdte. peruano Ollanta Humala frente al feretro del ex-pdte. HugoChavez) 

Aunque pocos han sido quienes lo han denunciado, la muerte de Chávez fue antecedida y precedida por golpes de Estado de su propio partido. Antes de la muerte de Chávez, Maduro asumió el cargo en contra de la Constitución, que señala que, para dichos efectos, era imprescindible que el presidente electo jurase. Y después de la muerte de Chávez, Maduro juró como “presidente encargado”, pese a que la Constitución es muy clara cuando señala que, en caso el presidente electo muera antes de la toma de posesión, le corresponde al presidente de la Asamblea Nacional asumir el cargo interino para que sea él quien convoque elecciones.

Sin embargo, lo que más sorprende no es que el chavismo desconozca su propia Constitución y haga lo que le venga en gana en Venezuela. Lo que más llama la atención es la falta de condena de estos sucesos por parte de la comunidad latinoamericana que en distintos instrumentos internacionales se ha comprometido a unirse para enfrentar este tipo de abusos del poder.

Y no solo eso, sino que muchos de los gobiernos de la región han entrado al juego hipócrita de homenajear a quien no fue más que un autócrata que arruinó a su país y que atropelló los derechos de sus ciudadanos. Chile, por ejemplo, declaró tres días de duelo y el presidente de Colombia calificó la muerte de “gran pérdida” para la región. ¿Estos gobiernos democráticos no encuentran extraño haber terminado respaldando la misma postura que las FARC, que se despidieron de Chávez calificándolo de “grandioso dirigente”?

Por supuesto, la actitud que más nos consterna es la de nuestro propio presidente, quien señaló que Chávez constituye “un ejemplo a seguir”.

Habría que preguntar: ¿ejemplo de qué? Claramente no será de sensatez económica. Hoy Venezuela sufre de la segunda inflación más alta del mundo, del déficit fiscal más grande en América Latina y de escasez generalizada de productos. Además, su nivel de crecimiento económico y de reducción de la pobreza (a pesar de cómo Venezuela se benefició por el aumento del precio del petróleo durante el chavismo) no se compara con el de países como el Perú o Chile.

¿Se habrá entonces referido el presidente Humala a que Chávez es un modelo de estadista? Ojalá no, pues el ex mandatario fue un campeón de la destrucción de la separación de poderes en su país y sumió a su gobierno en una profunda corrupción. No es casual que Venezuela ocupe el último lugar en el mundo en independencia judicial, según el Global Competitiveness Report, y que, de acuerdo con Transparencia Internacional, sea el décimo país más corrupto del mundo.

Asimismo, crucemos los dedos para que Humala no haya tenido en mente que Chávez constituye un modelo de respeto de los derechos humanos. Para Amnistía Internacional, los defensores de derechos humanos que critican al gobierno suelen ser víctimas de amenazas y ataques. Muchos de ellos han sido procesados y encarcelados por “traición” con penas de hasta 15 años. Y en cuanto al derecho de libertad de expresión, el gobierno de Chávez  ha perseguido duramente a los medios críticos de su régimen. A lo largo de sus dos mandatos cerró 34 estaciones de radios y dejó solo un canal independiente, Globovisión, al que persiguió de tal manera que hace unos días su dueño declaró que se ha visto forzado a venderlo.

Finalmente, ojalá el presidente no haya querido decir que Chávez es un modelo a seguir en lo que respecta a garantizar la paz y proteger las vidas de los ciudadanos. La tasa de homicidios se triplicó desde que llego al poder y hoy es la tercera más alta del mundo. Solo el año pasado han sido asesinadas 21.000 personas en Venezuela. La delincuencia general también es un problema enorme y lo más escandaloso es que –según denuncia Human Right Watch– los policías cometen uno de cada cinco crímenes.

Ojalá que la declaración del señor Humala (y las del resto de presidentes que homenajearon la figura de Chávez) simplemente haya sido resultado de no tener bien delineados los límites de la diplomacia y de un debido pésame. Y es que si algo queda claro es que, como gobernante, Chávez es un ejemplo a no seguir.

