“La confianza entre la gente y los líderes está rota”

La última gran misión que Kofi Annan tuvo entre manos, la de enviado especial de la ONU y de la Liga Árabe para Siria, le dejó un sabor amargo. La tuvo que dejar a medias, con la frustración de ver que el plan de paz que había ideado se iba a pique mientras en Siria proseguía la sangría. El 3 de agosto de 2012 fue el día en que anunció que abandonaba. No dudó en criticar públicamente a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU por su dedicación a “apuntarse con el dedo e intercambiar descalificaciones cuando lo que se necesitaba era acción”. Cae la tarde en las oficinas de su fundación en Ginebra y Annan tuerce el gesto al recordar el episodio. “Fue una oportunidad perdida”, lamenta con esa voz suavemente cascada con la que habla, en tono muy bajo, cerca del susurro.

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Así es la vida del mediador. Hay grandes momentos, sí; pero, sobre todo, tremendas frustraciones. Los fracasos se cuentan por pérdidas de vidas humanas. Y así lo refleja en Intervenciones. Una vida en la guerra y en la paz (Taurus), el libro que se acaba de editar en España y en el que recorre su etapa de secretario general de las Naciones Unidas (1997-2006), con Premio Nobel de la Paz (2001) a sus espaldas.

A sus 75 años recién cumplidos, Kofi Atta Annan parece estar en plena forma, a juzgar por las zancadas por los pasillos de su fundación, sita en la ginebrina calle de Varembé. La paz, la seguridad, los derechos humanos y el desarrollo sostenible son los objetivos que guían sus pasos hoy día al frente de la institución que lleva su nombre. Annan sigue en su salsa. Trabaja en el barrio donde tienen sede un sinfín de organizaciones internacionales, rodeado de políticos, ejecutivos y funcionarios de mirada global.

PREGUNTA: En el último párrafo de su libro escribe usted: “Unas Naciones Unidas que sirvan no solo a los Estados, sino también a los pueblos, se ganarán un lugar en el siglo XXI”. Los Estados, los pueblos. ¿Son los Estados los que deciden hoy día, o acaso estamos en manos de los mercados?

Mi episodio más frustrante fue el debate y conflicto de Irak”

RESPUESTA: Es una pregunta interesante. El poder reside en la gente. Y de hecho, los políticos y los líderes tienen el poder por la confianza que la gente deposita en ellos, no es algo que les pertenezca. Esos Gobiernos tienen una responsabilidad: trabajar por el bienestar de su gente. Los ciudadanos votan y deciden, con suerte, racionalmente, quién les gobernará. Pero sé que hoy tenemos un problema: la confianza entre los líderes y la gente está rota. El contrato social que existía entre Gobiernos y el pueblo está roto. Si tuviera que ir a España, a Portugal, a Chipre o a cualquiera de los países en que tenemos este problema y hablase con la gente corriente, me dirían: “No puedo cuidar de mis padres, no puedo pagar facturas de hospital y el Gobierno me dice que no hay dinero. De pronto empiezan las dificultades en los bancos y aparecen millones para salvarlos. Los ricos cuidan los unos de los otros, no les intereso yo como individuo”.

P: Sí, eso es lo que dice mucha gente…

R: Y es muy difícil explicarles que el crédito tiene que funcionar y que los Gobiernos están trabajando para que el crédito funcione, pero la gente no lo ve así. La falta de confianza hace que sea muy complicado poner en marcha reformas con gente que no va a creer en ellas de modo automático. Necesitan que les convenzan, que les den seguridad, y eso hace que gobernar sea ahora incluso más difícil que antes de la crisis.

P: La confianza es algo difícil de recuperar una vez que se pierde.

Desde Kumasi hasta Minnesota y Ginebra

Kofi Atta Annan tuvo la oportunidad de vivir en tres culturas bien distintas a lo largo de sus primeros 24 años de vida. Nació en el seno de una familia acomodada en Kumasi (Ghana), el 8 de abril de 1938. Su padre, Henry Reginald, trabajaba para una empresa europea, The United Africa Company, así que tuvo una infancia exenta de grandes carencias. Tras cursar estudios de Ciencia y Tecnología en Kumasi, consiguió una beca para estudiar en Estados Unidos. Fue a parar a Minnesota, al Macalaster College, donde fue tomada la imagen de Annan tocando los bongos, allá por el año 1960 (tenía entonces 22 años). Poco después se iría al Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra. Fue solo el principio de una existencia que le llevaría a recorrer medio mundo como secretario general de las Naciones Unidas.

R: Es duro. Los líderes son conscientes, y es importante que la reconstruyan con acciones, no con palabras.

P: ¿En qué fallaron los líderes, en qué fallaron las democracias occidentales?

R: No deberíamos echar la culpa solo a los líderes. Los líderes probablemente fueron más bien complacientes; en ciertas ocasiones sintieron que las fuerzas del mercado y el sector privado podían solucionar los problemas, les dejaron demasiado espacio. Pero las fuerzas del mercado no aseguran los bienes públicos y los Gobiernos deberían haber sido más activos en asegurar los bienes que afectan al interés de todos. Hubo además una cierta tendencia, a nivel empresarial y político, a mirar a corto plazo. Las empresas persiguieron sus beneficios y los Gobiernos no miraron más allá de las siguientes elecciones. Además, en democracias maduras, la gente se dejó llevar por una apatía que mina la democracia, muchas personas dejaron de votar… Hay países en los que la gente muere por intentar conseguir el derecho al voto. En democracias maduras, muchas veces los jóvenes no votan, piensan que el voto es negativo, y es un error. El individuo tiene poder y puede condicionar la agenda política alzando la voz, organizándose; los políticos prestarán atención. Hay muchos países en los que jóvenes brillantes dicen que la política no es cosa suya y se dedican a montar negocios para hacer dinero. Así que hay muchas razones que explican la situación que usted describe. El cambio solo puede llegar si hay una presión sostenida sobre los políticos por parte de la gente. Allá donde los líderes no sepan liderar, la gente puede hacerles caer.

