Reglas maquiavelicas del Ajedrez Político en Perú

Algunos analistas politicos creen que la política ,en nuestro mundo actual, tiene mucho parecido al juego de Ajedrez el cual es un deporte que cuando se agarran dos ajedrecistas de nivel se pueden desarrollar unas situaciones complejas que demandan mucho ingenio, concentración y/o experiencia de los jugadores. El resultado final, a veces, puede ser sorprendente y dentro del tramite de juego se puede sacrificar algunas piezas tan importantes como la reina, para finalmente ganar la partida. Lo hermoso del ajedrez es que todo tiene reglas ; a pesar de las numerosas variantes y combinaciones que se pueden hacer. Al final queda registrado, para los entendidos, las estrategias y detalles usados en dicho juego particular.

(Garry Kasparov, campeon mundial, 1986-2005, jugo en Perú) 

Relacionándolo con la política podemos decir que si bien el juego es el mismo para todos los países formalmente democráticos; sin embargo en las estrategias, trampas o detalles usados hay diferencias entre países.

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También hay diferencias en los habitantes, su nivel educativo, cultura o temas que mas le gusta tratar a la mayoría de su población. Incluyendo a sus empresarios mas adinerados o exitosos económicamente que tambien son parte de la población.

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En el ultimo punto es muy importante el tipo de medios de comunicación y su personal que existe en cada país, es decir si son periodistas honestos en sus principios o No, si son periodistas independientes o No, si son periodistas que quieren a su país o No.

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Volviendo al ajedrez podemos ver que las piezas usadas son: Rey, reina, alfiles, caballos, torres y peones. En cuanto a la política ,en general, las principales piezas son:

  • Educación de Población (Historia, religión, ética, moral, etc.),
  • Medios de comunicación masivo (periodistas en TV, Radios o diarios),
  • Corporaciones (empresarios con mucho dinero),
  • Analistas Políticos, Troles o Personalidades publicas (Honestos o vendidos),
  • Policía o Fuerzas armadas (Patriotas, valientes o NO), y
  • Tontos Útiles (incluye a los que se hacen o son indiferentes)

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Veamos los detalles de algunos de las piezas del “Ajedrez peruano actual” en particular; aunque si nos elevamos un poco podemos ver que con las variantes adecuadas, segun el país, se pueden aplicar a muchos países de nuestro mundo actual.

  • Educación de Población (Historia, religión, ética, moral, Etc.)

La educación desde la escuela publica secundaria, donde se encuentra la gran mayoría de estudiantes en Perú debería ser, como yo lo viví (Pues yo estudie en un colegio nacional, GUE: Alfonso Ugarte), donde a pesar de todas las limitaciones materiales tuve una buena educación secundaria y todavía recuerdo Los cursos de Historia del Peru 1, 2, 3, 4 y 5. También de Historia Universal donde el heroísmo del general leonidas y sus soldados espartanos, entre otros temas mundiales, fue muy bien explicado por profesores que ensenaban con placer y sabiduría sus cursos; a pesar de tener sueldos mensuales bajos o injustos.

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Tuve un curso de educación Cívica donde se nos ensenaba las funciones del presidente, ministros, el congreso (diputados y senadores), alcaldes, de la historia de la bandera peruana, del himno nacional y otros símbolos patrios. Todavía me acuerdo de ello y algunos libros de historia de profesores como Telmo Salinas Garcia y Gustavo Pons Muzzo todavía los conservo en el baúl de mis recuerdos escolares.

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Dicha clase de educación empezó a destrozarse durante el primer gobierno de Alan Garcia alrededor de 1987 y luego fue continuado de manera mas Radical por Alberto Fujimori quien tuvo el poder en el Perú de 1990 al 2000. Luego huyo al Japón y renuncio al gobierno del Perú por fax, postulo al congreso japones sin éxito y luego  de unos anos trato de regresar al Perú por Chile , donde fue detenido y luego extraditado, juzgado y condenado en Perú y hoy indultado por el actual presidente PPK.

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Dichos cursos se retiraron, limitaron o censuraron en su contenido  ; ademas de poner a muchos profesores de bajo nivel académico quienes estaban mas preocupados en ganar un dinero que por lo menos les alcance para mantener a su familia.

En cuanto a la religión cristiana o católica, en Perú, no ha servido de mucho; pues por las encuestas recientes, se ve que hay muchos cristianos; pero, la contradicción es que tambien hay un gran porcentaje de creyentes que apoyan al “roba; pero hace obra”. Sobre este tema lo tratare mas extensamente en otro blog.