 

*Editorial diario “El Comercio”, Lima-Peru

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Noruega, el país con mayor calidad de vida del mundo

Noruega ocupa el primer lugar en el índice de desarrollo humano de la ONU, seguida de Australia y Estados Unidos, de acuerdo con una lista dada a conocer en la capital mexicana y que cierra Níger, con los peores resultados del planeta.

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El Índice de Desarrollo Humano (IDH) fue elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) con los datos más recientes, y refleja las fuertes diferencias sociales entre las naciones ricas y las pobres.

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Los noruegos tienen una esperanza de vida al nacer de 81,3 años, un promedio de escolaridad de 12,6 años y su ingreso bruto per cápita del año pasado fue de 48.688 dólares. En Níger, en cambio, la esperanza de vida es de 55,1 años, su escolaridad promedio es de 1,4 años y su ingreso bruto per cápita fue de 701 dólares.

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La clasificación tiene en cuenta tres dimensiones, según el PNUD: «Vida larga y saludable, conocimientos y nivel de vida digno». Se trata del sistema más completo para conocer el desarrollo humano de cada nación. La lista está compuesta por 187 países, distribuidos en cuatro grupos, según su desarrollo humano, desde muy alto hasta bajo.

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Pero aunque los noruegos tengan el nivel de desarrollo humano más alto, no significa que su ingreso per cápita sea el más alto. Los superan los ciudadanos de Qatar, con 87.478 dólares. Y los nigerinos, de acuerdo con esta clasificación, no son los que menos ingresos tienen: los habitantes de la República Democrática del Congo, en el penúltimo lugar del IDH, tuvieron el año pasado un ingreso per cápita de 319 dólares.

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Tampoco son los noruegos los que más viven en promedio, porque sus 81,3 años están por debajo de los 83,6 años que se anota Canadá. Y los habitantes de Sierra Leona tienen una esperanza de vida menor a la de los nigerinos: 48,1 años.

Los más privilegiados

Los diez países más privilegiados en el IDH son, en este orden, Noruega, Australia, Estados Unidos, Holanda, Alemania, Nueva Zelanda, Irlanda, Suecia, Suiza y Canadá. A la zaga están diez naciones africanas: Burundi, Guinea, República Centroafricana, Eritrea, Mali, Burkina Faso, Chad, Mozambique, República Democrática del Congo y, cerrando la lista, Níger.

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Los dos extremos no han cambiado desde el último índice, correspondiente al 2011: Noruega sigue siendo la nación con el mayor desarrollo humano, y Níger la que tiene los peores resultados.

España repite el puesto 23 en el índice, con una esperanza de vida de 81,6 años, 10,4 años de escolaridad y un ingreso bruto per cápita de 25.947 dólares.

Entre las naciones latinoamericanas, Chile está a la cabeza, que repite en el IDH el puesto 40 respecto al índice anterior: 79,3 años de esperanza de vida, 9,7 años de escolaridad y un ingreso bruto per cápita de 14.987 dólares. El país de Latinoamérica y del Caribe con el peor índice de desarrollo humano es Haití, en el puesto 161, y antes de esa nación Guatemala, en el lugar 133.

Cáncer delivery

La inoculación imperialista del cáncer a Hugo Chávez es una tremenda leyenda urbana, que va a prender. Primero, porque las teorías conspirativas nunca mueren, sino que se quedan flotando por entre las franjas lunáticas de la población. Segundo, porque en la elección que se viene el chavismo le va a dar al tema como a bombo en fiesta.

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A Nicolás Maduro la idea también le sirve para disimular la manipulación de la enfermedad de Chávez, un paciente que insólitamente se fue muriendo de mejoría en mejoría, mientras se mantenía a la población en la oscuridad respecto de lo que estaba sucediendo en La Habana. La verdadera historia de ese periodo todavía no es conocida.

