Ayudar al pobre es ayudarse a uno mismo

Por imperativo moral. Por interés. Por estrategia. Ayudar a los países necesitados combina con frecuencia la responsabilidad ética con intereses más espurios como la política (o el egoísmo): el primer ministro británico, David Cameron, ha defendido con ardor mantener la ayuda oficial al desarrollo alegando que, si se da la espalda a determinados países, estos devolverán el desdén en forma de inmigrantes o terroristas. Un mensaje muy gráfico sobre la conveniencia —o la necesidad— de cooperar.

En un momento de recortes en la ayuda oficial al desarrollo (AOD, la que prestan los Estados), la política de cooperación española afronta su primera prueba de fuego en ocho venturosos años, en los que ha llegado a ser uno de los principales donantes de la Unión Europea y el séptimo del mundo. Gracias a esta contribución, España se ha sentado en el G-20, ha aspirado a presidir la FAO (agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura) y ha figurado entre los principales donantes del Fondo Mundial contra el Sida de la ONU.

Pero en época de crisis, ¿conviene primar la calidad? ¿Modificar objetivos o perseverar en los lazos históricos, como Francia e Inglaterra con sus excolonias o España con América Latina? La polémica desatada por las declaraciones de Bill Gates -que dedica 33.000 millones de dólares a la ayuda al desarrollo- sobre la inconveniencia de ayudar a países de renta media como Perú ha sembrado la duda sobre la oportunidad de algunas políticas. Porque la cooperación es también una de las patas de la política exterior de un país.

Definido por la crisis el contexto, cabe preguntarse si la ayuda debe ser vista más como inversión que como gasto. “Para una potencia media como España, la cooperación es una palanca de influencia a la que no puede renunciar, porque en un mundo interdependiente resolver los problemas ajenos también es resolver los propios. Cooperar es una actitud ética que también puede ser muy rentable: cómo posicionar a las empresas españolas en el sector de las renovables en América Latina y África, por ejemplo. Políticamente, estamos en el G-20 en gran medida por el esfuerzo de los últimos ocho años”, opina Gonzalo Fanjul, especialista en cooperación y coordinador del blog 3.500 millones en ELPAÍS.com.

Los recortes implican también una redefinición de objetivos, es decir, un eventual rediseño de la propia política exterior. “Si el Gobierno decide abandonar África, sería una inmoralidad, pero dentro de África debe combinar sus intereses con la obligación moral, con la responsabilidad. ¿Por qué ir a la República Centroafricana si los intereses estratégicos están en Senegal, por la emigración?”, plantea.

“Estamos en la ONU, el G-20… por haber sido buen donante”, dice un consultor

Ayudar solo o mayoritariamente a países amigos es otra de las críticas que se hacen a la cooperación al desarrollo, para algunos la más superflua de las políticas públicas en época de crisis. Francia e Inglaterra mantienen con sus excolonias una relación de dependencia —calificada por muchos de neocolonialismo— que llega al extremo de la reciente regañina de Londres a Nueva Delhi por la compra de aviones de combate Rafale (franceses), pese a haber incrementado su ayuda al gigante asiático. India, una de las potencias emergentes, con un crecimiento en torno al 9% y la mayor clase media del mundo, podría ser, a efectos de la cooperación, lo que Perú a España, por volver a la polémica de Gates: países de renta media, en teoría autosuficientes. “Pero en India hay unos niveles bestiales de desigualdad, un 40% de los niños sufren malnutrición. En el caso de Reino Unido e India hay un interés económico evidente”, explica Fanjul. “Como punto de partida, los países que deben ser objetivo de la cooperación son aquellos con los niveles más bajos de desarrollo humano, pero eso no significa abandonar a otros intermedios”.

El Gobierno ha anunciado que destinará 1.000 millones menos

Por ejemplo Perú, que Gates (y con él, el 32% de los españoles, según una encuesta de UNICEF y la Fundación Bill y Melinda Gates) propone aparcar. “Es una afirmación frívola; si uno va hoy a Lima quedará boquiabierto ante el cambio de los últimos años, pero a costa del cinturón de asentamientos que rodea la ciudad, casas sin agua potable ni condiciones de habitabilidad, ni escuelas”, opina María Teresa de Febrer, responsable de Sensibilización de la ONG Prosalus y coautora de Guía de incidencia para el derecho a la alimentación, financiada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y que la FAO utilizará como herramienta de trabajo. “La cooperación no es gratuita. El derecho a la alimentación, el agua o la salud es un derecho reconocido internacionalmente por la ONU al que el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales ha dado fuerza jurídica; es decir, hay una obligación legal por parte de los Estados de cumplirlo. Si los Estados no llegan, la cooperación internacional debe tomar cartas en el asunto. Porque los pobres no son pobres porque sí, sino porque hay una dejación de funciones de los Estados”.