  • Medios de comunicación masivo (periodistas en TV, Radios o diarios)

No es exclusivo del Perú que algunos medios de comunicación masivos (Diarios, radios y TV) se vendan a intereses que tienen que ver con la corrupción. Incluso, algunos periodistas conocidos descaradamente engañan, ocultan o dirigen las noticias a sus intereses maquiavelicos de su gran jefe; previo pago monetario, por supuesto.

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Pero en el caso del Perú es singular; pues actualmente se esta volviendo a copar todos los poderes del estado por un solo grupo o acuerdo de grupos mafiosos, es decir, en la practica es una dictadura con disfraz de democracia; donde a quien no sea miembro de su grupo o siga sus ordenes lo insultan, marginan o hasta pueden inducir a que lo maten y todo queda en la impunidad.

  • Corporaciones (empresarios con mucho dinero)

Hay empresarios que son honestos en trabajar y cumplir la ley, ganar dinero legalmente sin corrupción o coimas, dar trabajo productivo y ademas contribuir a su país como cualquier patriota o buena persona lo haría.

Para ellos mis respetos y creo que son muy valiosos, sobretodo si ademas de lo arriba escrito tienen amor por su patria y valores éticos y morales; entonces dichos empresarios son básicos para el buen funcionamiento de la economía  de un país.

En el caso del Perú, lamentablemente, hace poco llevaron a la cárcel (prisión preventiva) a varios de los mas grandes empresarios peruanos, relacionados con grandes constructoras y/o el principal medio o grupos de comunicación  (El Comercio) quien junto con sus otros diarios, radios y canales de TV domina la opinión publica peruana.

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A ellos se les acusa de corrupción, denuncias que vienen de Brasil; pues en Perú para la mayoría de medios de comunicación masivo (Diarios, Radios y TV) todo era como el paraíso celestial, sin corrupción, por supuesto.

  • Analistas Políticos, Troles o Personalidades publicas (Honestos o vendidos)

Hay algunos analistas o personas publicas que salen a engañar o dirigir tendenciosamente algunas noticias para infundir temor, ocultar o confundir a la mayor cantidad de gente posible que los ve o sigue.

En cuanto a los troles son los anónimos mercenarios, quienes en la mayoría de casos se dedican a seguir todas las noticias políticas o a rivales para insultarlos y de esta manera confundir o tratar de asustar a la gente común que entra a ver los comentarios. Un consejo, nunca se debe perder el tiempo en responder un insulto o frases tontas que no dicen nada. Antes la política en Perú se desarrollaban debates de gran nivel intelectual, de uno y otro lado, acercándose de dicha manera a la verdad real de cada tema; pero con insultos o mentiras no se logra nada positivo.

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Por ejemplo, en Perú si sales a protestar pacíficamente o comentas objetivamente; entonces eres terrorista, rojo, rojete, caviar, comunista, etc. Si sigues argumentando con hechos objetivos, como ellos no pueden sustentar mentiras, solo te repiten fanáticamente cosas absurdas o falsas como:

Que gracias a Fujimori , solo a el , como si fuera un Dios y nos otorgaba una bendición celestial, se acabo el terrorismo en Perú; tambien dicen que el juicio que le hicieron no vale porque el es inocente y para terminar te mandan a Venezuela donde ahora te dicen que gracias a Fujimori los peruanos no se mueren de hambre como los venezolanos.

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Y la ultima de los Fujitroles es que los jóvenes no pueden salir a protestar ; pues la mayoría de ellos no habían nacido en 1990 y les han contado una historia falsa; entonces con esa lógica no podemos hablar o leer la historia de Jesús, Cristobal Colon, el Inca Atahualpa o Huayna Capac, Napoleón, Hitler o Jose de San Martin pues tampoco ninguno de los humanos vivos hoy, habíamos nacido en dichos tiempos.

En realidad dichos argumentos tan ridículos, de los defensores de la corrupción, solo caben en gente ignorante, corruptos o que esta fanatizada y no ve mas allá de su nariz o ya es un zombie.

  • Policía o Fuerzas armadas (Patriotas, valientes o NO)

Este es un tema delicado; pues si no se actúa con justicia y honestidad pueden morir gente inocente de todos los lados, como ya se vio en el gobierno de Fujimori, solo por protestar por justicia, que se acabe la corrupción y que se cumpla la ley en su propio país para todos por igual.