Los medios chavistas se están apoyando en la revista estadounidense Slate como una autoridad que denuncia conspiración. Pero una lectura del artículo aparecido allí revela que la inoculación del cáncer ha sido intentada en varios experimentos, pero que no es posible. De allí que el cáncer no sea considerado contagioso.

Luego está el argumento de los varios presidentes de izquierda con neoplasias en estos últimos años. Sin embargo ninguno de ellos ha fallecido, y el caso más reciente toca a Juan Manuel Santos, buen amigo de los EE.UU., a quien nadie acusaría de izquierdista. Que se sepa, nadie se ha contagiado entre los islamistas antioccidentales.

Quizás en el mundo de la realgeopolitik los imperios sí intentan asesinar a sus enemigos irreductibles. Allí están las historias, nunca demostradas pero verosímiles, de numerosos intentos de liquidar a Fidel Castro. Los pintorescos: tratar de acercarle un habano envenenado y en otro momento envenenarle el chocolate caliente al que era adicto.

Aunque Chávez nunca fue realmente un enemigo irreductible, sino más bien un socio petrolero, que mantuvo el crudo fluyendo hacia los grifos yanquis y gastó fortunas en empresas estadounidenses de servicios para la industria petrolera. Los insultos a George Bush y otros gobernantes bien valían los negocios bolivarianos.

Pero el negocio de Chávez, un hábil político si los ha habido en Venezuela, siempre fue aparecer más radical de lo que era. Así logró darles un populismo silvestre repartidor de dádivas a los pobres en un socialismo, cautelosamente apellidado “del siglo XXI”. Como dijo Rubén Darío de su poesía, sus errores serán todos de sus seguidores.

Si ha habido inoculación (después de todo la tecnología avanza a toda velocidad), los cubanos deberían estar en una posición óptima para reforzar o desmentir la suspicacia. Pues si se trató de un cáncer delivery, entonces también ha estado en su naturaleza ser incurable. Puestos a imaginar conspiraciones, el cielo es el límite.

 

* Mirko Lauer (13 marzo del 2013)

Gabriel García Márquez escribió en 1999 el mejor retrato que se conoce del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, tras asumir el poder en el vecino país. Excélsior reproduce este texto publicado por el diario ‘El País’ de España

 

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CIUDAD DE MÉXICO, 6 de marzo.- Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. “¿Qué pasa?”, le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.

Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Chávez Frías, con su culto sacramental de las fechas históricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Histórico de La Planicie. El Presidente comprendió entonces que su único recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisión para hablarle al país. Doce horas después el golpe militar estaba fracasado. Chávez se rindió, con la condición de que también a él le permitieran dirigirse al pueblo por la televisión. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumió la responsabilidad del movimiento. Pero su alocución fue un triunfo político. Cumplió dos años de cárcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han creído que el discurso de la derrota fue el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la República menos de nueve años después.

El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.

Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?

El argumento duro en su contra durante la campaña había sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a más de cuatro. Empezando por Rómulo Betancourt, recordado con razón o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derribó a Isaías Medina Angarita, un antiguo militar demócrata que trataba de purgar a su país de los treintiséis años de Juan Vicente Gómez. A su sucesor, el novelista Rómulo Gallegos, lo derribó el general Marcos Pérez Jiménez, que se quedaría casi once años con todo el poder. Éste, a su vez, fue derribado por toda una generación de jóvenes demócratas que inauguró el período más largo de presidentes elegidos.

El golpe de febrero parece ser lo único que le ha salido mal al coronel Hugo Chávez Frías. Sin embargo, él lo ha visto por el lado positivo como un revés providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuición, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo mágico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez Delgado, que es uno de sus héroes tutelares.