¿Y qué pasa con Perú, el Perú pretendidamente autosuficiente de Gates? “No se puede obviar el papel del Estado peruano a la hora de borrar esa desigualdad. Perú ha podido llegar a un nivel de vida importante gracias en parte a la cooperación. Es una afirmación tan simplista como cuando se compara el derecho a la alimentación en África con el hambre en España: aquí hay cauces para acceder a ayudas, allí no. La cuestión no debe ser elegir entre países desarrollados o en vías de desarrollo, sino adoptar una política coherente y global”.

Dinero y política

  • En el Gobierno del Partido Popular, la anterior secretaría de Estado de Cooperación se integra en la de Iberoamérica.
  • El Consejo de Ministros aprobó en diciembre un recorte de 1.016 millones para el Ministerio de Exteriores y Cooperación.
  • La ayuda oficial al desarrollo (AOD) de España supuso en 2011 el 0,4% del PIB (unos 4.200 millones); las previsiones para 2012 la rebajan hasta el 0,25%.
  • España reanudará su contribución al Foro Mundial contra el Sida de la ONU, la iniciativa global de vacunas y el programa global para la seguridad alimentaria, suspendida desde 2011.
  • El 16% de los españoles cree que América Latina debe recibir la mayor parte de la ayuda española, según un sondeo de Unicef y la Fundación Gates.

La coherencia de las políticas de cooperación internacionales depara hoy datos tan reveladores como la reciente creación de un ministerio del ramo (sin cartera) en una Italia hundida en la crisis, o la enardecida defensa del presupuesto de su departamento, que incluye la ayuda exterior (51.500 millones de dólares en total para 2013), que la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, hizo el martes ante el Senado de su país. Frente a estos países, o a los nórdicos, que superan —algunos por ley— el 0,7% del PIB dedicado a la ayuda al desarrollo, el caso español es la nota discordante: la AOD sufrirá un recorte de mil millones de euros, según el ministro José Manuel García-Margallo en comparecencia ante la Comisión de Exteriores del Congreso el pasado 23 de febrero. Ningún portavoz del ministerio respondió a la solicitud de EL PAÍS de una entrevista.

García-Margallo ha adelantado que el Gobierno centrará sus esfuerzos en los organismos multilaterales (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, UNICEF, Onusida y Onuhábitat), pero muchos expertos critican el recorte precisamente porque supone una pérdida de presencia en el mundo. “Somos una potencia de tipo medio con presencia en la ONU, el G-20, el G-8, laOrganización Mundial del Comercio (OMC), la OCDE… En la reunión del G-8 en Italia nos invitaron a presidir una mesa sobre seguridad alimentaria precisamente porque éramos el primer donante”, explica Fernando Mudarra, consultor de cooperación internacional que ha trabajado durante 15 años para la AECID. “A todos los países esa presencia les genera información para sus tejidos empresariales e institucionales, y nosotros la vamos a perder. Si bajamos el perfil de la cooperación, estos últimos años no habrán servido para nada. Tenemos suficiente capital de cooperación y tenemos ya ganada la presencia en las instituciones [multilaterales], nos bastaría con mantenerlo”.

La posición que deje España en el mundo, apuntan los expertos, pronto será ocupada por otros (potencias emergentes; la propia China, que acaba de dotarse de un libro blanco de la cooperación y a la vez está entrando como elefante en cacharrería en África mediante la compra de tierras de cultivo…). “Italia no va a poner ni un euro, pero tiene un ministro de Cooperación. Con los recortes, y la desaparición de la secretaría de Estado de Cooperación, si España envía ahora a un subsecretario a los foros [internacionales], le recibirá un subsecretario…”.