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  • Tontos Útiles (incluye a los que se hacen o son indiferentes)

Finalmente hay personas que están cómodos en su vida actual y no les interesa lo que le pasa a los demás; aunque sean sus vecinos. Quizás quieren mantener su trabajo y no les importa las injusticia que se haga con otros o que la corrupción siga avanzando.

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Ellos suelen aconsejar a los demás de que mejor no se metan en política, dedíquense a orar, cantar, bailar, contar chistes, jugar o tomarse lindas fotos familiares diciendo que aman a Dios, al mundo, a ti y a todos los demás humanos

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Mientras mantengan su trabajo y su rutina de vida actual; pero cuando los efectos negativos de la corrupción le llegue a ellos o familiares cercanos, ya los veras quejándose o llorando, es decir, a la largo o corto del tiempo, con su indiferencia actual son tan tontos útiles, en el mejor de los casos, como los verdaderos tontos útiles que existen en todos los países de este mundo actual. 

 

Hasta siempre.

Carlos Tigre sin Tiempo (C.V.P.)

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“El dinero no compra todo”; pero es necesario para mantener democracias

Sabemos que el dinero compra todo menos la amistad sincera y el amor verdadero; pero todo lo demas, practicamente, si lo puede comprar y ello puede llevar a las protestas públicas , al caos familiar o personal en la sociedad y a “la injusticia democrática” que puede dejar que la corrupción o inmoralidad se haga algo normal, como podemos verlo en varios hechos que ocurren en nuestro mundo actual.

Yo soy un convencido que la democracia es el mejor sistema política actual, siempre y cuando sea limpio y se deje participar a los representantes mayoritarios del pueblo o sociedad. En caso contrario, si solo gobiernan los representantes de los grupos económicamente poderoso, que representan minorías absolutas que quieren ganar todo el dinero posible para ellos y sus allegados; entonces la democracia se distorsiona y la injusticia e inequidad salarial o de oportunidad de progreso laboral se hacen mas notables.

Abajo comparto un video de Michael Sandel, profesor de la universidad de Harvard, quien habla en torno a la temática de su último libro,”Lo que el dinero no puede comprar” (Debate, 2013). Me parece que es un tema muy importante para que todos los humanos actuales podamos analizar este tema en detalle.

Ayudaria mucho que los medios de comunicación masivos tengan una hora diaria, en horario estelar, donde se analizen este tipo de temas con participantes que representen a todos los sectores de la sociedad o país. De esta manera la población del país se educara de manera práctica y positiva, ya que el resultado final de esta conferencia puede eliminar las diferencias sociales o culturales o las enormes diferencias salariales. Asimismo podríamos acercarnos a la verdad de la vida, a la justicia humana, a la unidad de la gran mayoría del país y, por tanto, la democracia se fortalecerá.

Hasta siempre.

Carlos Tigre sin Tiempo (CTsT)

 

Nota: Por si no se puede ver directamente (arriba) se puede acceder a este video en la siguiente direccion:

http://www.youtube.com/watch?v=sLqJWqVK4eg

Salarios injustos que ocasionan huelgas

Hasta hace poco mas de una década se pensaba que las huelgas o protestas de los trabajadores, por razones salariales, eran asuntos de los países del tercer mundo.

Pensaba que solo en dichos países había corrupción política e injusticia en temas salariales.

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Sin embargo, la vida me trajo a vivir y trabajar en países del mundo desarrollado y me di cuenta, que en el fondo era lo mismo. Es decir, tambien había corrupción política e injusticia salarial. Claro que la forma, intensidad o detalles son diferentes; pero en el fondo, si hacemos un listado de los principales factores, veremos que es la mismo.

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Claro que los pobres asalariados del primer mundo son económicamente privilegiados, en la comparación del entorno y el conteo de las cosas materiales, respecto a sus pares pobres de los países subdesarrollados o en desarrollo.

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En otros palabras, los pobres de los países desarrollados, injustamente marginados o tratados, deben cerrar su boca y no salir a protestar; pues son privilegiados en relacion al resto de pobres del mundo.

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Por supuesto que esta teoría la han creado aquellos billonarios, millonarios o adinerados que se creen dueños del mundo y de la vida de millones de humanos y quieren que dichos humanos, limitados económicamente, hagan lo que a ellos les conviene , pues no tienen opción ya que el mundo actual se maneja por dinero y quien mas tiene, puede tener mas poder y hacer casi lo que se le da la gana contra los demás, sabiendo que el sistema político, económico, legal y cultural esta diseñado para que ellos siempre sean protegidos o encubiertos en sus caprichos, codicia, inmoralidad o injusticia humana.