P: Se diría que hay un cambio en marcha. Mucha gente demandademocracias más participativas usando las tecno­­logías que lo permiten y piden una mayor transparencia a los Gobiernos. ¿Qué visión tiene sobre ese cambio?

R: Lo primero que quiero decir es que ningún país es una democracia perfecta. Nadie nace buen ciudadano o buen demócrata, eso viene con la educación, la experiencia. Sí, hoy tenemos nuevas herramientas, como Internet y las redes sociales, que la gente usa para comunicarse, hemos visto lo que pasó con la primavera árabe. La gente dice que esa fue una revolución de Internet, pero Internet solo es una herramienta. Puedes utilizar las redes sociales para conducir a miles de personas a las calles, pero necesitas también liderazgo para llevarlos a donde quieres que vayan. No hay cambio ni revolución sin liderazgo. Esas herramientas pueden servir para otorgar poder al ciudadano, para compartir información; pero no solo son útiles para los indignados, también lo son para los líderes.

P: ¿Qué opina del movimiento de los indignados?

R: Creo que nos estamos alejando completamente del libro.

P: No se preocupe, ahora hablaremos del libro, pero ya que menciona a los indignados tengo que preguntarle.

R: Diré lo que dije al principio de la entrevista: la gente siente que sus intereses han sido ignorados, que los líderes no prestan atención a sus necesidades. Lo noté en París, cuando Hessel murió y reeditaron su libro. Lo que pasó en España y con Occupy Wall Street es el reflejo de la ruptura de confianza y del contrato social.

P: ¿Y qué diagnóstico hace usted de la crisis y de las medidas que se están adoptando para atajarla? Hay intelectuales, como John Ralston Saul, que plantean que hay que rescatar a los ciudadanos antes que a los bancos.

R: Cualquier situación en la que la riqueza extrema convive con una inmensa pobreza es insostenible a largo plazo. Muchos Gobiernos europeos están empujando hacia la austeridad, una austeridad que desde el punto de vista de la gente no mejora su situación. Hay dos escuelas de pensamiento entre los economistas. Están los que creen en la austeridad, en la reducción de deudas y el control del gasto. Y están los que piensan que la respuesta es ser moderado en el corto plazo y disciplinado en el largo. Yo pertenezco a esta segunda escuela. La economía tiene que crecer para crear puestos de trabajo, para generar beneficios sobre los que recaudar, para cubrir los gastos del Estado. Si lo enfocas solo en los recortes y en la austeridad, estás prolongando el problema y la agonía, y conduces la economía a la estanflación[estancamiento e inflación].

P: Abordemos su papel en la ONU y algunas de las cuestiones que refleja su libro. ¿Cuál fue el episodio más frustrante que vivió como secretario general de las Naciones Unidas?

R: El debate y los conflictos alrededor de la guerra de Irak. Por la naturaleza y por las razones de la guerra. Las divisiones que produjo entre la comunidad internacional, en la organización y entre los países miembros, tardaron en subsanarse. Hasta ese momento, la ONU funcionaba sin problemas.

P: En el libro, tras hablar del impacto que tuvo el 11-S en el mundo, escribe usted: “Para muchos, la mayor amenaza para la paz mundial pasó a ser la ira y la necesidad de revancha de Estados Unidos”.

R: La guerra contra el terror implicó daños colaterales. La gente sintió que las libertades civiles y los derechos humanos estaban siendo atacados, o que no eran respetados, y algunos Gobiernos actuaron como si hubiera un intercambio entre seguridad y derechos humanos o derechos civiles. Fue un peligroso trueque: si renuncias como individuo a tus derechos humanos por la seguridad, ¿obtienes finalmente seguridad?

P: Usted dijo que esa guerra era ilegal.

R: Y lo sigo pensando.

P: ¿Qué coste tuvo para usted mantener esa postura?

R: Obviamente, algunas personas en Washington no estaban contentas y me atacaron a mí y a la organización. Usé la palabra ilegal y reaccionaron muy fuertemente. También creo que coincidieron dos acontecimientos. Yo escribí una carta al presidente Bush, al primer ministro Blair y al primer ministro iraquí, Alaui, sobre Faluya. Tenían que ser cuidadosos con cómo abordar Faluya, porque en esos momentos existía la impresión de que los yihadistas estaban allí concentrados. Y todo apuntaba a que se iba a bombardear Faluya. Mi preocupación no solo era que se produjeran serias pérdidas humanas, sino también que los yihadistas abandonaran Faluya y se extendieran por todo Irak. Así que mandé una carta de alerta. Y fue vista como una provocación. Era además el momento de la reelección para Bush. Pensaron que yo intentaba interferir, pero no era esa mi intención.

P: Cuenta usted que, hablando con el presidente Bush, este le dijo: “Se me saltan las lágrimas de pensar lo que los iraquíes están viviendo con Sadam Husein”. ¿Lágrimas?