“Es frívolo que Gates diga que olvidemos a Perú”, opina la ONG Prosalus

Mudarra ve otros dos perjuicios en los anunciados recortes. El primero, “perder la oportunidad de participar en todo ese negocio que gira alrededor de la cooperación: iniciativas de investigación, think-tanks, informes; personal colocado en instituciones internacionales…”; también, además de la cantidad, está en cuestión la calidad: “Es terrible no saber qué hacer con el dinero que queda. No es solo una cuestión económica, ser predecible y confiable es mucho más importante que actuar a impulsos, tanto para la cooperación como para la presencia internacional”.

“Lima ha cambiado a costa de un cinturón con casas sin agua potable”

España ha tenido en los últimos años un presupuesto de cooperación en torno a los 4.000 millones de euros, “un 0,43% del PIB”, dice Mudarra; con los recortes previstos, la ayuda bajará a los 3.000 millones. “La contribución española al fondo europeo de desarrollo (entre 800 y 1.000 millones) no va a poder recortarse, así que se deducirá de otras transferencias multilaterales”, continúa el consultor. De cualquiera de las 130 contribuciones a organismos internacionales que España llegó a sufragar en los años dorados de la cooperación, como el Fondo del Agua, una ambiciosa iniciativa de agua y saneamiento para América Latina, alrededor de 60 programas aprobados que están echando a andar. “Cómo vamos a dejar pasar la oportunidad de estar presentes, que se nos reconozca como autoridad en el tema… Me preocupan los bandazos: esto no es una cosa de ONG, es una cuestión institucional, por eso no es una política sustituible”.

Para Verónica Hernández, portavoz de Intermón Oxfam, los recortes en AOD suponen “pérdida de legitimidad social para el Gobierno, en un asunto que concitaba tanto consenso social; incluso en un momento de crisis como este, hemos batido el récord de ayudas de particulares para Haití y el Cuerno de África”. Más allá del clamor social, Hernández coincide con el resto de expertos consultados en las consecuencias internacionales que puede tener para España un repliegue exterior: “Los países que se disputan la primacía internacional luchan por liderar la cooperación al desarrollo, es una apuesta estratégica. España va a perder un sitio en la vanguardia. Hemos estado trabajando para presidir la FAO; España desea estar en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2015, pero un país no puede pretender estar solo un poquito en la ONU, si quiere ser creíble debe hacer muy bien los deberes”

Un analista observa: “Hay solidaridad, pero a la calle se sale por el paro”

La cooperación internacional es una política de Estado desde el pacto suscrito en 2007 “que suscita unanimidad de las fuerzas políticas”, recuerda la portavoz de Intermón. Frente a otros países del entorno, “España, que ya recortó la ayuda en 2010, va contra corriente en política interior (compromiso social) y en el exterior, donde la política de cooperación contribuye a forjar la marca España”, remacha Hernández. Tanto ha calado el mensaje que propuestas como la tasa Tobin, defendida sin descanso por ONG durante los últimos años, ha traspasado los límites de la sociedad civil para ser aupada a los centros de decisión económicos, noqueados por la crisis.

El sector cree que la ayuda privada debe ser complemento de la oficial

La cooperación es la política pública que más se ha recortado por la crisis, “en torno a un 40% entre la Administración central y las autonómicas y locales desde mayo de 2010”, apunta Hernández. Dedicar pues el 0,7% del PIB al desarrollo queda en el limbo del tijeretazo. “Iremos a otra fecha, pero pediremos un plan, suscrito por todos los partidos”.

“Hemos vendido que llegaríamos al 0,7%, pero ahora faltamos a la palabra dada. Y fuera el que pierde es el Estado, no el Gobierno”, sostiene José Ángel Sotillo, profesor de Relaciones Internacionales y director del máster en Cooperación Internacional de la Universidad Complutense de Madrid. La visión a medio y largo plazo característica de la cooperación —los frutos de la ayuda al desarrollo, pública y de ONG, tardan en madurar— puede ser sustituida por un programa a 3 o 4 años vista “que no ha medido bien en qué se recorta ni el impacto, pues eso equivale a tener muertos en muchos lugares, al deterioro de enfermedades endémicas, a que el sida vuelva a hacer más y peores estragos”. El interés geoestratégico está fuera de dudas para Sotillo. “En el mundo hay amenazas a la seguridad, y herramientas militares, diplomáticas o de ayuda al desarrollo para hacerles frente. David Cameron es muy claro al respecto”, recuerda. Claro que no todo puede atribuirse a los recortes. Sotillo alude a la denominada “fatiga de los donantes”, “al hecho de no haber sido capaces de explicar los logros… También ha habido oscilaciones en la cooperación, y ha desaparecido la demanda de parte de la ciudadanía para exigirle al Gobierno que mantenga ese compromiso; sigue existiendo el sentimiento de solidaridad, pero ahora la gente sale a la calle a protestar por el paro o la reforma del mercado laboral, no por el 0,7%”.