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Ademas se aseguran de dominar varios medios de comunicación masiva en la TV, radio, revistas o periódicos, donde usan a algunos periodistas o programas en diversos medios, para que con una propaganda subliminal o constante , logren convencer, confundir o engañar a muchas personas bajo su dominio o país.

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En este ultimo punto parece que las democracias de los países desarrollados actuales se están pareciendo a las despreciables dictaduras comunistas de antaño o gobiernos totalitarios que ya no tolera la mayor parte del mundo civilizado.

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Esto es algo que se puede evitar si se cuenta con una mayoría de politicos valientes, honestos, justos y solidarios, que no se dejen ganar por millonarios sobornos (lobbys) o por una ambición material irracional o simple maldad humana que siempre me sorprende comprobar.

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Lo mismo que algunos millonarios que quieran ser justos lo demuestren enfrentándose a sus iguales para acabar con problemas o situaciones que no tienen razón o justificación de existir si se quiere construir un mundo pacifico donde la democracia, libertad y justicia sea algo real y no algo reservado para minorías privilegiadas.

Hasta siempre.

Carlos Tigre sin Tiempo (CTsT)

Lo que Thatcher aprendió de Pinochet

Si bien el gobierno de Margaret Thatcher, la ex primera ministra de Reino Unido fallecida el lunes, es reconocido como uno de los pioneros mundiales en la política de privatizaciones, un país latinoamericano se le adelantó en varios años en la aplicación de esa polémica estrategia económica.

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(Pinochet y Thatcher durante su encuentro en Londres en 1998.)

Se trata del gobierno militar chileno de Augusto Pinochet, que de algún modo sirvió de modelo para lo que ocurrió después en el Reino Unido.

Pinochet, que llegó al poder tras un golpe de Estado en 1973, adoptó casi desde sus inicios una política económica de desmonte de la influencia del Estado.

Bajo la batuta de tecnócratas educados en Estados Unidos, los llamados “Chicago Boys“, Chile inició su experimento con la economía de mercado seis años antes de que Thatcher se convirtiera en primera ministra británica en 1979.

Más aún, el economista austriaco Fredrich Hayek, considerado como el mentor intelectual de Thatcher, visitó Chile para conocer el experimento económico de Pinochet.

Hayek llegó a recomendarlo a la mandataria como un modelo de lo que podrían lograr sus políticas privatizadoras en el Reino Unido, según señala el académico de la Universidad de Nueva York Greg Grandin en su libro “Empire’s Workshop: Latin America, the United States, and the Rise of the New Imperialism“.

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Grandin reconoce que, sin embargo, Thatcher dudó que pudiera replicar el modelo chileno en su país, ya que las instituciones democráticas de Reino Unido y la necesidad de “un alto grado de consentimiento” volvían “inaceptables” para los británicos algunas de las medidas económicas que Pinochet ensayó en su país.

Ambos casos económicos han sido objeto de vehementes valoraciones por parte de los analistas, tanto a favor como en contra.

Otro aspecto de la relación entre Thatcher y Pinochet se evidenció en octubre de 1998, cuando el general chileno fue arrestado en Londres tras una orden de captura internacional emitida por el juez español Baltasar Garzón.

El magistrado español pretendía extraditar a Pinochet para juzgarlo en España por crímenes de lesa humanidad. Durante el arresto domiciliario de Pinochet, Thatcher expresó abiertamente su apoyo al militar chileno.

* Luis Fajardo, BBC Mundo, 9 de abril de 2013

Ejemplo a no seguir

Han sido equivocadas muchas reacciones de gobiernos latinoamericanos frente a la muerte de Chávez.

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(Foto donde aparece Pdte. peruano Ollanta Humala frente al feretro del ex-pdte. HugoChavez) 

Aunque pocos han sido quienes lo han denunciado, la muerte de Chávez fue antecedida y precedida por golpes de Estado de su propio partido. Antes de la muerte de Chávez, Maduro asumió el cargo en contra de la Constitución, que señala que, para dichos efectos, era imprescindible que el presidente electo jurase. Y después de la muerte de Chávez, Maduro juró como “presidente encargado”, pese a que la Constitución es muy clara cuando señala que, en caso el presidente electo muera antes de la toma de posesión, le corresponde al presidente de la Asamblea Nacional asumir el cargo interino para que sea él quien convoque elecciones.