Sus padres sobrevivían a duras penas con sueldos de maestros primarios, y él tuvo que ayudarlos desde los nueve años vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parecía una ciudad porque tenía una plantita eléctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibió a él y a sus cuatro hermanos. Su madre quería que fuera cura, pero sólo llegó a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconocía por su repique. “Ese que toca es Hugo”, decían. Entre los libros de su madre encontró una enciclopedia providencial, cuyo primer capítulo lo sedujo de inmediato: Cómo triunfar en la vida.

Era en realidad un recetario de opciones, y él las intentó casi todas. Como pintor asombrado ante las láminas de Miguel Angel y David, se ganó el primer premio a los doce años en una exposición regional. Como músico se hizo indispensable en cumpleaños y serenatas con su maestría del cuatro y su buena voz. Como beisbolista llegó a ser un catcher de primera. La opción militar no estaba en la lista, ni a él se le habría ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debió ser otro milagro del escapulario, porque aquel día empezaba el plan Andrés Bello, que permitía a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el más alto nivel académico.

Estudiaba ciencias políticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasionó por el estudio de la vida y la obra de Bolívar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendió de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la política real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco después, el capitán de su compañía le asignó la tarea de vigilar a un hijo de José Vicente Rangel, a quien se creía comunista. “Fíjate las vueltas que da la vida”, me dice Chávez con una explosión de risa. “Ahora su papá es mi canciller”. Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.

“Además”, le dije, “usted estuvo a punto de matarlo”. “De ninguna manera”, protestó Chávez. “La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles”. Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos.

Desde muy joven, por casualidad, descubrió que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como decía su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente Gómez. Fue tal el entusiasmo de Chávez, que decidió escribir un libro para purificar su memoria. Escudriñó archivos históricos y bibliotecas militares, y recorrió la región de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorporó al altar de sus héroes y empezó a llevar el escapulario protector que había sido suyo.

Uno de aquellos días atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. “Yo estaba ya casi rendido, –me dijo Chávez–, pues mientras más le explicaba menos me entendía”. Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: “Mire mi capitán lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ése que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?”. El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional.

“De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela”, dice Chávez. Lo habían designado en Oriente como comandante de un pelotón de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los últimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidió refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Chávez empezaba a dormirse, oyó en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. “Era que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de béisbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas”, contó Chávez. Indignado, le exigió al coronel que le entregara los presos o se fuera de allí, pues no podía aceptar que torturara a nadie en su comando. “Al día siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia, –contó Chávez– pero sólo me mantuvieron por un tiempo en observación”.

Pocos días después tuvo otra experiencia que rebasó las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helicóptero militar aterrizó en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Chávez cargó en brazos a un soldado que tenía varios balazos en el cuerpo. “No me deje morir, mi teniente…”, le dijo aterrorizado. Apenas alcanzó a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Chávez se preguntaba: “¿Para qué estoy yo aquí? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra había terminado, ya no tenía sentido disparar un tiro contra nadie”. Y concluyó en el avión que nos llevaba a Caracas: “Ahí caí en mi primer conflicto existencial”.

Al día siguiente despertó convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitrés años, con un nombre evidente: Ejército bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y él, con su grado de subteniente. “¿Con qué finalidad?”, le pregunté. Muy sencillo, dijo él: “con la finalidad de prepararnos por si pasa algo”. Un año después, ya como oficial paracaidista en un batallón blindado de Maracay, empezó a conspirar en grande. Pero me aclaró que usaba la palabra conspiración sólo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea común.

Esa era la situación el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurrió un episodio inesperado que Chávez considera decisivo en su vida. Era ya capitán en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, Ángel Manrique, lo comisionó para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa.

A la una de la tarde, reunido ya el batallón en el patio de fútbol, el maestro de ceremonias lo anunció. “¿Y el discurso?”, le preguntó el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. “Yo no tengo discurso escrito”, le dijo Chávez. Y empezó a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bolívar y Martí, pero con una cosecha personal sobre la situación de presión e injusticia de América Latina transcurridos doscientos años de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jesús Urdaneta Hernández, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnición, muy disgustado, lo recibió con un reproche para ser oído por todos:

“Chávez, usted parece un político”. “Entendido”, le replicó Chávez.