El enésimo elemento para el debate es el papel de la filantropía, que tutea, como Gates, a los Gobiernos, pero que, por sus propias características, es contingente; ítem más, ¿no es también la filantropía una manera nada encubierta de privatizar la ayuda que los Estados deben prestar? “La ayuda privada, como la de Gates, un día se puede acabar. Esto no es un asunto caritativo, hay que verlo como un derecho, el derecho al desarrollo. La ayuda privada debe ser un complemento a la oficial. Los Estados son los auténticos responsables, tienen una obligación; lo contrario sería asistencialismo”.

 

3 de Marzo del 2012

La ecuación matemática que causó el derrumbe del sector financiero

El mal uso del modelo Black-Scholes propició una coartada matemática para la creación de inmensos mercados financieros globales que finalmente estallaron. El matemático británico Ian Stewart explica a ‘LaVanguardia’ las bondades y los peligros de esta fórmula

(Una parte de la ecuación Black-Scholes. LV.com)

 

En 1973 los economistas Fischer Black y Myron Scholes -más tarde se les añadiría Robert C. Merton- publicaron en el Journal of Political Economy de Chicago una fórmula que ha transformado de arriba a abajo el sector financiero mundial hasta la actualidad. Se trata de la llamada ecuación Black-Scholes y se utiliza para valorar derivados financieros. Es decir, da valor a un contrato financiero vigente. Algo así como comprar y vender una apuesta en una carrera de caballos mientras los equinos todavía están en la pista.

La ecuación Black-Scholes abrió la puerta a un nuevo mundo de cada vez más complejas inversiones y propició la llegada de un mercado financiero global de proporciones mastodónticas. Todo iba de maravilla hasta que las hipotecas sub-prime aparecieron en escena y dieron por terminada la función. A partir de entonces, aquella fictícia realidad se tornó en un agujero negro de dinero inexistente, en un batacazo bancario global colosal y en una profunda crisis de la que todavía hoy se escuchan los ecos. Scholes y Merton (Black murió años antes) compartieron el Premio Nobel de Economía en 1997 por dicha fórmula.

El pasado domingo, el profesor emérito de matemáticas de la Universidad de Warwick (Reino Unido), Ian Stewart, publicó un artículo en el domincal británico The Observer que giraba en torno a las consecuencias que ha tenido el mal uso -y abuso- de dicho modelo en el sector de las finanzas. LaVanguardia.com le ha entrevistado para profundizar en estos aspectos.

¿Qué es la ecuación Black-Scholes?
La ecuación Black-Scholes se aplica a las opciones, que son acuerdos para comprar o vender una cosa a un precio específico en una fecha futura determinada. Por ejemplo, supongamos que queremos comprar un contrato de mil toneladas de trigo el 25 de septiembre de 2012 a 300 euros la tonelada.

Tomo nota
Los mercados financieros no solo establecen contratos de compra y venta a un vencimiento determinado, sino que permiten también comprar y vender esos mismos contratos antes de su vencimiento, como si fueran mercancías de pleno derecho. La gran pregunta entonces es, ¿de qué me sirve ese contrato? Si el dueño de la opción de trigo quiere vender el 11 de junio, ¿qué precio debería pedir? ¿Cuánto estaría dispuesto a pagar? La ecuación Black-Scholes especifica un determinado precio basado en el valor probable del trigo en su vencimiento. Matemáticamente, se entiende que el precio se desviará de manera aleatoria de acuerdo con el estado del mercado. El modelo calcula el precio en el que en teoría se elimina el riesgo al comprar una opción.