Sin embargo, lo que más sorprende no es que el chavismo desconozca su propia Constitución y haga lo que le venga en gana en Venezuela. Lo que más llama la atención es la falta de condena de estos sucesos por parte de la comunidad latinoamericana que en distintos instrumentos internacionales se ha comprometido a unirse para enfrentar este tipo de abusos del poder.

Y no solo eso, sino que muchos de los gobiernos de la región han entrado al juego hipócrita de homenajear a quien no fue más que un autócrata que arruinó a su país y que atropelló los derechos de sus ciudadanos. Chile, por ejemplo, declaró tres días de duelo y el presidente de Colombia calificó la muerte de “gran pérdida” para la región. ¿Estos gobiernos democráticos no encuentran extraño haber terminado respaldando la misma postura que las FARC, que se despidieron de Chávez calificándolo de “grandioso dirigente”?

Por supuesto, la actitud que más nos consterna es la de nuestro propio presidente, quien señaló que Chávez constituye “un ejemplo a seguir”.

Habría que preguntar: ¿ejemplo de qué? Claramente no será de sensatez económica. Hoy Venezuela sufre de la segunda inflación más alta del mundo, del déficit fiscal más grande en América Latina y de escasez generalizada de productos. Además, su nivel de crecimiento económico y de reducción de la pobreza (a pesar de cómo Venezuela se benefició por el aumento del precio del petróleo durante el chavismo) no se compara con el de países como el Perú o Chile.

¿Se habrá entonces referido el presidente Humala a que Chávez es un modelo de estadista? Ojalá no, pues el ex mandatario fue un campeón de la destrucción de la separación de poderes en su país y sumió a su gobierno en una profunda corrupción. No es casual que Venezuela ocupe el último lugar en el mundo en independencia judicial, según el Global Competitiveness Report, y que, de acuerdo con Transparencia Internacional, sea el décimo país más corrupto del mundo.

Asimismo, crucemos los dedos para que Humala no haya tenido en mente que Chávez constituye un modelo de respeto de los derechos humanos. Para Amnistía Internacional, los defensores de derechos humanos que critican al gobierno suelen ser víctimas de amenazas y ataques. Muchos de ellos han sido procesados y encarcelados por “traición” con penas de hasta 15 años. Y en cuanto al derecho de libertad de expresión, el gobierno de Chávez  ha perseguido duramente a los medios críticos de su régimen. A lo largo de sus dos mandatos cerró 34 estaciones de radios y dejó solo un canal independiente, Globovisión, al que persiguió de tal manera que hace unos días su dueño declaró que se ha visto forzado a venderlo.

Finalmente, ojalá el presidente no haya querido decir que Chávez es un modelo a seguir en lo que respecta a garantizar la paz y proteger las vidas de los ciudadanos. La tasa de homicidios se triplicó desde que llego al poder y hoy es la tercera más alta del mundo. Solo el año pasado han sido asesinadas 21.000 personas en Venezuela. La delincuencia general también es un problema enorme y lo más escandaloso es que –según denuncia Human Right Watch– los policías cometen uno de cada cinco crímenes.

Ojalá que la declaración del señor Humala (y las del resto de presidentes que homenajearon la figura de Chávez) simplemente haya sido resultado de no tener bien delineados los límites de la diplomacia y de un debido pésame. Y es que si algo queda claro es que, como gobernante, Chávez es un ejemplo a no seguir.

 

*Editorial diario “El Comercio”, Lima-Peru

Cáncer delivery

La inoculación imperialista del cáncer a Hugo Chávez es una tremenda leyenda urbana, que va a prender. Primero, porque las teorías conspirativas nunca mueren, sino que se quedan flotando por entre las franjas lunáticas de la población. Segundo, porque en la elección que se viene el chavismo le va a dar al tema como a bombo en fiesta.

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A Nicolás Maduro la idea también le sirve para disimular la manipulación de la enfermedad de Chávez, un paciente que insólitamente se fue muriendo de mejoría en mejoría, mientras se mantenía a la población en la oscuridad respecto de lo que estaba sucediendo en La Habana. La verdadera historia de ese periodo todavía no es conocida.

Los medios chavistas se están apoyando en la revista estadounidense Slate como una autoridad que denuncia conspiración. Pero una lectura del artículo aparecido allí revela que la inoculación del cáncer ha sido intentada en varios experimentos, pero que no es posible. De allí que el cáncer no sea considerado contagioso.

Luego está el argumento de los varios presidentes de izquierda con neoplasias en estos últimos años. Sin embargo ninguno de ellos ha fallecido, y el caso más reciente toca a Juan Manuel Santos, buen amigo de los EE.UU., a quien nadie acusaría de izquierdista. Que se sepa, nadie se ha contagiado entre los islamistas antioccidentales.