Siempre he pensado que el cambio es posible, que hay que ir a buscarlo”

R: Sí, eso dijo.

P: ¿Qué le pareció que dijera eso?

R: Probablemente creía, genuinamente, que la situación en Irak era tal que debían hacer algo para salvar a la gente; esa era su opinión, no era la mía: las acciones que querían emprender en Irak eran equivocadas. Pero es obvio que él lo sentía de modo apasionado y compartió su sentimiento.

P: Usted cita además en el libro que la existencia de reservas petroleras en el país fue uno de los factores que influyeron en la invasión.

R: No directamente. Alguna gente pensaba que si Irak no hubiera tenido petróleo, tal vez no habría atraído tanta atención.

P: Usted no lo piensa.

R: No, yo creo que tuvo un peso, pero no diría que fueron a la guerra solo por el petróleo.

P: Fue un elemento.

R: Exactamente. Si el mundo y Estados Unidos dependen de esa región para un importante porcentaje de su aprovisionamiento de petróleo, quieres que haya estabilidad. Y si estás convencido de que para que la haya es necesario eliminar a Sadam Husein, entonces piensas que estás salvando tu interés nacional.

Entre las consecuencias que tuvo su declaración de que la guerra de Irak fue ilegal, Kofi Annan cita en su libro las acusaciones de corrupción contra el programa Petróleo por Alimentos de la ONU, una herramienta inicialmente pensada para aliviar los padecimientos de la población iraquí en la que se detectaron irregularidades. Su hijo, Kojo, además, se vio envuelto en el asunto: trabajaba en una empresa suiza, Cotecna, que obtuvo un contrato de la ONU para inspeccionar los artículos humanitarios que entraban en Irak. El hijo de Kofi Annan se desvinculó de la empresa suiza en 1998, pero más tarde se supo que en 2004 seguía cobrando de ella.

P: ¿Representaron esas acusaciones uno de los momentos más difíciles de su mandato?

R: Fue difícil. Primero porque dijeron algunas cosas que no eran ciertas. Y segundo, era una manera de mezclar lo personal y lo profesional; usar a tu hijo para ir contra ti, para atacar a la ONU y atacarte como secretario general. Fue un momento muy difícil, ¿sabe?: en Washington, cuando deciden ponerse así, son muy buenos. Uno de los episodios más impresionantes fue el de las elecciones que enfrentaron a Bush y Kerry. Kerry, que había acudido a la guerra de Vietnam y había recibido medallas por su heroísmo, fue obligado a explicar su expediente de guerra, mientras que Bush, que no fue a la guerra, no tuvo que explicar nada. Esto demuestra lo buenos que pueden ser en estas cosas.

P: ¿Cómo fue su relación con George Bush?

R: En el plano personal es simpático y amigable, pero tuvimos serios desacuerdos políticos. De hecho, la gente se sorprendió cuando abandoné el cargo y me invitó a mí y a 40 de mis amigos a la Casa Blanca para una cena de despedida. Su mujer, Laura, era una gran mujer y fue muy amable con la mía.

P: Durante sus diez años de mandato entró usted en contacto con muchos líderes. ¿Alguno de ellos causó un especial impacto en usted?

R: Me encontré con muchos líderes y muchas personas en esos años. Muchas veces se menciona a Nelson Mandela. Pero hay varios líderes que han hecho auténticas contribuciones y que tienen una increíble capacidad política y de liderazgo. Le sorprenderá, pero Bill Clinton fue uno de ellos: es un hombre que está alerta, que entiende la política de modo instintivo, que adora la política, que tiene una increíble capacidad para conectar con la gente, y es muy competente intelectualmente. Helmut Kohl era un líder fuerte y seguro de sí mismo. Creo que sin él no hubiéramos visto la reunificación de las dos Alemanias.

P: ¿Y quién le decepcionó?

R: A eso no contestaré, sería una manera de insultar.

P: José Luis Rodríguez Zapatero aparece en su libro, pero José María Aznar no.

R: Es una coincidencia. También conocí bien a Aznar. Probablemente mencioné a Zapatero porque desempeñó un papel en los acontecimientos de los que estaba escribiendo y Aznar ya no estaba. No hay un juicio de valor en esto que señala.

P: Sí, lo puedo imaginar, ¿cómo fue su trato con ellos?

R: Trabajé bien con los dos. Llegué a conocer bien tanto a Aznar como a Zapatero; en lo global, habitualmente, coincidíamos. Pero, por supuesto, en Irak estábamos en distinto lado. Aznar fue uno de los que acudieron a la cumbre de las Azores.

P: La cumbre de las Azores, todo un episodio, ¿cómo vivió ese momento?

R: Mejor pasemos a otra cosa.

P: ¿A otra cosa?

R: Sí [y se ríe].

P: Sigamos en España. Le quería preguntar por su opinión sobre el modo en que se está desarrollando el fin de la violencia de ETA. La banda terrorista emitió un comunicado a finales de marzo advirtiendo de consecuencias negativas por la falta de diálogo con el Gobierno de Rajoy, que no quiere sentarse a negociar. La Conferencia de Aiete, que se celebró en San Sebastián, y en la que usted participó, instaba al diálogo. ¿Cree usted que el Gobierno está haciendo lo suficiente para que se produzca? ¿Considera que ETA debería disolverse para propiciar ese diálogo?