¿Usted cree que la ecuación Black-Scholes es la culpable de la crisis?
Si existe un único factor al que se puede culpar de la crisis financiera ese es la desregulación masiva de los mercados financieros en la era Bush-Thatcher. Aquello abrió la puerta a multitud de métodos contables dudosos y paralelamente alentó a los ejecutivos a tomar riesgos cada vez más elevados con el dinero de otras personas para su beneficio personal. Digamos que era un choque de trenes anunciado.

Entonces, ¿qué tienen que ver las matemáticas con la crisis?
Ahora lo entenderá. El crash financiero no lo causó un único factor. Dudo que nadie entienda al 100% todo lo que ocurrió. La ecuación Black-Scholes es solo uno de los muchos factores involucrados. El modelo contribuyó de una manera muy concreta: facilitó un crecimiento exagerado del mercado de opciones a lo largo de la última década de este siglo, ofreciendo precios estándar a opciones y otros derivados. Si un trader usaba la ecuación Black-Scholes y perdía dinero decían que era mala suerte, no una decisión sin apenas criterio por parte del trader. El mundo financiero se inundó de confianza. La ecuación funcionaba bien en condiciones normales de mercado, lo que alentó a los bancos a usarla. La economía mundial floreció durante un tiempo porque el mercado de opciones creció…

Y entonces…
El mercado de derivados creció a lo grande, demasiado rápido, y se perdió el control. Para empeorar las cosas, los banqueros y los traders pronto se olvidaron de las limitaciones de la ecuación, es decir, de los supuestos específicos acerca de cómo el precio de mercado es probable que cambie. Esos supuestos son demasiado simplistas en cuanto los mercados se ponen nerviosos. Se asume que los grandes cambios bruscos en el mercado son extraordinariamente poco probables. De hecho, este tipo de cambios repentinos y de gran calado que el modelo predice deberían ocurrir una vez cada un millón de años, aunque en realidad pueden suceder -y suceden- muchas veces en una semana, especialmente cuando los traders empiezan a perder los nervios y el pánico se apodera de ellos.

¿Cuál es el problema de este modelo?
Hay varios problemas. La ecuación, como cualquier otro modelo matemático que han inventado los seres humanos, se basa en suposiciones. El trabajo detrás de la elaboración de esta ecuación dejaba claro que existían unos supuestos. Todo el mundo era consciente de que dichos supuestos no siempre miden con precisión el comportamiento del mercado. Sin embargo, la ‘sabiduría popular’ estimó que las excepciones eran poco frecuentes y que existen formas de reducir o eliminar el riesgo asociado. Tal es así que se decidió usar una propiedad como garantía y nadie preguntó qué podía pasar con los valores de propiedad si el mercado se hundía.

Me suena…
Muchas de las personas que utilizaban la ecuación hicieron caso omiso a las limitaciones, algunos no se dieron cuenta siquiera de que las hubiera. De hecho, se utilizaba la ecuación como si fuera algo mágico que les podía proteger de cualquier daño. Los ejecutivos de los bancos no entendían de matemáticas y trataron al modelo Black-Scholes como si fuera el evangelio. Los analistas que sí sabían de matemáticas no entendían qué estaban haciendo sus jefes, simplemente se dedicaban entregar los informes con la suma de beneficios. Hubo falta de comunicación.

¿Se continúa usando esta fórmula hoy?
Los operadores siguen utilizando la ecuación Black-Scholes. Espero que ahora sepan apreciar los peligros, aunque no sé si el sistema bancario ha aprendido algo de todo esto al margen de cómo extraer enormes cantidades de dinero de los contribuyentes para pagar por sus errores.

Explíqueme de otras ecuaciones involucradas en el mundo financiero
Hay muchas otras ecuaciones y modelos matemáticos para diferentes tipos de instrumentos financieros, tales como los derivados, que son un poco como las opciones, pero más complicadas. Estos modelos pueden ser, y en muchos casos son, incluso menos fiables que la ecuación Black-Scholes. El sector financiero ha construido un sistema que proporciona grandes beneficios cuando funciona pero que es tremendamente inestable cuando deja de hacerlo. Es como fabricar coches que van a la velocidad del sonido pero no tienen volante ni frenos. Cuando la cosa funciona, todo el mundo llega a su destino a una velocidad increíble aunque no hace falta ser un genio para prever que será un peligro y que en algún momento dado se producirá un choque masivo.