Felipe Acosta, que medía dos metros y no habían logrado someterlo diez contendores, se paró de frente al comandante, y le dijo: “Usted está equivocado, mi comandante. Chávez no es ningún político. Es un capitán de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que él dijo en su discurso se mean en los pantalones”.

Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: “Quiero que sepan que lo dicho por el capitán Chávez estaba autorizado por mí. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo había contado ayer”. Hizo una pausa efectista, y concluyó con una orden terminante: “¡Que eso no salga de aquí!”.

Al final del acto, Chávez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jesús Urdaneta hacia el Samán del Guere, a diez kilómetros de distancia, y allí repitieron el juramento solemne de Simón Bolívar en el monte Aventino. “Al final, claro, le hice un cambio”, me dijo Chávez. En lugar de “cuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”, dijeron: “Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos”.

Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto tenían que hacer ese juramento. La última vez fue durante la campaña electoral ante cien mil personas. Durante años hicieron congresos clandestinos cada vez más numerosos, con representantes militares de todo el país. “Durante dos días hacíamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situación del país, haciendo análisis, contactos con grupos civiles, amigos. “En diez años -me dijo Chávez- llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos”.

A estas alturas del diálogo, el Presidente rió con malicia, y reveló con una sonrisa de malicia: “Bueno, siempre hemos dicho que los primeros éramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad había un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y quedó activo en el Ejército y alcanzó el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre está aquí con nosotros en este avión”. Señaló con el índice al cuarto hombre en un sillón apartado, y dijo: “¡El coronel Badull!”.

De acuerdo con la idea que el comandante Chávez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevación popular que devastó a Caracas. Solía repetir: “Napoleón dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiración del estratega”. A partir de ese pensamiento, Chávez desarrolló tres conceptos: uno, la hora histórica. El otro, el minuto estratégico. Y por fin, el segundo táctico. “Estábamos inquietos porque no queríamos irnos del Ejército”, decía Chávez. “Habíamos formado un movimiento, pero no teníamos claro para qué”. Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurrió y no estaban preparados. “Es decir –concluyó Chávez– que nos sorprendió el minuto estratégico”.

Se refería, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los más sorprendidos fue él mismo. Carlos Andrés Pérez acababa de asumir la presidencia con una votación caudalosa y era inconcebible que en veinte días sucediera algo tan grave. “Yo iba a la universidad a un posgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa”, me contó Chávez minutos antes de aterrizar en Caracas. “Entonces veo que están sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: ¿Para dónde van todos esos soldados? Porque qué sacaban los de Logística que no están entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. Así que le pregunto al coronel: ¿Para dónde va ese pocotón de gente? . Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aquí vamos. Dios mío, ¿pero qué orden les dieron?. Bueno Chávez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y él me dice: Bueno, Chávez, es una orden y ya no hay nada qué hacer. Que sea lo que Dios quiera.

Chávez dice que también él iba con mucha fiebre por un ataque de rubéola, y cuando encendió su carro vio un soldadito que venía corriendo con el casco caído, el fusil guindando y la munición desparramada. “Y entonces me paro y lo llamo”, dijo Chávez. “Y él se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 años. Y yo le pregunto: Ajá, ¿y para dónde vas tú corriendo así? No, dijo él, es que me dejó el pelotón, y allí va mi teniente en el camión. Lléveme, mi mayor, lléveme. Y yo alcanzo el camión y le pregunto al que los lleva: ¿Para dónde van? Y él me dice: Yo no sé nada. Quién va a saber, imagínese”. Chávez toma aire y casi grita ahogándose en la angustia de aquella noche terrible: “Tú sabes, a los soldados tú los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barrían las calles a bala, barrían los cerros, los barrios populares. ¡Fue un desastre! Así fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta”. “Y el instinto me dice que lo mandaron a matar”, dice Chávez. “Fue el minuto que esperábamos para actuar”. Dicho y hecho: desde aquel momento empezó a fraguarse el golpe que fracasó tres años después.