Quizás en el mundo de la realgeopolitik los imperios sí intentan asesinar a sus enemigos irreductibles. Allí están las historias, nunca demostradas pero verosímiles, de numerosos intentos de liquidar a Fidel Castro. Los pintorescos: tratar de acercarle un habano envenenado y en otro momento envenenarle el chocolate caliente al que era adicto.

Aunque Chávez nunca fue realmente un enemigo irreductible, sino más bien un socio petrolero, que mantuvo el crudo fluyendo hacia los grifos yanquis y gastó fortunas en empresas estadounidenses de servicios para la industria petrolera. Los insultos a George Bush y otros gobernantes bien valían los negocios bolivarianos.

Pero el negocio de Chávez, un hábil político si los ha habido en Venezuela, siempre fue aparecer más radical de lo que era. Así logró darles un populismo silvestre repartidor de dádivas a los pobres en un socialismo, cautelosamente apellidado “del siglo XXI”. Como dijo Rubén Darío de su poesía, sus errores serán todos de sus seguidores.

Si ha habido inoculación (después de todo la tecnología avanza a toda velocidad), los cubanos deberían estar en una posición óptima para reforzar o desmentir la suspicacia. Pues si se trató de un cáncer delivery, entonces también ha estado en su naturaleza ser incurable. Puestos a imaginar conspiraciones, el cielo es el límite.

 

* Mirko Lauer (13 marzo del 2013)

Gabriel García Márquez escribió en 1999 el mejor retrato que se conoce del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, tras asumir el poder en el vecino país. Excélsior reproduce este texto publicado por el diario ‘El País’ de España

 

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CIUDAD DE MÉXICO, 6 de marzo.- Carlos Andrés Pérez descendió al atardecer del avión que lo llevó de Davos, Suiza, y se sorprendió de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. “¿Qué pasa?”, le preguntó intrigado. El ministro lo tranquilizó, con razones tan confiables, que el presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despertó por teléfono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Había entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artillería.

Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Chávez Frías, con su culto sacramental de las fechas históricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Histórico de La Planicie. El Presidente comprendió entonces que su único recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisión para hablarle al país. Doce horas después el golpe militar estaba fracasado. Chávez se rindió, con la condición de que también a él le permitieran dirigirse al pueblo por la televisión. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumió la responsabilidad del movimiento. Pero su alocución fue un triunfo político. Cumplió dos años de cárcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han creído que el discurso de la derrota fue el primero de la campaña electoral que lo llevó a la presidencia de la República menos de nueve años después.

El presidente Hugo Chávez Frías me contaba esta historia en el avión de la Fuerza Aérea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince días de su posesión como presidente constitucional de Venezuela por elección popular. Nos habíamos conocido tres días antes en La Habana, durante su reunión con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresionó fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Tenía la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, así que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avión.

Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspondía para nada con la imagen de déspota que teníamos formada a través de los medios. Era otro Chávez. ¿Cuál de los dos era el real?

El argumento duro en su contra durante la campaña había sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a más de cuatro. Empezando por Rómulo Betancourt, recordado con razón o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derribó a Isaías Medina Angarita, un antiguo militar demócrata que trataba de purgar a su país de los treintiséis años de Juan Vicente Gómez. A su sucesor, el novelista Rómulo Gallegos, lo derribó el general Marcos Pérez Jiménez, que se quedaría casi once años con todo el poder. Éste, a su vez, fue derribado por toda una generación de jóvenes demócratas que inauguró el período más largo de presidentes elegidos.

El golpe de febrero parece ser lo único que le ha salido mal al coronel Hugo Chávez Frías. Sin embargo, él lo ha visto por el lado positivo como un revés providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuición, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo mágico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Chávez, católico convencido, atribuye sus hados benéficos al escapulario de más de cien años que lleva desde niño, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro Pérez Delgado, que es uno de sus héroes tutelares.

Sus padres sobrevivían a duras penas con sueldos de maestros primarios, y él tuvo que ayudarlos desde los nueve años vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parecía una ciudad porque tenía una plantita eléctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibió a él y a sus cuatro hermanos. Su madre quería que fuera cura, pero sólo llegó a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconocía por su repique. “Ese que toca es Hugo”, decían. Entre los libros de su madre encontró una enciclopedia providencial, cuyo primer capítulo lo sedujo de inmediato: Cómo triunfar en la vida.