R: Cuando acudí a San Sebastián pensé que había una oportunidad para el diálogo. ETA estaba dispuesta a dar ciertos pasos positivos; había que captar el momento y emprender el diálogo. Fue un momento en el que había elecciones y llegó un nuevo Gobierno, y yo animé al diálogo, llegara quien llegara al Gobierno; pero no ha ocurrido. Cuando hay este tipo de conflictos, en mi opinión, diálogos significativos son siempre sanos, son una salida, son una manera de buscar una solución, y también una manera de construir y de evitar lo peor, si me permite decirlo así.

P: Ahora que está fuera de la ONU, y con la experiencia adquirida, ¿qué es lo que considera que habría que cambiar? ¿Tiene sentido que cinco países tengan derecho de veto en el Consejo de Seguridad?

R: No hay duda de que hay que reformar la organización, sobre todo el Consejo de Seguridad, que no refleja la realidad geopolítica de hoy, sino la de 1945. Tener a tres miembros europeos y ningún miembro de India o de África, con 54 países, o de Latinoamérica, que tampoco tiene un sitio permanente… y todos esos poderes emergentes: India, Brasil, Indonesia, Suráfrica… No es sostenible, querrán sentarse a la mesa, sentir que tienen peso, que sus voces son escuchadas. Si no se hacen reformas, habrá dificultades. Pero soy el primero que reconoce que hay cosas que se dan a la gente que son muy difíciles de quitar: una, los subsidios; la otra, los privilegios. Oímos hablar de subsidios más a menudo, porque es algo que se concede a los pobres, pero es igualmente difícil retirar privilegios a los ricos y poderosos.

P: Usted creció en una sociedad tribal, pero en una familia que no tenía ese espíritu; su padre, Henry Reginald, trabajaba para una empresa europea. ¿Cómo influyó todo ello en el hombre que acabaría siendo secretario general de la ONU?

R: Somos el producto de nuestro entorno, y yo recibí muchos tipos de influencias, en casa, en el colegio, en los días de la lucha por la independencia… Viví distintos mundos, el tradicional, el moderno y el políticamente cargado. Mis años de adolescente coincidieron con la lucha por la independencia, y la conseguimos sin demasiada sangre. Aquello me enseñó que el cambio es posible. Siempre he vivido mi vida pensando que el cambio es posible, hay que buscarlo, hay que empujar para que se produzca, no hay que tener miedo a buscar el cambio.

P: Uno de los mayores cambios en su periodo como secretario general fue que por primera vez en la historia de las Naciones Unidas un secretario general apoyó el uso de la fuerza por parte de la OTAN, y sin la autorización del Consejo de Seguridad, en Kosovo. ¿Fue una decisión difícil?

R: Fue difícil, pero lo vi como una excepción, no como un precedente. Normalmente, cualquier acción debería ser adoptada con el acuerdo del Consejo de Seguridad. En aquellos momentos había vivido todo lo ocurrido en la antigua Yugoslavia: Serbia, Bosnia, Croacia, afectaba también a Montenegro, estábamos preocupados con Albania y Macedonia, y vimos las atrocidades que se estaban cometiendo. No podíamos dejar que se extendiera a Kosovo y luego mirarnos los unos a los otros y decir: “¿Qué ocurrió?, ¿por qué no hemos actuado?”. La acción de tratar de evitar la extensión de lo que habíamos visto durante tres años era legítima, y por eso dije que hay momentos en que necesitas usar la fuerza para servir a la paz.

P: No todo el mundo está de acuerdo con esto.

R: Quiero decir que hay momentos en los que el uso de la fuerza es necesario. En Kosovo era un imperativo ético, humano. El género humano ha estado batallando durante varios milenios. Yo prefiero situaciones en las que evitemos las guerras. En mi opinión, en las guerras todo el mundo pierde, incluidos los ganadores. Para ganar una guerra estás obligado a hacer cosas inhumanas y brutales que lamentas haber hecho durante toda tu vida. Incluso si crees haber derrotado al otro, tienes que vivir con tu conciencia, y eso te afecta. En la guerra no hay ganadores, somos todos perdedores.

 

* Jose Elola, El Pais, 11 Abril 2013

Un acto terrorista causa tres muertos y un centenar de heridos en Boston

El maratón de Boston, una de las señas de identidad de esta histórica ciudad, fue objeto este lunes de un ataque con bombas, coordinado y perfectamente planificado, según la policía, que tenía el claro propósito de sembrar la muerte y el caos de forma masiva e indiscriminada. Tres personas perdieron la vida, según un primer balance, y cerca de un centenar sufrieron heridas de diversa consideración, algunas de las cuales, al menos 17, se encontraban anoche en estado crítico.

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El presidente Barack Obama se dirigió al país unas horas después del suceso para prometer que, pese a que no se conocía aún a los responsables de este nuevo ataque terrorista contra Estados Unidos, “las personas o grupos culpables responderán ante la justicia”. “Vamos a llegar hasta el fondo de este episodio”, aseguró.

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El reloj de la meta del maratón de Boston marcaba 4 horas, 9 minutos y 43 segundos cuando estalló el primer artefacto entre las filas del público que seguía la carrera. Hacía ya hora y media que habían entrado los mejores atletas y se acercaban en ese momento al final de su odisea los más modestos aficionados. Algunos de ellos cayeron al suelo por efecto del estallido, otros siguieron corriendo espantados entre los gritos y los llantos de los presentes. El público saltó alocadamente las vallas de protección buscando refugio sin rumbo.