El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: “Nos vemos aquí el 2 de febrero”. Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.

 

 

Por: Gabriel García Márquez

Empleados de la corona de España declaran huelga por recorte salarial

 

Empleados de la Casa Real anunciaron una huelga por primera vez en su historia los días 28 y 29 de marzo, informó la prensa española.

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Según la fuente, entre 500 y 1.200 empleados de la empresa Patrimonio Nacional, que trabajan en las propiedades de la Corona española, figuran jardineros y camareros para protestar contra el recorte de sus salarios.

Uno de los motivos de la huelga son “las modificaciones sustanciales en horarios, la imposición de trabajo a turnos, los recortes salariales de un 15%, horarios entre las 8 y 20 horas y la eliminación de medidas para conciliar la vida familiar”, entre otros.

Entre los empleados que se han sumado a la huelga figuran guardeses de finca, jardineros, conductores, camareros, los mozos de cuadra e, incluso, alabarderos, los soldados de infantería encargados de custodiar a la familia real de España.

 

* Madrid, 7 de marzo, RIA Novosti.

Suiza aprueba limitar el salario de los directivos de las grandes compañías

Los suizos han expresado hoy de forma aplastante en referéndum que quieren limitar los salarios excesivos y otros “paracaídas dorados” de los directivos de las grandes empresas al aprobar por el 67,9 por ciento de los votos acotar sus remuneraciones.

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En una votación histórica por su contenido, pero también por su forma -los 26 cantones sin excepción han votado a favor- los helvéticos han decidido que sean los accionistas y no los propios directivos los que decidan sobre sus remuneraciones.

La campaña alarmista de la patronal Economiesuisse y de los partidos de derechas de que una vez aprobada la reforma cientos de empresas saldrían a instalarse al extranjero y que se perderían miles de empleos no ha surgido efecto, y el pueblo ha defendido la iniciativa Minder -en referencia a Thomas Minder, el senador que la propuso- o más directamente como la “iniciativa contra los salarios abusivos”.

Sólo 762.000 votantes dijeron “no”, mientras que más de 1,7 millones de ciudadanos apoyaron la iniciativa.

En resumen, la iniciativa pretende poner límite a los salarios que cobran los directivos de grandes compañías a través del control y el aval de los accionistas.

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Una vez su entrada en vigor -el gobierno tiene un año para redactar la normativa- la ley se aplicará a todas las sociedades anónimas helvéticas que coticen en la bolsa suiza o en el extranjero.

La junta general de la compañía elegirá anualmente al presidente del Consejo de Administración y a sus miembros; además, se pronunciará anualmente sobre las remuneraciones del consejo de administración, de la dirección y del comité consultivo.

Asimismo, la nueva ley, prohibirá que los miembros de los órganos directivos no reciban ni indemnización de partida, conocidos como los “paracaídas dorados”, ni primas por contratación.

Además, cuando los directivos partan no podrán obtener ninguna remuneración anticipada, ni podrán estar vinculados por contrato al consejo o a una sociedad del grupo.

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Los estatutos de la empresas deberán regular todo lo relacionado con los bonos y las participaciones, y los créditos y los préstamos que se les puedan entregar a la dirección.

Conscientes del rechazo que la propuesta generaría, los promotores de la iniciativa no olvidaron incluir sanciones en caso de que se violen las disposiciones de la misma: cuando se viole lo establecido, la falta será sancionada con una pena privativa de libertad de tres años de máximo y del pago de hasta seis remuneraciones anuales.

 

* Efe, 3 Marzo 2013

Pobreza en América: ¿Porque No podemos acabarla?

Con el titulo de este Blog apareció un interesante articulo en el NYT hace unos meses (“Poverty in America: Why Can’t We End It?”,Ver copia abajo), lo cual me hizo reflexionar y actualizar mis informaciones sobre este tema que angustia a la mayor parte de los humanos en nuestro planeta tierra. Incluso a sectores numerosos en varios países desarrollados como USA. En el caso norteamericano son casi 50 millones de personas que estan atravesando por esta critica situación.