Era en realidad un recetario de opciones, y él las intentó casi todas. Como pintor asombrado ante las láminas de Miguel Angel y David, se ganó el primer premio a los doce años en una exposición regional. Como músico se hizo indispensable en cumpleaños y serenatas con su maestría del cuatro y su buena voz. Como beisbolista llegó a ser un catcher de primera. La opción militar no estaba en la lista, ni a él se le habría ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debió ser otro milagro del escapulario, porque aquel día empezaba el plan Andrés Bello, que permitía a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el más alto nivel académico.

Estudiaba ciencias políticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasionó por el estudio de la vida y la obra de Bolívar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendió de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la política real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Chávez no entendía. ¿Y por qué si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco después, el capitán de su compañía le asignó la tarea de vigilar a un hijo de José Vicente Rangel, a quien se creía comunista. “Fíjate las vueltas que da la vida”, me dice Chávez con una explosión de risa. “Ahora su papá es mi canciller”. Más irónico aún es que cuando se graduó recibió el sable de manos del presidente que veinte años después trataría de tumbar: Carlos Andrés Pérez.

“Además”, le dije, “usted estuvo a punto de matarlo”. “De ninguna manera”, protestó Chávez. “La idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles”. Desde el primer momento me había dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto íntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y páginas enteras de Rómulo Gallegos.

Desde muy joven, por casualidad, descubrió que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como decía su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente Gómez. Fue tal el entusiasmo de Chávez, que decidió escribir un libro para purificar su memoria. Escudriñó archivos históricos y bibliotecas militares, y recorrió la región de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorporó al altar de sus héroes y empezó a llevar el escapulario protector que había sido suyo.

Uno de aquellos días atravesó la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capitán colombiano que le registró el morral encontró motivos materiales para acusarlo de espía: llevaba una cámara fotográfica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la región, un mapa militar con gráficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un espía, podían ser falsos. La discusión se prolongó por varias horas en una oficina donde el único cuadro era un retrato de Bolívar a caballo. “Yo estaba ya casi rendido, –me dijo Chávez–, pues mientras más le explicaba menos me entendía”. Hasta que se le ocurrió la frase salvadora: “Mire mi capitán lo que es la vida: hace apenas un siglo éramos un mismo ejército, y ése que nos está mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. ¿Cómo puedo ser un espía?”. El capitán, conmovido, empezó a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos países en una cantina de Arauca. A la mañana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capitán le devolvió a Chávez sus enseres de historiador y lo despidió con un abrazo en la mitad del puente internacional.

“De esa época me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela”, dice Chávez. Lo habían designado en Oriente como comandante de un pelotón de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los últimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidió refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Chávez empezaba a dormirse, oyó en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. “Era que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de béisbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas”, contó Chávez. Indignado, le exigió al coronel que le entregara los presos o se fuera de allí, pues no podía aceptar que torturara a nadie en su comando. “Al día siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia, –contó Chávez– pero sólo me mantuvieron por un tiempo en observación”.

Pocos días después tuvo otra experiencia que rebasó las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helicóptero militar aterrizó en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Chávez cargó en brazos a un soldado que tenía varios balazos en el cuerpo. “No me deje morir, mi teniente…”, le dijo aterrorizado. Apenas alcanzó a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Chávez se preguntaba: “¿Para qué estoy yo aquí? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra había terminado, ya no tenía sentido disparar un tiro contra nadie”. Y concluyó en el avión que nos llevaba a Caracas: “Ahí caí en mi primer conflicto existencial”.

Al día siguiente despertó convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitrés años, con un nombre evidente: Ejército bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y él, con su grado de subteniente. “¿Con qué finalidad?”, le pregunté. Muy sencillo, dijo él: “con la finalidad de prepararnos por si pasa algo”. Un año después, ya como oficial paracaidista en un batallón blindado de Maracay, empezó a conspirar en grande. Pero me aclaró que usaba la palabra conspiración sólo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea común.

Esa era la situación el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurrió un episodio inesperado que Chávez considera decisivo en su vida. Era ya capitán en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, Ángel Manrique, lo comisionó para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa.

A la una de la tarde, reunido ya el batallón en el patio de fútbol, el maestro de ceremonias lo anunció. “¿Y el discurso?”, le preguntó el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. “Yo no tengo discurso escrito”, le dijo Chávez. Y empezó a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bolívar y Martí, pero con una cosecha personal sobre la situación de presión e injusticia de América Latina transcurridos doscientos años de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jesús Urdaneta Hernández, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnición, muy disgustado, lo recibió con un reproche para ser oído por todos:

“Chávez, usted parece un político”. “Entendido”, le replicó Chávez.