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Tras su huida, los rastros de sangre y el destrozo provocado fueron la primera indicación del tamaño de la tragedia ocurrida. Apenas 10 segundos después hizo explosión una segunda bomba en un lugar próximo, en los alrededores del hotel Fairmont Copley Plaza, donde estaba la base de la organización del maratón, provocando escenas similares.

Al tratarse de un acontecimiento de esa magnitud y seguimiento, la policía y las ambulancias, que se encontraban movilizados en la zona,estuvieron inmediatamente en condiciones de trasladar a los heridos al hospital y desalojar el lugar, lo que, probablemente, salvó algunas vidas. Varios medios de comunicación informaron de que una tercera bomba fue localizada por los especialistas antes de que llegase a hacer explosión y fue detonada de forma controlada.

RECONSTRUCCIÓN DEL ATENTADO EN BOSTON.  / MARIANO ZAFRA / EL PAÍS

Unos minutos más tarde, en otro lugar emblemático de Boston, la biblioteca John F. Kennedy, se produjo otra explosión que provocó un incendio, aunque no muertos ni heridos. La policía no quiso anoche vincular este incidente con los anteriores, pese a que reconoció que las explosiones estaban siendo investigadas como un ataque coordinado y planificado. Entre los tres muertos confirmados, se encuentra, según medios de comunicación locales, un niño de ocho años.

Las autoridades tomaron rápidamente medidas extraordinarias de seguridad en Boston y en otras ciudades de Estados Unidos. En Boston fue cerrado el aeropuerto y se conminó a la población a permanecer en sus casas mientras la policía, que no ha detenido aún a ningún sospechoso, procedía con las operaciones de control. En Nueva York, Washington y Los Ángeles se adoptaron también medidas adicionales de protección de los edificios más representativos, con el recuerdo inevitable del ataque terrorista del 11 de septiembre de 2001. Desde esa fecha, no se había producido un ataque de esta naturaleza.

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Cuando se le preguntó al jefe de policía de Boston, Ed Davis, si estábamos ante un ataque terrorista, respondió: “No le estamos llamando así, pero ustedes pueden sacar sus propias conclusiones”. Obviamente, como un ataque terrorista está siendo tratado por el FBI, que está dirigiendo las investigaciones y con cuyo director, Robert Mueller, habló este lunes Obama para recibir la última información. El presidente conversó también con la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano.

La ausencia de una amenaza previa o de pistas sobre los posibles culpables hace este ataque terrorista particularmente preocupante para el Gobierno. Son muchos los autores potenciales y compleja la decisión de hacia dónde dirigir la mirada de los investigadores.

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El lugar en el que ocurrieron las dos explosiones principales disponía de cámaras, tanto de los organizadores de la carrera como de la policía, que podrían ayudar en la búsqueda de pistas. La maratón de Boston, como la de Nueva York o Chicago, son de esas grandes concentraciones humanas que cada año representan un dolor de cabeza para los responsables de la seguridad de esas ciudades, pero que también resultan imprescindibles para mantener el ambiente de libertad y divertimento que exige una sociedad democrática. Una carrera popular es un símbolo, aquí y en otros países, de la conquista del espacio urbano por los ciudadanos. La de Boston, que este año reunía a unos 30.000 corredores de todo el mundo, es una de las más antiguas e ilustres y, por tanto, un objetivo magnífico para quien pretende alcanzar relevancia a costa de sangre fácil. Por mucha protección que se quiera dar a un evento así, siempre será inevitable una acción de esas características.

 

Texto por , Washington, 16 ABR 2013

 

“Hay que evitar que el mundo lo controle el 1% de la población”

En el torreón noroccidental del centenario edificio modernista de la Alhóndiga de Bilbao, Margaret Atwood confirmó una aporía y una verdad conocida por todos: es la década de las distopías que parecían extinguidas, de las fugas por donde se escapa el porvenir.

No es un oráculo, pero sus libros se leen como revelaciones. Piezas del rompecabezas de la vida ordenadas en alta literatura. Ella, que ha oteado el pasado (El asesino ciego), el presente (Pagar. Con la misma moneda) y atisbado un futuro inquietante del mundo en sus libros (El cuento de la criada), no tiene claro el desenlace del binomio democracia-capitalismo que ha puesto en jaque a parte de Occidente. “No sé hacia dónde va la democracia, pero lo que sí sé es que hay que ser capaces de crear un sistema para ayudar a los pobres y evitar que el mundo y toda la riqueza la controle el 1% de la población como ocurre hoy. En el siglo XXI se ha ampliado la brecha entre ricos y pobres”, asegura Margaret Atwood (Ottawa, 1939), con una preocupación que intensifica el celeste de sus ojos, en amable interrogación.

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No sé hacia dónde va la democracia, pero lo que sí sé es que hay que ser capaces de crear un sistema para ayudar a los pobres y evitar que el mundo y toda la riqueza la controle el 1% de la población como ocurre hoy

Última parada de Atwood sobre la realidad, después de evocar y desandar su vida como escritora en un viaje iniciado allá por los años cuarenta, muy cerca del círculo polar canadiense. Ese tránsito de ida y vuelta entre la lectura y la escritura lo recordó la poeta, novelista, cuentista, ensayista y ganadora del Príncipe de Asturias de las Letras 2008 antes de la inauguración, ayer, del Festival Internacional de las Letras Gutun Zuria, organizado por Alhóndiga Bilbao, bajo el lema Fábulas del lector/escritor, con autores como John Banville, António Lobo Antunes y Alberto Manguel. Además, acaba de publicar Un día es un día (Lumen), una antología de cuentos sobre mujeres, uno de sus temas capitales.