Leyendo los detalles vemos que las razones que da el autor del articulo ,Peter Edelman, autor del libro “So Rich, So Poor: Why It’s So Hard to End Poverty in America” = “Tan Rico y Tan Pobre: ¿Porque es tan duro acabar con la pobreza en America?”

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De acuerdo al autor, con el cual comparto la mayor parte de su opinión, la pobreza institucionalizada en USA se debe a 4 razones de las cuales la principal para mi es que Una enorme cantidad de personas en USA tienen trabajos donde ganan muy poco dinero (No tiene relacion justa con el elevado costo de vida)

Estas personas son mas de la mitad de la población económicamente activa (PEA) que ganan sueldos menores de $34,000.00 dolares anuales  ($2,833.00 dolares por mes) y los hispanos y afroamericanos están peor pues ganan menos de $23,000.00 dolares anuales ($1,916.00 dolares por mes)

En USA la linea de pobreza se ha calculado en $38,000.00 dolares anuales ($3,166.00 por mes), es decir, quien gana menos de esa cantidad de dinero va a tener problemas económicos para tener una vida material básica de acuerdo a los costos de vida que tiene USA actualmente.

 

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Claro que si comparamos la pobreza de USA con los demás países del continente Americano (México, Centroamérica, islas del Caribe y Sur-América) o del resto del mundo, como vemos abajo, los pobres norteamericanos son de clase alta o media en dichos países y una de las razones fuertes es que el gobierno norteamericano protege a sus ciudadanos y no los desampara o abusa de ellos como ocurre en la mayoría de países del resto del mundo, donde el fanatismo religioso, las dictaduras o la corrupción generalizada impide que sus pueblos tengan una vida , al menos digna y que cubran sus necesidades humanas básicas, aunque sean pobres en bienes materiales.

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Volviendo a USA. La pregunta clave seria como hacen los hispanos, en general, que son la minoría mas pobre, económicamente hablando, en USA para poder vivir dignamente.

La respuesta es muy simple; aunque debo desglosarla para que la entiendan bien:

1) La gran mayoría de hispanos en USA están acostumbrados a vivir de forma sencilla, es decir, No se enferman o mueren si no tienen dinero para lujos o comprar cosas caras.

2) Muchos de los hombres tienen dos trabajos (la esposa también trabaja); aunque lo malo de esto es que descuidan a sus parejas e hijos. 

3) Los que solo tienen un trabajo se juntan con algún familiar o amigo para compartir gastos de vivienda y ahorran de esta manera, ya que los alquileres de las viviendas son muy caras en comparación con los salarios que ganan.

En Fin, como dijo Bill Gates en un discurso “La vida No es justa”; aunque Yo le agrego que No es justa porque los grupos de poder económico o muchos billonarios no quieren dejar de seguir viviendo como reyes, tener ganancias sin limites y mantener el control político de los países   A esto hay que agregarles a otras personas, No millonarios, de clase media o alta, que su egoísmo los hace creerse los únicos, después de los billonarios, que deben ganar mucho mas que el resto y son muy duros en tratar o juzgar a los hispanos en USA; aunque algunos de ellos también sean hispanos.

Hablando solo del tema económico,  el cual ellos lo conocen bien por números de personas o ganancias en dinero, si a la mayoría de la población le siguen pagando muy poco, en relacion al costo de vida. Mientras tanto las ganancias de la minoría privilegiada sigue creciendo exponencialmente, va a llegar un momento que no se podrán evitar serios conflictos sociales. Ademas que el consumo interno disminuirá tanto en USA que muchas empresas quebraran creando un caos económico.

Aunque lo ultimo No creo que ocurra en USA, al menos mientras se encuentre el presidente Obama en la casa blanca.

Hasta siempre.

CTsT