Felipe Acosta, que medía dos metros y no habían logrado someterlo diez contendores, se paró de frente al comandante, y le dijo: “Usted está equivocado, mi comandante. Chávez no es ningún político. Es un capitán de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que él dijo en su discurso se mean en los pantalones”.

Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: “Quiero que sepan que lo dicho por el capitán Chávez estaba autorizado por mí. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo había contado ayer”. Hizo una pausa efectista, y concluyó con una orden terminante: “¡Que eso no salga de aquí!”.

Al final del acto, Chávez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jesús Urdaneta hacia el Samán del Guere, a diez kilómetros de distancia, y allí repitieron el juramento solemne de Simón Bolívar en el monte Aventino. “Al final, claro, le hice un cambio”, me dijo Chávez. En lugar de “cuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder español”, dijeron: “Hasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos”.

Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto tenían que hacer ese juramento. La última vez fue durante la campaña electoral ante cien mil personas. Durante años hicieron congresos clandestinos cada vez más numerosos, con representantes militares de todo el país. “Durante dos días hacíamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situación del país, haciendo análisis, contactos con grupos civiles, amigos. “En diez años -me dijo Chávez- llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos”.

A estas alturas del diálogo, el Presidente rió con malicia, y reveló con una sonrisa de malicia: “Bueno, siempre hemos dicho que los primeros éramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad había un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y quedó activo en el Ejército y alcanzó el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre está aquí con nosotros en este avión”. Señaló con el índice al cuarto hombre en un sillón apartado, y dijo: “¡El coronel Badull!”.

De acuerdo con la idea que el comandante Chávez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevación popular que devastó a Caracas. Solía repetir: “Napoleón dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiración del estratega”. A partir de ese pensamiento, Chávez desarrolló tres conceptos: uno, la hora histórica. El otro, el minuto estratégico. Y por fin, el segundo táctico. “Estábamos inquietos porque no queríamos irnos del Ejército”, decía Chávez. “Habíamos formado un movimiento, pero no teníamos claro para qué”. Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurrió y no estaban preparados. “Es decir –concluyó Chávez– que nos sorprendió el minuto estratégico”.

Se refería, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los más sorprendidos fue él mismo. Carlos Andrés Pérez acababa de asumir la presidencia con una votación caudalosa y era inconcebible que en veinte días sucediera algo tan grave. “Yo iba a la universidad a un posgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa”, me contó Chávez minutos antes de aterrizar en Caracas. “Entonces veo que están sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: ¿Para dónde van todos esos soldados? Porque qué sacaban los de Logística que no están entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. Así que le pregunto al coronel: ¿Para dónde va ese pocotón de gente? . Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aquí vamos. Dios mío, ¿pero qué orden les dieron?. Bueno Chávez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y él me dice: Bueno, Chávez, es una orden y ya no hay nada qué hacer. Que sea lo que Dios quiera.

Chávez dice que también él iba con mucha fiebre por un ataque de rubéola, y cuando encendió su carro vio un soldadito que venía corriendo con el casco caído, el fusil guindando y la munición desparramada. “Y entonces me paro y lo llamo”, dijo Chávez. “Y él se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 años. Y yo le pregunto: Ajá, ¿y para dónde vas tú corriendo así? No, dijo él, es que me dejó el pelotón, y allí va mi teniente en el camión. Lléveme, mi mayor, lléveme. Y yo alcanzo el camión y le pregunto al que los lleva: ¿Para dónde van? Y él me dice: Yo no sé nada. Quién va a saber, imagínese”. Chávez toma aire y casi grita ahogándose en la angustia de aquella noche terrible: “Tú sabes, a los soldados tú los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barrían las calles a bala, barrían los cerros, los barrios populares. ¡Fue un desastre! Así fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta”. “Y el instinto me dice que lo mandaron a matar”, dice Chávez. “Fue el minuto que esperábamos para actuar”. Dicho y hecho: desde aquel momento empezó a fraguarse el golpe que fracasó tres años después.

El avión aterrizó en Caracas a las tres de la mañana. Vi por la ventanilla la ciénaga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viví tres años cruciales de Venezuela que lo fueron también para mi vida. El presidente se despidió con su abrazo caribe y una invitación implícita: “Nos vemos aquí el 2 de febrero”. Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más.

 

 

Por: Gabriel García Márquez