Desde ese torreón circular de piedra y hormigón, impregnado por las coloridas luces parpadeantes que se cuelan de la gran pantalla colgada del techo del vestíbulo de la Alhóndiga, Atwood avista un horizonte plagado de miedos. A todo lo anterior se suman situaciones desveladoras que van desde un Internet con muchas fugas, una sociedad en la que se espían unos a otros, lo mismo que hacen los gobiernos, hasta los avances vertiginosos en el caso de la ciencia y la tecnología, pasando por el maltrato a la naturaleza.

Ella misma ha advertido de los riesgos de la deriva del ser humano en novelas como Oryx y Crake. Coge un bolígrafo azul, y sobre una hoja traza un círculo que parte en dos con una ese estilizada. El yin y el yang. “Siempre ha sido así. Utopías y distopías”.

Cada libro es un mundo y un diseño y arquitectura único. Hay escritores musicales y visuales. Un libro es un solo libro para muchos lectores únicos y que, por lo tanto, cada uno interpreta a su manera

Las palabras que llevaron a la escritora a hacer ese dibujo surgen de su explicación de que cuando se creía que las distopías habían acabado con Orwell, cayó el Muro de Berlín, en 1989, y resurgieron. El siglo XX fue el de las utopías, dice, “de querer hacer realidad lo descrito en el XIX. La Unión Soviética y la Alemania nazi se presentaban como sociedades utópicas, y se lo creyeron. Fue un siglo de experimentos sociales, solo que nos fue peor que lo descrito en la literatura”.

Ante la pregunta de cómo sería la temática y arquitectura de una novela que refleje el presente, dice, al instante y entre risas: “¡Zombies!”. Y sigue con la broma, pero en esa simplificación hay vida. Lo dice una autora vigilante de la realidad, que denuncia, reivindica, alerta de problemas e injusticias sociales y políticas; lo dice una gran arquitecta de complejas y eficaces estructuras narrativas. ¿Cómo lo hace? “Me vuelvo loca”, contesta entre risas y moviendo de lado a lado su melena blanca ensortijada. “Cada libro es un mundo y un diseño y arquitectura único. Hay escritores musicales y visuales”. Ella se considera de los segundos. Y recuerda que Robert Bringhurst en La voz del significado viene a decir que un pájaro necesita su tiempo para volar, “tener las alas o la arquitectura desde el comienzo no basta para volar”.

Una imagen y una metáfora que cierra su reflexión, iniciada minutos antes sobre el arco que hay desde que empezó a escribir con 16 años y luego a publicar con 27, hasta llegar al medio centenar de títulos hoy. “Un libro es un solo libro para muchos lectores únicos y que, por lo tanto, cada uno interpreta a su manera”. Para ella, siempre presente en las quinielas del premio Nobel, el autor es como un compositor musical, el libro una partitura y el lector su intérprete, el violinista de esa partitura. “Y hay buenos, regulares y malos violinistas; al igual que compositores. Pese a que hay una fantasía posmoderna que dice que cada lector puede interpretar lo que quiera, aunque como en las partituras de Mozar hay una limitación para sus interpretaciones. No son infinitas”.

Lo que tiene claro que ha cambiado es “¡El punto de vista!”. Cuando eres joven, rememora Atwood, con voz suave y expresión entre nostálgica y sonriente, “¡nadie te mira, nadie te critica!, no hay ni espectadores ni críticos. Pero cuando publicas (entonces su rostro se torna ligeramente asombrado y teatral) aparece de la nada ese fantasma llamado crítico y no sabes quién es tu público. Esta es una gran diferencia frente a otras manifestaciones artísticas, como el teatro o el cine, donde los creadores conocen la reacción de la audiencia inmediatamente. Con la literatura, en cambio, no es así”.

No había radio, no había electricidad, no había librerías, no había cines… ¡no había ni gente!, y llovía o nevaba, así es que empecé a leer los libros que había en casa para entretenerme

Ella desde muy niña siempre jugó a intérprete y compositora. Al final se decantó por crear partituras como resultado de muchas lecturas infantiles y otras precoces, escribiendo a mano y luego pasándolo en una máquina de escribir. No hubo un libro revelador que la llevara a ser escritora. Fue un corpus de autores entre los que están Hemingway o Mansfield y la narrativa del siglo XIX donde descubrió que también las mujeres podían dedicarse a escribir.

En ellos, y en otros antes que ellos, está su origen como escritora. En la niña violinista de libros al norte de Quebec cuando hacia los cuatro años empezó a leer porque no había nada que hacer salvo disfrutar de la belleza de la naturaleza. “No había radio, no había electricidad, no había librerías, no había cines… ¡no había ni gente!, y llovía o nevaba, así es que empecé a leer los libros que había en casa para entretenerme”, evoca divertida Atwood. Leyó muchos, entre ellos los de Beatrix Potter oLa isla del tesoro, de Stevenson; y luego más avanzados para su edad como los de Sherlock Holmes, e incluso en la preadolescencia unos que no entendía del todo, como Rebelión en la granja, de Orwell. Así descubrió la primera distopía.