Tal y como lo cuenta parece que todo el sistema financiero es una ficción matemática que afecta a la vida real y a la gente real
Estoy de acuerdo. Muchas cosas que son vitales para nuestras vidas son ficciones similares. El sistema financiero es una construcción humana compartida. La raíz de todo esto es el concepto de dinero. El dinero tiene valor, porque todos estamos de acuerdo en que tiene valor. Si cambiáramos de opinión mañana y nos negáramos a aceptarlo, el dinero se convertiría en algo inútil. El sector financiero ha construido un edificio enorme y complejo basado en el dinero, y muchas de las inestabilidades se producen porque el dinero puede ser hoy transferido de inmediato a la otra punta del mundo, algo que no se puede hacer con los coches o las vacas. El mundo virtual del dinero le ha ganado al mundo real de los coches y las vacas. Ningún ingeniero volvería a construir algo tan inestable… o a tener el derecho legal para hacerlo.

¿La economía mundial necesita más matemáticas?
Déjeme decirle primero que no fueron las matemáticas las que causaron el daño. La ecuación Black-Scholes ha sido solo un factor, y de hecho ha funcionado bien y sus supuestos continúan siendo válidos. Fue el abuso de las matemáticas las que ayudaron a desencadenar la crisis, junto con una docena de otras razones: los banqueros cegados por la codicia que prestaron dinero a personas que nunca podrían pagar, la gente que tomó prestado el dinero y que sabía que no podría pagar, los ministros del Gobierno que no se detuvieron ni un instante para preguntarse en qué se basaba toda aquella prosperidad económica…

(…)
El abandono por completo de las matemáticas no es una opción viable. El sistema es demasiado complejo para ser ejecutado mediante el sistema de ensayo error, los presentimientos o lo que le dicte a uno el corazón. Los traders y los banqueros a menudo piensan que tienen un instinto especial para los mercados, pero se auto-engañan. Los estudios demuestran que un mono tomando decisiones al azar lo hace tan bien como ellos en los mercados. Así que debemos utilizar un enfoque más científico, aunque solo sea para comprender la naturaleza de los mercados y por qué son inestables, algo que nos permitirá rediseñarlos, imponer regulaciones sensatas, etcétera. Los actuales modelos matemáticos no representan la realidad de manera adecuada, un objetivo debe ser el desarrollo de mejores modelos. Otro tiene que ser reeducar a los banqueros acerca de las peligrosas inestabilidades del sistema que han construido.

¿Es cierto que debido a los fundamentos del propio sistema financiero es más probable que perturbaciones como las actuales se repitan en periodos más cortos en el futuro?
A menos que cambie drásticamente, sí. Es evidente si nos fijamos en el historial de los últimos 20 años. En 2007 el sistema financiero internacional negociaba derivados por valor de un cuatrillón de dólares al año. Esto es diez veces el valor total, ajustado a la inflación, de todos los productos fabricados por las industrias manufactureras del mundo durante el último siglo. Y todo empezó a finales de 1990. Esto demuestra que la economía virtual de derivados es mucho mayor que la real de bienes y servicios. Las finanzas viven en una nube en el país de Nunca Jamás. Esto nos lleva a burbujas especulativas a punto de estallar y que costarán a millones de personas sus puestos de trabajo, sus hogares, sus matrimonios, sus pensiones y sus ahorros.

¿Y qué sugiere?
El principal objetivo del sector financiero en este momento es hacer cada vez más dinero y cada vez más rápido. El precio que se paga por ganar dinero muy rápido y en grandes cantidades es la inestabilidad masiva. También se puede perder muy rápido y en cantidades incluso mayores. A menos que se realicen cambios drásticos y fundamentales en el sistema en su conjunto el gran impacto que viene será mucho peor. De hecho, en la distancia, ahora estamos en el comienzo de la próxima crisis, y la crisis ha ido más allá de los bancos y afecta a naciones enteras. Los buitres están recogiendo ahora de las naciones, una a una. Grecia es la que toca este mes, ¿cuál será la próxima?

(El profesor emérito de matemáticas de la Universidad de Warwick, en Reino Unido, Ian Stewart University of Warwick)

 

* Por MÀRIUS FORT “La Vanguardia”. 17 Febrero del 2012

El profesor Ian Stewart ha escrito recientemente el libro 17 Equations That Changed the World