Con este comienzo de su evocación que se haría circular una hora después, Margaret Atwood empezó a echar un vistazo atrás en su vida. Como prólogo, paseó por un pasillo de la Alhóndiga y se sorprendió bañada por una luz azulada que caía de lo alto, levantó la cabeza y vio que el techo era el fondo transparente de una piscina donde las personas se movían dentro del agua como en un sueño.

 

*Winston Manrique Sabogal, 11 Abril 2013

 

Graduados en Derecho demandan a sus universidades por no encontrar trabajo

A Cory Bennett, licenciada en derecho por la University of San Francisco School of Law, nunca se le pasó por la cabeza que, tras las muchas horas invertidas en prepararse para ejercer de futura abogada y los más de 150.000 dólares invertidos en la carrera, acabaría aterrizando en Macy’s, con un sueldo de menos de diez dólares la hora.

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Su historia es parecida a la de miles de licenciados de Derecho en las universidades de Estados Unidos que cada año apuestan por estudiar leyes en facultades de gran prestigio. Estas atraen a sus clientes barajando datos muy atractivos de empleabilidad, con cifras de hasta por encima del noventa por ciento en cuanto al número de graduados que han conseguido integrarse en el mercado de trabajo. Un espejismo que en muchos casos contrasta con la dura realidad de un mercado saturado de abogados y la fuerte competencia de internet.

Los recién licenciados, tras meses de infructuosa búsqueda de trabajo en su campo de especialidad, se ven obligados a tener que aceptar el primer empleo que encuentran en restaurantes, tiendas o lo que sale al paso. Intentan, entre otras cosas, hacer frente a los costosos préstamos que han de devolver a los bancos que han financiado sus estudios, muchas veces por valor de más de 100.000 dólares.

“Doblar camisas en Macy’s es el destino para muchos”, asegura el abogado J.R Parker, representante de varios afectados en California. Cómo van a lograr devolver los préstamos con sueldos de hasta menos de 10 dólares a la hora es la pregunta que ronda en la cabeza de muchos.

La situación se ha hecho tan insostenible que estudiantes de más de veinte universidades de Estados Unidos han emprendido una acción judicial conjunta contra sus facultades. Entienden, en palabras del equipo de abogados Strauss y Anziska que lleva el caso, que “las escuelas han violado las leyes de protección del consumidor de los estados en los que operan, ofreciendo datos engañosas sobre los porcentajes de estudiantes que encontraron trabajo tras graduarse. Los demandantes alegan que sus centros conocían que esas cifras no eran reales, pero las mantuvieron para atraer a más estudiantes. De haber conocido la realidad, muchos aspirantes no se habrían matriculado”.

“Doblar camisas en Macy’s es el destino para muchos”

En California, donde las leyes de consumo son más estrictas que en otros estados, se han admitido las cinco demandas presentadas contra las universidades de San Francisco’s Golden Gate University,SouthwesternSan Diego’s Thomas JeffersonUniversity of San Francisco y California Western School of Low. Estudiar en cada una de estas universidades cuesta una media de 40.000 dólares al año.

Si prosperan las demandas se podría crear un precedente, no solo para California, sino para el resto de los estados. Strauss y Anziska explican que “ el propósito es no solo compensar a los demandantes, sino también cambiar la manera en que las facultades de derecho operan, para que nadie sienta que le han engañado y han frustrado sus expectativas de encontrar un trabajo acorde con sus estudios”.

Las estadísticas de empleabilidad que manejan las universidades están basadas en los criterios de la American Bar Association (ABA), la asociación americana de abogados. Si bien es cierto que esos criterios se han modificado recientemente, tras la demanda presentada por las universidades. El cambio significa que las cifras de empleabilidad son ahora menos atractivas que tiempo atrás.

Michael C. Sullivan, un abogado que representa a las facultades, manifiesta que “las universidades publican los mismos datos que son requeridos por la ABA, aunque debido a que las pautas de actuación han cambiado, ahora los centros deben desglosar el numero de licenciados que han conseguido trabajo en su campo de especialización”.

Y la realidad es que cada vez resulta más difícil para los licenciados en derecho obtener un trabajo. Servicios online y avanzados programas de software suplen la contratación de graduados en derecho con un menor coste y en menos tiempo. Un estudio llevado a cabo en el 2011 entre los estudiantes de derecho arrojó el resultado de que sólo el 55 por ciento de los graduados encontraron trabajo en el campo de las leyes nueve meses después de graduarse. Y en el 2004 había 50.0000 empleos más que en el 2010.

La escasez de empleos se esta traduciendo también en la reducción de estudiantes en las facultades de derecho. Algunos expertos creen que las universidades que ocupan las últimas posiciones dentro del ranking de las mejores facultades de derecho corren el riesgo de desaparecer y que, incluso las mejores, se van a ver obligadas a reducir el numero de alumnos por clase.

La polémica está servida y no ha hecho más que empezar. Ahora habrá que esperar a ver que dictaminan los tribunales.

 

* Vicenta Cobo, El Pais, 11 Marzo 2013

Inmigrantes en EE.UU. inician una campaña musical contra las deportaciones

El proyecto musical, inspirado por músicos y activistas inmigrantes, ha empezado a convertirse en una herramienta de los inmigrantes para pedir el cese de las deportaciones de EE.UU.

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La popularidad de la canción ‘El hielo’, del grupo musical latino La Santa Cecilia, permitió poner de relieve la gravedad del problema migratorio con una letra que relata el drama humano de la separación familiar debido a las deportaciones. El clip de ‘El hielo’ lo interpretan inmigrantes sin papeles, así como la activista Erika Andiola, su madre y ‘dreamers’. 

El término ‘dreamers’ (‘soñadores’) designa a personas que llegaron a EE.UU. de manera irregular siendo menores de edad, y deriva de Dream Act (‘la ley del sueño’), un proyecto legislativo que tiene como objetivo concederles el permiso de residencia permanente a todos aquellos que se encuentran en esta situación.  

El título de la canción es la traducción de la palabra ‘ice’, que coincide con las siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU., institución encargada de las operaciones de detención de los inmigrantes que viven en el país sin documentos legales. 
En el 2012, mediante el ICE, el gobierno estadounidense deportó a unos 410.000 inmigrantes, y subrayó que sus esfuerzos se centraron en la deportación de inmigrantes que hubieran cometido delitos graves. Sin embargo, los activistas afirman que el ICE está deportando también a muchos inmigrantes con antecedentes por delitos menores.  

‘El hielo’ también es el núcleo del proyecto Not One More Deportation (‘ni una deportación más’), que aboga por los derechos de los trabajadores inmigrantes. La campaña intenta presionar al gobierno de Obama para que deje de deportar a inmigrantes que no han cometido delitos graves.

* RT, 10 Abril 2013

Maduro lució un sombrero de paja con un pajarito en un acto de campaña

El presidente encargado de Venezuela y candidato del oficialismo en las elecciones del próximo domingo se mostró en público con un gorro que le obsequiaron; “Miren qué bonito, me lo regaló una compatriota de Nicaragua”, contó.

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CARACAS.- Faltando pocos días para las elecciones venezolanas y en una reñida campaña entre el presidente encargado de Venezuela y el candidato opositor, Henrique Capriles, hoy durante un acto, Nicolás Maduro lució un sombrero de paja con un pájaro artificial en su parte superior.

“Miren qué bonito, me lo regaló una compatriota de Nicaragua”, contó Maduro. Y agregó: “Qué bello, con un pajarito allí. Parece un sombrero vietnamita, del ejército de Ho Chi Minh”.

La semana pasada, al comienzo de la campaña, Maduro dijo que el fallecido presidente Hugo Chávez se le había aparecido en forma de pajarito “chiquitico”, comentario que generó críticas de la oposición y burlas en las redes sociales.

“Lo sentí ahí como dándonos una bendición, diciéndonos: ‘hoy arranca la batalla. Vayan a la victoria. Tienen nuestra bendiciones’. Así lo sentí yo desde mi alma”, relató Maduro en el acto de apertura de campaña en Barinas, la tierra natal de Chávez.

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En esta oportunidad, durante el acto en el estado central de Vargas, Maduro no hizo comentarios sobre ese tema. En tanto, en lo que va de la campaña, el aspirante oficialista ha lucido diferentes sombreros, por lo general característicos de los lugares que visita.

Venezuela celebra elecciones este domingo para determinar quién finaliza en 2019 el mandato que Chávez comenzó el 10 de enero pasado con Maduro y el opositor, Henrique Capriles, como favoritos para llevarse la victoria.

EFE.

 

Lo que Thatcher aprendió de Pinochet

Si bien el gobierno de Margaret Thatcher, la ex primera ministra de Reino Unido fallecida el lunes, es reconocido como uno de los pioneros mundiales en la política de privatizaciones, un país latinoamericano se le adelantó en varios años en la aplicación de esa polémica estrategia económica.

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(Pinochet y Thatcher durante su encuentro en Londres en 1998.)

Se trata del gobierno militar chileno de Augusto Pinochet, que de algún modo sirvió de modelo para lo que ocurrió después en el Reino Unido.

Pinochet, que llegó al poder tras un golpe de Estado en 1973, adoptó casi desde sus inicios una política económica de desmonte de la influencia del Estado.

Bajo la batuta de tecnócratas educados en Estados Unidos, los llamados “Chicago Boys“, Chile inició su experimento con la economía de mercado seis años antes de que Thatcher se convirtiera en primera ministra británica en 1979.

Más aún, el economista austriaco Fredrich Hayek, considerado como el mentor intelectual de Thatcher, visitó Chile para conocer el experimento económico de Pinochet.

Hayek llegó a recomendarlo a la mandataria como un modelo de lo que podrían lograr sus políticas privatizadoras en el Reino Unido, según señala el académico de la Universidad de Nueva York Greg Grandin en su libro “Empire’s Workshop: Latin America, the United States, and the Rise of the New Imperialism“.

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Grandin reconoce que, sin embargo, Thatcher dudó que pudiera replicar el modelo chileno en su país, ya que las instituciones democráticas de Reino Unido y la necesidad de “un alto grado de consentimiento” volvían “inaceptables” para los británicos algunas de las medidas económicas que Pinochet ensayó en su país.

Ambos casos económicos han sido objeto de vehementes valoraciones por parte de los analistas, tanto a favor como en contra.

Otro aspecto de la relación entre Thatcher y Pinochet se evidenció en octubre de 1998, cuando el general chileno fue arrestado en Londres tras una orden de captura internacional emitida por el juez español Baltasar Garzón.

El magistrado español pretendía extraditar a Pinochet para juzgarlo en España por crímenes de lesa humanidad. Durante el arresto domiciliario de Pinochet, Thatcher expresó abiertamente su apoyo al militar chileno.

* Luis Fajardo, BBC Mundo, 9 de abril de 2013